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Todas las benditas decisiones: opinión de la última parte de Everlasting Wound

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Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo....


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Argumento de Todas las benditas decisiones

Después de la terrible pelea con la que la relación de Rebeka y Gary se rompió definitivamente, Rebeka decide irse a Hannover para lamerse las heridas. Allí, en compañía de su hermano Roberto, su mujer Verena y un grupo de alemanes realmente divertidos, intentará superar su ruptura y seguir adelante sin Gary. Para ayudarla está Daniel: un joven alemán con la apariencia de un dios nórdico y la responsabilidad del chico ideal.

Don Perfecto y Rebeka pronto encuentran consuelo el uno en el otro pero… ¿será suficiente Daniel para borrar a Gary de la mente de Rebeka? Y… ¿será capaz de sobrevivir Everlasting Wound a esta definitiva ruptura?

La profunda documentación de May Boeken sorprende desde la primera página

En Todas las benditas decisiones al igual que en Todas las malditas decisiones sorprende la documentación con la que May ha enfrentado esta obra. Al igual que otros libros de romance como No vas a darte por vencido ¿verdad? la autora opta por mover el escenario de España a un país extranjero. No es fácil hacer esto y contextualizar la vida de los personajes secundarios sin informarte profundamente sobre sus estilos de vida allí y es más difícil de lo que parece captar las pequeñas sutilezas que solo conoce la gente que ha pasado varios meses conviviendo con gente de otro país.

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Para mi suerte, resulta que yo sí que estuve viviendo casi un año en Alemania. Resulta muy complicado conocer a los alemanes de la forma en la que May los describe: lo férrenos e impermeables que parecen por fuera y la complicación añadida que tienen a la hora de mostrar sus sentimientos en público de forma deshinibida (ojo, no digo que todos sean así, nunca es bueno generalizar) y aún así Daniel es la materialización completa del típico alemán que puedes conocer.

Seguía sentada con la boca abierta, babeando y mirando fijamente a Daniel, cuando de pronto dejó de estirar para echarse el agua del botellín por la cabeza. Haciendo que disfrutar de las vistas se elevara a un nivel porno. Tenía que estar haciéndolo queriendo. Ach du Scheiße! Hice un cálculo rápido; si le saltaba al cuello, él necesitaría aproximadamente diez segundos para tenerme esposada contra el suelo. Y no exactamente para disfrute de ambos.

El conocimiento de la cultura germana de May Boeken se deja traslucir por pequeños detalles, como que se aprieten los pulgares o que se miren profundamente a los ojos al brindar) que contribuyen a darle un toque de realismo a la obra y al contexto y que le arrebatarán una sonrisa a cualquiera que conozca un poco de las culturas alemanas o norirlandesas que se tocan en la novela.

No quiero ni pensar qué tipo de vuelo les va a dar a los de la aerolínea, porque tenía toda la pinta de necesitar un buen lingotazo. Ya conoces el dicho: Dios inventó el whisky para que los irlandeses no dominen el mundo…

En ese sentido, May Boeken pasa por encima por las manifestaciones del conflicto político del norte de Irlanda, aporta continuamente referencias musicales de ambos países y crea todo un entramado de costumbres y detalles que ella misma se encarga de confirmar como reales en el epílogo de la obra.

Sí, al parecer es canon querer abofetear a la protagonista (atención spoilers)

Ya conocíamos los estúpidos cambios emocionales de Rebeka y su profundo temor a comprometerse con nadie, pero en esta novela sus cambios de opinión llegan hasta el punto de convertirse en alguien sumamente odiable, y esto está hecho a propósito.  

La evolución de los personajes en esta novela está limitada únicamente a Rebeka y a Gary. Se confirmarán los villanos y los enemigos, se reafirmarán los personajes positivos para la vida de Rebeka y por fin se cerrarán las tramas emocionales de todos ellos. Por su parte, Rebeka y Gary tendrán que aprender a explorar sus propios sentimientos y emociones y a enfrentarse a todo aquello que les impide ser feliz.  

Sin embargo, Rebeka, más que entender que no puede huir continuamente y ceder el poder sobre su voluntad a otras personas, se limita a aceptar cualquier requisito que Gary le ponga frente a ella. No fue Rebeka la que decidió tomar el avión a Ámsterdam, sino que tuvo que ser Anna continuamente, luego su madre en el hospital y por último el propio Daniel los que le dijeron que tenía que luchar por Gary. ¿Eso quiere decir que Rebeka ha madurado por fin o que simplemente se ha dejado llevar de nuevo por la corriente hasta él?

Ahí estaba de nuevo el lado más odioso de mi persona: la Rebeka egoísta y superficial que había gestionado todo lo relacionado con Gary como una niñata inmadura. [...] Daniel merecía algo mejor que yo, eso lo tenía claro, pero como todavía no se había dado cuenta, tenía la oportunidad de hacer méritos para que no lo descubriera.

Por su parte, Gary decide tomarse las cosas con un poderoso escepticismo. No cree que Rebeka haya vuelto de viva voluntad y continuamente muestra que teme que ella salga corriendo y coja un avión, hasta el último momento. Muchas lectoras comentan que este Gary no es el mismo que el del primer libro, y es posible que sea así. El nuevo Gary, sobrio, se impone una gran cantidad de limitaciones con la intención de mantener el control sobre sí mismo y como tal, no se lanza de cabeza a la sencilla reconciliación que le ofrece a Rebeka.

Estaba claro que de los dos Gary siempre había sido el más maduro de los dos, pero en Todas las benditas decisiones eso queda más que claro.

May Boeken remata la historia al gusto de sus lectoras, con un final potente y al uso del género.

Es raro encontrarse con una novela de romance que no acabe en boda y, a ser posible, los dos pequeños angelitos corriendo alrededor de la pareja feliz. En el caso de Todas las benditas decisiones, Gary y Rebeka acabarán simplemente casándose: ella de color burdeos y él con una camisa satinada.  

Un final del todo tradicional en una novela que se centra continuamente en hacer esperar a sus lectoras y poner la guinda del pastel lejos del alcance de las ojos de las jóvenes hambrientas de drama y emociones: la relacion con Daniel se cobra con dos besos tontos y sin ninguna consumación, el reencuentro con Gary son cuatro gritos perlados en un hospital y su relación se mantiene célibe hasta prácticamente el final de la obra.

Eso sí, el padre de Rebeka vive, los malos son apresados por la policía y ella se casa y tiene su final feliz. Con la adorable presencia del ex-alemán incluida.

Mi opinión sobre Todas las benditas decisiones

Todas las benditas decisiones tiene el final perfecto para Todas las malditas decisiones. Pero he de confesar que eché un poco de menos a la verdadera May Boeken y la sensualidad potente y descabellada que exudaba Todas las malditas decisiones desde el principio.

Quizás es porque realmente la parte de Alemania no me aportó demasiado al argumento y se me antojó un poco de relleno para la poderosa historia que May había creado. En una novela de este tipo, era evidente que Rebeka se quedaría al final con Gary, su hombre predestinado. Y es que en las novelas del género de romance erótico, el chico con el que se queda la protagonista no es el que le conviene, sino el que es capaz de hacer que se le aflojen las piernas.

Al ya saber que de una forma u otra Gary y Rebeka volverían juntos, el tiempo que pasaron Rebeka y Daniel jugando a las casitas me frustraba y me desesperaba lentamente. Especialmente cuando me di cuenta de que ella no se iba a acostar con Daniel (manteniéndose de una forma más “fiel” a Gary para su reencuentro). Cuando se anunció que su padre iba a morir, ya podía preveer el argumento: Gary se presenta allí, ella se vuelve con Daniel, se da cuenta de que no le quiere y por fin da el paso para encontrarse con Gary de nuevo.

Fui ligeramente consciente de que el doctor se había largado, y de que mi madre y Ana se nos habían pegado como dos lapas pedorras que nos observaban divertidas. como si nos encontráramos en la escena final de una novela romántica y hubiera perdices correteando
por el pasillo, ajenas al hecho de que la situación estaba condenada a írseme de las manos de un momento a otro. Me hallaba en una situación límite: a un tris de tirarlo al suelo de un placaje, abofetearlo mientras lo besaba y arrancarle la ropa con los dientes. Eso, echando mano de toda la cordura que me quedaba.
—¿Qué haces aquí? —repetí, intentando contener mis inoportunos instintos cavernícolas de apareamiento y recuperando el control sobre mi mirada, que se centró en su inofensiva oreja izquierda.
—Me han echado del último bar. ¿Tú qué crees?

A pesar del hecho de que lo vi predecible, me volvió a sorprender la magia con la que May escribe las escenas cuando Gary y Rebeka están juntos y que vuelven a redondear una relación realmente inolvidable en el género. De golpe, cuando ambos están juntos, volví a desear seguir leyendo sin parar aunque prácticamente dos tercios del tiempo que pasan juntos lo hacen debatiendo acerca de sus sentimientos, ignorando el elefante en la habitación: que Gary es un alcohólico y que necesita seguir a rajatabla ciertos pasos para no caer de nuevo en la bebida.

Bufé mosqueada. Él se encogió de hombros con inocencia.
—Perdón. continúa, por favor.
—Por muy perfecto que sea, y por mucho que haya intentado que lo fuera todo para mí, ha sido imposible. Me entristece el daño que le he podido provocar… Me gustaba mucho, pero no con la intensidad que sé que puedo llegar a sentir. No me temblaban las piernas, no perdía el aliento, no me quedaba anonadada mirando sus ojos o jugueteando con los dedos de sus manos. —Hice una pausa tratando de ordenar las ideas—. No eras tú.

Entendería que alguna lectora amante del sexo y la pasión que desborda Todas las malditas decisiones se tirase de los pelos con Todas las benditas decisiones, porque May Boeken te hará esperar hasta el final de la novela para consumar por fin el amor de la pareja o hacerles simplemente darse un beso.

A pesar de ello está claro que es un gran final para la novela. Y que no se nos olvidará tan fácilmente la magia que desprendió en su día en nuestras manos, Everlasting Wound.


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La Insomne

Jefa de redacción y fundadora de Momoko.es

Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo. Doy clase de diseño, subo vídeos a Youtube, trabajo de jefa de proyectos en @pululart y escribo artículos para @mundogamers y @gameit_es. Momoko es mi pequeño proyecto y lo quiero con todo mi corazón.


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Sobre May Boeken

May Boeken es vasca de nacimiento y de corazón, apasionada de la lectura romántica y especialista en marketing de profesión. Debutó en el mundo editorial con la bilogía Everlasting Wound con Phoebe Romántica, la primera parte de la cual fue nominada a Mejor Novela New Adult Nacional en los Premios Rincón Romántico 2018). En su tiempo libre, además de gritar y cantar rock a todo volumen, participa en el podcast Gintonizadas con otras autoras del género romántico. 

LIBRO
Portada libro - Todas las benditas decisiones
Después de la ruptura con Gary, Rebeka se refugia en casa de su hermano en Hallerburg, Alemania, para reorientar su vida e intentar olvidar cuanto antes al rockero norirlandés. Se siente perdida, herida y cabreada. Lo echa mucho de menos, pero se niega a recular e intentar arreglar las cosas con él. A base de juergas en el Rocco’s ?un peculiar bar ilegal?, los cuestionables consejos de su amiga...
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