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El luchador de Chelle Bliss: opinión de una obra que calienta el fuego

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Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo....


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Chelle Bliss, la autora detrás de El tatuador y una de las elecciones transocenánicas del sello Phoebe Romántica, acaba de ver cómo otra de sus obras se traduce al español. El luchador, traducida por María José Losada, es una novelita corta de fuerte contenido erótico y romántico donde la autora no se pierde en subterfugios y vuelve a esgrimir su tono gamberro de siempre para generar una obra cargada en olores y sensaciones donde la sinestesia literaria está a la orden del día.

Argumento de El luchador

Mike Gallo solo sueña con una cosa: convertirse en la próxima gran estrella de las artes marciales. Las peleas profesionales han sido siempre su pasión y lo han empujado cada mañana a las tres de la madrugada a entrenar sin descanso antes de pasar a cumplir con su turno en la tienda de tatuajes que regenta con sus hermanos.

Sin embargo su vida cambiará cuando un día choca por accidente con una chica guapísima en el gimnasio. Pronto comprenderá que ha dado de frente con la doctora que lo atendió tras una virulenta pelea meses atrás y que esta chica tiene tanta confianza en sí misma que lo vuelve completamente loco.

Desde ese momento Mike hará lo que sea para conquistar a Mia: una doctora que no entrará fácilmente en su juego y que carga sobre sus hombros con más de un problema.

Sobre la estructura de El luchador

El luchador es la, llamemos, segunda parte de una serie de novelas escritas por Chelle Bliss alrededor de la familia de los Gallo. Tal y como es habitual en el género, la autora explota las historias personales de todos los personajes secundarios posibles para generar un universo coherente alrededor de las vidas de cada uno de ellos y al mismo aplicar un poco de economía literaria romántica: no hace falta entrar en detalles sobre sus amigos y su familia si ya te lo han explicado antes.

Esto le permite centrarse en los highlights de la novela: cómo se conocen los protagonistas, cómo uno conquista a otro, los baches que tienen que superar y, sobre todo, los momentos de puro y descarado sexo, que Chelle Bliss describe con la maestría que la caracteriza. Estas obras, de rápido consumo, sencilla construcción y acalorado disfrute, son siempre autoconclusivas, de forma que cualquier apasionada lectora pueda empezar por la que más le apetezca en cada momento. En ese sentido, la editorial, como siempre, ha acertado al escoger portadas, tipografías y elementos decorativos uniformes para toda la saga de forma que se conciban como un "todo global" y no como la continuación de algo que exige cierto compromiso de lectura previa.

El luchador, por tanto, se parece mucho a su hermano mayor, El tatuador, pero son novelas diferentes con elementos en común como la familia del protagonista masculino o el perfil de las chicas que acaban con los sementales Gallo: siempre niñas de buena familia, con la lengua afilada, de un perfil socio-económico alto que ven en ellos una tentación irresistible al más puro estilo de John Travolta.

En ese sentido Chelle Bliss no se complica a la hora de crear situaciones inimaginables para presentar a los personajes y generar una tensión paulatina: desde el primer momento en el que se ven Mike y Mia ya saltan chispas y así nos lo hace ver la autora empleando metáforas sobre corrientes eléctricas o simplemente haciendo que los personajes tonteen de una foma muy sexual desde la página cuatro, que es cuando Mike la conoce con motivo de una visita a urgencias:

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—No, a menos que me estuviera defendiendo. —Retiró las manos y recogió el gráfico de la mesa que había junto a la camilla.

—Bueno, me estaba defendiendo de esa rodilla. —Me reí—. Ay, joder...

—¿Ha ganado? —Arqueó las cejas y ladeó la cabeza, mirándome con los labios separados.

Quise acercarla a mi cuerpo y meterle la lengua en la boca. Enseñarle cómo hace las cosas un hombre de verdad. Mi fuerza no solo era buena en el ring, también serviría para sujetarla contra la pared y follar con ella sin apenas esfuerzo.

Mia, por tanto, cede a sus impulsos y aunque al principio de la obra trate a Mike siempre de "usted" y mantenga la distancia, poco a poco sucumbe a los encantos de El luchador y acaba revelando la que es, sin duda, su verdadera naturaleza.

Una novela gamberra y traviesa que no se para en subterfugios.

Chelle Bliss no se pierde con el romanticismo previo de los personajes, sino que va directa al plano más sexual posible. La autora se aprovecha de la sinestesia literaria para hablar perpetuamente de olores y de sensaciones basadas en el tacto que animen a las lectoras y las enganchen desde el primer momento. La novela, planteada desde ambos puntos de vista de los protagonistas (Mike y Mia), escala en tensión sexual desde el primer momento y objetiviza tanto a los hombres como a las mujeres para generar una sensación de lectura similar a la de ver una película triple "x". Para ello, no se corta a la hora de crear un lenguaje agresivo y directo acompañado de personajes deshinbidos y sin filtros que arrancan más de una sonrisa y que generan la tensión perfecta en cada momento.

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—He estado entrenando duro en el gimnasio. Esta año pienso ponerme un bikini aunque eso me mate. —Chasqueó los dedos llamando la atención del camarero y pidió dos copas más—. ¿No os parece delicioso? —preguntó Sarah, observanco cómo el chico se movía en el reducido espacio—. Me lo pienso llevar a casa de regalo.

Mike Gallo es el típico chico malo de película de los 90: tiene un coche con el que exhibe su fuerza; se pasea por todas partes marcando su territorio y es celoso en momentos puntuales; pero también increíblemente romántico cuando una menos se lo espera.

A diferencia de otras autoras de la editorial como Whitney G., el fuerte de Chelle Bliss no destaca en la construcción de personajes, los cuales son bastante estereotipados, sino en los momentos de gran romanticismo que es capaz de crear cuando una menos se lo espera, y en la rapidez y agilidad de los capítulos. De esta forma, veremos cómo Mike Gallo pasa de ser un hombre incompleto y disciplinado en el perfecto caballero que anima a que Mia salga de su zona de confort, funciona como arnés de seguridad y al mismo tiempo le abre las puertas a una vida picante que merece la pena vivir.

Y es que al igual que la protagonista de El tatuador, Mia es una joven de buena familia y algo modosita que ha permanecido la mayor parte de su vida reprimida por su entorno. Esto ha generado en ella un deseo irresistible por ser "traviesa" o "mala", por ponerse en riesgo sin temerle a las posibles consecuencias de sus acciones. Ahí entra en juego Mike Gallo, el cual con sus hombros anchos (hay una importante correlación entre sentirse segura y que el protagonista masculino tenga la espalda como un armario), la saca de su zona de confort y la cuida continuamente.

Mi opinión sobre El luchador

La increíble tensión sexual que hay entre Mia y Mike es patente desde las primeras páginas de la novela, pero no será hasta que avancemos un poquito más en la trama que nos demos cuenta de que el romanticismo entre ambos estalla de una forma única. Y es que los niveles de erotismo animal que maneja Chelle Bliss no dejan a nadie indiferente. Para ello, la autora juega continuamente con citas y terminología que apelan a los instintos más primarios del lector: el olor de Mia y él y sobre todo, muchas analogías con comida que equiparan a Mike Gallo a un buen filete y a ella a un producto de repostería dulce y blandita.

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—Hueles como una magdalena. —Me relamí los labios, y en ese momento me sentí un poco más asqueroso.

La obra, aunque arranca quizás de una forma precipitada, tienen momentos muy buenos y de gran intensidad. Es genial ver escenas cargadas de romance y cómo, de una forma que no te esperarías en un primer momento, Mia y Mike llegan a sorprenderte en una obra que parece muy cliché pero que se reserva varios ases en la manga.

Seguramente Phoebe Romántica seguirá publicando más novelas sobre la familia Gallo. Y está claro que yo no voy a perdérmelas.

Fotografía de portada cedida por Phoebe Romántica

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