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NOTA: 9.5

Rendirse al diablo, el libro más divertido que he leído este año

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Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo. Do...


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Imágen destacada - Rendirse al diablo, el libro más divertido que he leído este año

Elizabeth O’Roark llega por primera vez a España de la mano de Phoebe Romántica en lo que la misma editorial ha definido como «el epítome del tropo #MyBossIsASexyBastard». Este tipo de libros que tanta popularidad le han granjeado a la editorial y que tienen como referente otras obras como Negocios o placer (K. I. Lynn, 2022) o El ejecutivo (K.I. Lynn, 2021) explotan la relación entre una empleada con mucho carácter y un jefe eficiente, frío y muy atractivo. 

Sin embargo, Rendirse al diablo es especial en todos los sentidos de la palabra. El libro me acompañó en un vuelo de tres horas y no lo solté ni siquiera cuando llegué a mi destino. Por primera vez en mucho tiempo me he encontrado uno de esos libros capaces de hacerte llorar y reír en el transcurso de dos o tres páginas, con toda la energía de una buena comedia y los momentos justos de erotismo. 

Hoy os hablo de Rendirse al diablo, una obra romántica con varias capas de profundidad. 

Argumento de Rendirse al diablo 

Cuando Jonathan le plantea a Tali la posibilidad de trabajar durante seis semanas para el cirujano plástico más rico, sexy y mujeriego de la ciudad, a esta se le tuerce el gesto. Al fin y al cabo, Hayes protagoniza las portadas de revistas del corazón más de una vez y va dejando detrás de él una línea de corazones rotos. 

Lo que está claro es que necesita el dinero, y que, por mucho que se niegue a reconocerlo, es posible que ese hombre guapo, medio alcohólico y con una mirada intensa, sea mejor persona de lo que parece. Pronto, la animadversión que Hayes y Tali sienten el uno por el otro se irá convirtiendo en algo más que una salvaje atracción. 

Rendirse al diablo, una historia de opuestos 

Rendirse al diablo comienza como cualquier otra obra romántica del estilo: chico gay con pareja le pide a su amiga, una joven infracualificada y con una horrible mala suerte, que le sustituya como asistente de un sexy pero imbécil jefe. Sin embargo, pronto te darás cuenta de que el libro esconde muchísima más complejidad a diferentes niveles que otras obras como El luchador. 

Para empezar, debido al maravilloso carácter de Tali y Hayes, los cuales le confieren a la obra en las primeras doscientas páginas de una dosis de humor tan brillante y sarcástico que no he podido parar de reírme como una desquiciada yo sola en el asiento del avión. Tali es un personaje magníficamente bien construido que se aleja enormemente del prototipo de protagonista romántica: en ni un solo momento de la novela la autora se para innecesariamente para describir su físico privilegiado, su cabello bendito o su belleza en las primeras páginas, lo cual no hace más que acrecentar esa sensación de “ella es la elegida”. Sin embargo, Elizabeth O’Roark nos muestra a una joven con el corazón roto, incapaz de superar una horrible ruptura con el novio con el que llevaba desde el instituto, sin dinero y con un contrato de un libro cuya fecha de entrega se acerca peligrosamente y a la que no puede hacer frente. Tali no cae rendida inmediatamente frente a la descarada belleza de Hayes ni tampoco se deja embaucar por sus trucos desde el primer segundo, ofreciéndonos de esta forma algo refrescante en el género: la ausencia de una atracción animal desde el primer momento frente a dos individuos inteligentes que van calando el uno en el otro. 

Tali está en una situación absolutamente devastadora: no puede hacerle frente a sus deudas ni su hipoteca, tiene un trabajo mediocre, su familia es un auténtico desastre y, por si fuera poco, es incapaz de realizar un ejercicio de introspección para darse cuenta de que su ruptura con Matt es lo que bloquea su novela.  

De esta forma, pronto nos daremos cuenta de que nos encontramos frente a un personaje muy completo y muy bien construido: es culta, tiene un proyecto propio, cuenta con una enorme cantidad de defectos y su familia no le sirve como punto de apoyo. A pesar de todo ello, Tali tiene amor propio: al comienzo de la novela cuando Jonathan, su amigo, le pide que le sustituya, a pesar de estar desesperada por conseguir dinero, exige saber las condiciones de antemano antes de lanzarse ciegamente a esta aventura. 

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—¿Y de qué me encargaría? —pregunto, apoyándome en el respaldo de la silla. La pregunta es una mera formalidad. Dada mi situación financiera, en este momento no estoy en disposición de decir que no a nada—. Supongo que, como estamos hablando de Hayes, debe tratarse de algo relacionado con el tráfico de personas o de heroína. 

Tali es fascinante y divertida, y sus salidas de tono, especialmente al comienzo de la obra en la que está continuamente picando a Hayes o reaccionando a sus comentarios, son de lo más divertido que he leído nunca. Este tipo de dinámica entre ellos se perderá cuando explote el romance y tengan que enfrentarse a sus sentimientos, y aunque es cierto que he echado de menos en el último tercio de la novela sus piques, sus reacciones son coherentes frente al conflicto presentado. 

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—Me dijo que su sustituta se llamaba Natalia —replica, tras un sonoro suspiro—. No que fuera su amiga, la camarera. 

Pronuncia «camarera» como si fuera un sinónimo de «racista» o de «pedófilo». Creo que cualquiera que beba tanto como él debería tenerle más respeto a mi profesión. 

La antítesis entre Matt y Hayes 

Desde el primer momento, la novela presenta la imagen antagónica de Matt y Hayes como el bien y el mal escondido. O, en otras palabras, la figura del lobo con piel de cordero. El primer capítulo ya nos da una pista sobre las dos figuras amorosas en la vida de Tali: Matt, encantador y sonriente al que todo el mundo tiene por un gran chico; y Hayes al cual no aguanta ni su madre.  

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Preferiría escuchar qué era lo que yo había hecho mal, que me dijera cuáles eran las señales que indicaban que Matt me iba a fallar como lo hizo, pero incluso ahora, lo único que se puede decir sobre mi exnovio es «Pero si era un gran tipo…»

Matt aparece como el príncipe de brillante armadura de los cuentos: sin una cicatriz o marca de batalla encima, encantador hasta límites insospechados y el típico tío en el que cualquiera puede contar. Con tal histórico detrás y sabiendo que fue el compañero romántico de Tali por más de diez años, es fácil verlo como una especie de ángel que se enfrentará al diablo por la chica al final. Sin embargo, aunque Tali no nos confiesa qué ocurrió hasta más adelante, pronto te darás cuenta de que Matt esconde algo mucho más oscuro de lo que parece. Por el contrario, Hayes, cruel, frío y conquistador de mujeres a pares, tiene un fondo y una historia que en seguida comprenderemos que está detrás de una coraza emocional que se ha creado para poder sobrevivir en un mundo de gente traicionera y cruel. 

La evolución de los personajes en Rendirse al diablo

Algo simplemente genial del libro es la forma con la que Elizabeth O’Roark hace evolucionar a los personajes desde la primera página. Alejándose de este efecto de match instantáneo que encontramos a menudo en el género, tanto Hayes como Tali están perfectamente perfilados desde el primer momento y su progreso se va haciendo patente en pequeños detalles: cómo Hayes empieza a tomarse los batidos de verduras de su asistente o cómo empieza a solicitarle que le acompañe al balcón a comer. 

Poco a poco, su horrible coraza emocional va dando paso a una vulnerabilidad del todo coherente con sus backstories y con su pasado, especialmente porque la familia de Tali es un auténtico desastre: tras la muerte de su padre, su madre se dio a la bebida hasta el punto de volverse alcohólica, su hermana pequeña acaba ingresada en un psiquiátrico tras intentar quitarse la vida y la mayor está obsesionada con quedarse embarazada por segunda vez.  

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[...] creo que la mitad de la vida de un adulto se dedica a fingir que todo va bien cuando en realidad no es así. 

Sin embargo, Tali está completamente volcada en el proyecto de la escritura de su libro de fantasía, para el cual recibió un anticipo y que le bloquea a todos los niveles. Por si no quedara claro para la lectora, el avance en la relación y la evolución de los personajes también se puede ver en la forma con la que Tali reescribe su novela, introduciendo a un personaje malvado del cual poco a poco se enamora la protagonista y haciendo que los conflictos y la trama vayan encajando con la historia de la propia protagonista. 

La tensión sexual entre Hayes y Tali al mismo tiempo se mantiene in crescendo desde el principio de la obra. Sin llegar a ser un #enemiestolovers, al comienzo de su relación los dos están continuamente atacándose, mientras el popular cirujano plástico le echa en cara a su sustituta y asistente ser una moralista de narices. 

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—Ya veo que una noche contigo tiene que ser agotadora —replico mientras él se levanta—. Apuesto a que no dices «por favor» ni «gracias» ni una sola vez. 

—Exacto, porque los hombres que dicen «por favor» y gracias» durante el sexo suelen denominarse «clientes». 

Mi opinión sobre Rendirse al diablo 

Creo que la reseña transmite todo lo que disfruté y me gustó Rendirse al diablo. Y es que Elizabeth O’Roark es una auténtica revelación capaz de plantear un personaje masculino sexy y distante sin necesidad de caer en tropos machistas; y Tali es una encantadora y divertidísima conductora de la trama cuya inteligencia y humor es más que suficiente para engancharte a la lectura. 

La obra no cae en tropos aburridos en los que él muestra su posesividad o en los que ella es venerada por una belleza natural de la que no es consciente mientras que introduce a suficientes personajes secundarios y dramas familiares como para hacer la trama realista. La construcción de los personajes es deliciosa, la escena del cunnilingus es espectacular y toda la trama en general va in crescendo de manera que no quieres que se acabe.  

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—De verdad que estás muy callada hoy —afirma—. No creo que me hayas regañado ni una sola vez durante los últimos quince minutos, y eso es todo un récord. ¿Qué hiciste anoche? 

Los ojos se me cierran. Dios, lo que daría por poder acostarme ahora mismo. 

—Me masturbé como loca viendo pelis de Jane Austen. 

—Bien hecho —contesta—. Nunca antes había tenido una erección y se me había pasado en lo que cuesta decir solo una frase.

Es cierto que, acostumbrada a leer a Whitney G., las escenas de sexo se me hicieron algo cortas en algún momento, pero eso es probablemente porque estoy acostumbrada a leer capítulos enteros de pasión desenfrenada y esta novela se centra más en otros aspectos de la trama. 

Lo que está claro es que la novela me ha aportado momentos de gran dureza, de lágrimas desenfrenadas y de muchísimas carcajadas. Hayes y Tali son sin lugar a dudas de mis parejas románticas favoritas. Es refrescante y conmovedor leer a voces de la romántica capaces de construir novelas tan completas y bien construidas y sobre todo, de imprimirles una personalidad única como esta. 

Así que ya veis, yo también me he rendido al diablo. Y lo peor es que lo he hecho con una sonrisa de oreja a oreja en la cara. 

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