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Todas las malditas decisiones: Everlasting Wound I

Autor: May Boeken
Rebeka, veinteañera y bilbaína, odia las despedidas de soltera, pero muy a su pesar se encuentra en Londres celebrando una. Mientras lamenta su suerte en la barra de un bar, conoce a Gary, norirlandés treintañero, quien se presenta a sí mismo como una estrella del rock. Tras una noche de risas, cervezas y chupitos, Rebeka se despierta en casa de Gary. Y menuda sorpresa cuando descubre que no solo es una estrella del rock: es el cantante y fundador de Everlasting Wound, uno de los grupos con más tirón del momento. De vuelta en Bilbao, Rebeka trata de retomar su rutina en la universidad, con su exnovio, que es bastante capullo, con su amiga Ana, que reparte consejos poco ortodoxos, y con un Gary que no la va a dejar escapar. Y es que hay parejas que cocinan las relaciones a fuego lento, y hay otras que se consumen desde el primer día. Pero los monstruos de la fama, el pasado y el futuro van a hacer que las ochocientas cincuenta millas que separan Londres de Bilbao sean el menor de sus problemas…

Lo más leído del libro

Todas las malditas decisiones es la novela de romance feminista que tienes que leer

Todas las malditas decisiones: Everlasting Wound I pertenece a la saga 'Everlasting Wound'

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Everlasting Wound

2 tomos - Saga completa

Rebeka es una chica alocada y divertida que se va a Londres para celebrar la despedida de soltera de una de sus amigas.

Portada libro - Todas las malditas decisiones: Everlasting Wound I
#1 | Todas las malditas decisiones: Everlasting Wound I
Portada libro - Todas las benditas decisiones
#2 | Todas las benditas decisiones
Todas las malditas decisiones es la novela de romance feminista que tienes que leer
—Haciendo gala de mis filtros también ausentes —hizo una reverencia con la mano—, quiero decirte que algún día escribiré una canción sobre lo borracha que estabas cuando te besé por primera vez, y cómo fuiste incapaz de detenerme. Memoricé la expresión lujuriosa de su cara para recrearme a solas en otro momento. —Describiré el brillo de tu mirada mientras me voy acercando a tu boca. —Posó sus labios en los míos suavemente como probándome. Yo cerré los ojos para disfrutar aquel instante—. Será acústica y empezará con un solo de guitarra…

—¿Estás «en esos días» o qué coño te pasa? Alex tenía un doctorado en dar por saco, y le encantaba alardear de él. Pero aquel día no estaba segura de tener la suficiente paciencia para aguantarlo.

—Me sorprende que sepas su nombre. Al menos te tomaste la molestia de preguntárselo —afirmó con rencor, y yo lo fulminé con la mirada—. Recuerdo haberlos visto tocando hace unos años, pero poco más. ¿Estás segura de que es el cantante? —Sí, efectivamente. —Asentí mecánicamente. —En un bar a oscuras, de juerga…, un tío puede soltarte cualquier mentira con tal de meterse en tus bragas, y tú eres bastante crédula y fácil. Espero que no estés confundida.

—Hay algo en tu tono que no me gusta un pelo. ¿Quieres cabrearme? Ambos sabemos que no. Así que deja de hacerte la tonta y no me provoques.

—Gracias, Beck’s, me alegra escuchar eso. No todas mis conquistas conservan una opinión demasiado buena sobre mí, pero yo hablo de todas ellas bien en mis canciones.

—Estabas locamente enamorada, y a veces es como ponerte una venda e ir caminando por la calle comiéndote todas las farolas: una hostia tras otra, pero sigues caminando para llegar a casa.

May Boeken

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