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La estirpe de Lilith, opinión de la trilogía Xenogénesis de Octavia Butler

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Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo. Do...


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Imágen destacada - La estirpe de Lilith, opinión de la trilogía Xenogénesis de Octavia Butler

Han pasado más de treinta años desde que la trilogía Xenogénesis de Octavia Butler llegase a España cargada de ideas absolutamente transgresoras sobre identidad, género y humanismo. Treinta años que solo sirvieron para que la autora, sobresaliente en todas sus publicaciones, se consolidase como una de las voces más potentes de la historia de la ciencia ficción.

Ahora, gracias a una edición integral con una portada alternativa de Nova, tenemos la oportunidad de asomarnos a esta pequeña ventana escrita hace tanto y que sin embargo predice de una forma dramática y potente nuestro futuro: el de las contradicciones humanas, de nuestra inevitable tendencia a destruirnos a nosotros mismos, de nuestra obsesiva arrogancia al considerar a la humanidad superior a cualquier raza.

Esta es una revolucionaria historia que habla de identidad de género, el racismo latente en los seres humanos y las segundas oportunidades. Bienvenidos a La estirpe de Lilith.

Argumento de La estirpe de Lilith

Litith Iyapo está cansada de despertarse en una celda vacía y ser interrogada por una voz anónima que proviene de alguna parte del techo. Durante meses ha pasado por un calvario interno recordando la gran guerra que llevó a la destrucción a la Tierra, dejando a los seres humanos sin esperanza ni rendición posibles.

Ahora, encerrada en esta celda, pasa su tiempo haciendo ejercicio e intentando, por todos los medios, no volverse loca. Esto es antes de descubrir que sus captores son en realidad una raza alienígena con pinta de humanoides con tentáculos llamados los oankali. Los oankali tienen un plan que proponerle a Lilith y al puñado de supervivientes que han retenido en su nave en órbita: si aceptan, los devolverán a la tierra y podrán empezar de nuevo sobre un planeta modificado genéticamente donde la radioactividad y otros desechos nucleares de la Gran Guerra han desaparecido para siempre, pero a cambio los humanos tendrán que ceder su material genético para crear una raza híbrida más fuerte y resistente.

Lilith ha sido la elegida para transmitirle el acuerdo de los oankali al resto de los hombres, pero está claro que no todos ellos se fiarán de una raza tan diferente ni estarán dispuestos a vender a la humanidad al mejor postor espacial.

La estirpe de Lilith: conflicto y estructura

La estirpe de Lilith es una obra absolutamente fascinante dividida en tres libros que Nova ha reeditado en un único y cómodo volumen de casi mil páginas. Cada una de las tres obras cuenta con un narrador diferente en primera persona que nos acompaña en una secuencia lineal temporal a lo largo de la historia de la presentación de los oankali y transporte de los humanos a la Tierra, la aparición de los primeros constructos oankali-humano en un entorno de conflicto terrestre y, por último, la migración a Marte.

Así, el primer libro se centrará en presentarnos a Lilith Iyapo, una mujer flexible y con una personalidad bastante moldeable que acaba convirtiéndose en la secretaria general para los humanos de los oankali. Lilith será precisamente la que nos guíe a lo largo de las diferentes reacciones y sensaciones que sentirán los humanos cuando vean o se les presenten a los aliens. Y es que la obra se apoya y pivota alrededor de dos conceptos muy claros: el de la humanidad y la contradicción.

Los oankali, seres capaces de comprender el adn de las criaturas con las que interactúan, salvan a los seres humanos de la destrucción a pesar del hecho de que eso va en contra de sus reglas, porque estos tienen algo absolutamente irresistible para ellos: una gran inteligencia, la capacidad de mutar sus células y un poder latente maravilloso que los hombres tienden a desperdiciar sumergidos en un permanente estado de conflicto.

Lilith Iyapo Xenogenesis de Octavia Butler
Lilith Iyapo, la protagonista de Xenogenesis, se encuentra dividida entre su deseo de sobrevivir y su atracción por los oankali 
Los oankali son vegetarianos, lo que impulsa a a Liilth y el resto de los supervivientes a tener que reinventar su dieta. 

Así es como Octavia Butler resume uno de los puntos más dolorosos de la naturaleza humana: algo que nos domina en nuestro día a día y que provoca que parezcamos obsesionados con la búsqueda de una fórmula mágica que nos entregue la felicidad.

La idea del conflicto inherente a nuestra naturaleza se va reforzando a lo largo de las diferentes novelas. Desde el mismo origen y punto de partida de la obra (el ser humano ha acabado destruyéndose no solo a sí mismo sino también al planeta que habitó por una serie de guerras absurdas) sino sobre todo a lo largo de la relación de los humanos con los oankali.

La Gran Guerra de Amanecer está inspirada en la Guerra Fría

Es más que evidente que La Gran Guerra a la que se hace referencia al comienzo del primer libro, Amanecer, está inspirada en el conflicto entre los EEUU y Rusia durante la Guerra Fría. En aquellos años, la amenaza nuclear era uno de los puntos más candentes y preocupantes para la sociedad: la posibilidad de que un conflicto armado acabase con la vida en el planeta tal y como la conocemos era una posible realidad tan plausible que, cómo no, influyó enormemente en la producción literaria y cultural del momento.

No es de extrañar por tanto que durante los 80, como una respuesta a las tensiones políticas y la realidad social del momento, se disparase la producción de distopías literarias. Así fue como nacieron libros como El cuento de la criada (*Margaret Atwood, 1986), Neuromante (William Gibson. 1984) o Los juegos de Ender (Orson Scott Card, 1985). Y, cómo no, serán estos los años que acojan la publicación de las tres partes que componen la trilogía Xenogénesis de Octavia Butler: Amanecer (1987), Ritos adultos (1988) e Imago (1989).

Esta Guerra Fría, la tensión política y social y el miedo que se había estancado en el interior del cuerpo de los seres humanos fue lo que empujó a la autora a la hora de crear su obra. En una entrevista que conceció a Charles Brown en el 2000, Octavia Butler confirmó esta sospecha sobre la influencia que tuvo el clima internacional a la hora de concebir su libro.

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"Estaba bastante desesperada cuando empecé los libros de Xenogénesis. Esto fue durante la primera administración de Reagan, cuando el tipo hablaba de guerras nucleares 'ganables', guerras nucleares 'limitadas' y todo eso. Me asustó que eligiéramos a alguien que hablaba de esa manera. ¿Y si lo decía en serio?”.

La capacidad de la población de escoger y elegir a un gobernante que hablaba de la destrucción de la humanidad con esa ligereza hizo que la autora se preguntase si habría algo inherente mal, complejo y autodestructivo dentro de la naturaleza humana. Es ahí cuando decide crear una novela en la que el determinismo biológico sea para los humanos una condena de la que no pueden escapar, destinado a provocar la extinción de nuestra raza.

Oankali, racismo y determinismo en la novela

La estirpe de Lilith comienza introduciéndonos a una fascinante raza alienígena con todo un complejo microcosmos interno: los oankali. Los oankali son, sin lugar a dudas, seres más avanzados, más perfectos y comprensivos que los humanos. Desde un primer momento, demuestran tal despliegue de paciencia, empatía y capacidad para comprender, calmar y sanar a los humanos, que sería más que lógico que los vean como una divinidad. Sin embargo, a pesar de haberles salvado de la muerte, haber reconstruido su planeta y ofrecerles una vida desprovista de cualquier enfermedad y molestia, más larga y duradera y con capacidades intelectuales y físicas mejoradas, estos los ven como una amenaza.

Hay algo desquiciante e irracional en el comportamiento de la mayor parte de los seres humanos alrededor de los oankali, de los que desconfían sistemáticamente, llegando a reaccionar con violencia en más de una ocasión.

Interpretación de los oanli de Xenogenesis
Interpretación de los oanli de Xenogenesis

Los humanos simplemente no se fían de los extraterrestres. Para ellos, cualquier cosa que no puedan comprender, como la capacidad de los oankali de mejorarlos o sanar sus enfermedades, es en realidad una amenaza en potencia de la que deben protegerse. La idea de que sus captores, que los han mantenido en la más estricta de las ignorancias y completamente apartados mientras recopilaban datos sobre ellos, puedan llegar a ser un ente benigno, queda absolutamente descartada por la totalidad del gran abanico de personajes que tiene la trilogía.

Ni Lilith Iyapo, la protagonista y claramente la principal aliada de los oankali, ni mucho menos las personas a las que despierta y que la acompañan, llegan a aceptar por completo a los oankali por muchos beneficios que obtengan del acuerdo comercial con ellos. A lo largo de la trilogía veremos cómo cualquier ser, ya sea mezcla entre humanos y oankali como puramente humano, están en perpetuo conflicto, incapaces de alcanzar la pacífica y tranquila felicidad de la que goza el resto de los oankali.

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La había enfurecido, en sus Despertares más recientes, haber llegado a sentir gratitud hacia sus mutiladores en algunos momentos por haberla dejado dormir durante lo que quiera que le hubiesen hecho y por haberlo realizado lo suficientemente bien como para ahorrarle cualquier dolor o incapacidad posterior.

Pronto la obra se convierte en una horripilante distopía cuando vemos cómo el conflicto interno humano, dirigido por su propia biología y destinado a la propia extinción, lleva a los hombres y las mujeres a realizar verdaderas barbaridades en cuanto tienen algo de libertad. Frente a la posibilidad de empezar de nuevo, construir un mundo idílico basado en el entendimiento y prosperar, los seres humanos se empecinan en mantenerse independientes de los oankali y empiezan a exterminarse entre ellos, demasiado ignorantes y obtusos como para creer lo que los extraterrestres les dicen aunque tengan pruebas de ello.

¿Era eso hacia lo que se dirigía? ¿Inseminación artificial forzada? ¿Maternidad subrogada? ¿Fármacos para la fertilidad y «donaciones» forzadas de óvulos? Implantación de óvulos fertilizados ajenos. Retirada de los bebés de las madres al nacer… Los humanos se lo habían hecho a reproductoras cautivas, todo por un bien mayor, por supuesto.

La ignorancia humana queda patente a lo largo de las tres novelas, demostrando que para la autora, somos una raza cabezota, tozuda y obtusa hasta las últimas consecuencias. De esta forma veremos cómo un grupo de humanos deciden autodemonimarse como “resistentes” y vivir alejados de los oankali, obsesionados por conseguir su propia descendencia humana a pesar de saber que los extraterrestres les han dejado estériles (no pueden tener descendencia entre sí, pero sí si hay un oankali de por medio). Esto les lleva a tal estado de rabia que acusan a los aliens de prácticamente cualquier mal, centrados en los defectos de la raza extraterrestre y pasando por alto el robo de niños, mutilación de los hijos de oankali y humana para hacer que sus tentáculos desaparezcan, guerras entre ciudades, violación y, cómo no, esclavitud sexual que ellos mismos perpetúan.

Octavia Butler sentencia de esta forma la esencia misma de la humanidad haciendo una correlación entre el racismo ignorante y violento que se da actualmente entre nosotros y el desprecio que en la novela sienten los hombres por cualquier cosa que tenga que ver con un extraterrestre. Además, nos recuerda, al igual que hizo anteriormente William Golding en El señor de las moscas que, de darles la oportunidad a los humanos, estos volverán a violar, esclavizar sexualmente a las mujeres y destruirse los unos a los otros ya que es su propia biología la que los impulsa a ello.

Lilith Iyapo con su hijo
Interpretación de Lilith Iyapo y su hijo 

Perspectiva de género y la gran contradicción humana: por qué La estirpe de Lilith es tan relevante

Tal y como he anticipado anteriormente, queda claro que La estirpe de Lilith es una obra compleja y apasionante que trata temas sin duda fascinantes desde una perspectiva novedosa. Pero lo que la hace realmente relevante y diferenciadora es la forma con la que Octavia Butler, a finales de los 80, fue capaz de plasmar ideas tan modernas como la identidad de género, el género fluído o el concepto de poliamor y familia multitudinaria.

La trilogía Xenogénesis es uno de los grandes representantes de lo que se ha denominado afrofuturismo: esto es, un subgénero en la ciencia ficción en el que los protagonistas son africanos o afro-americanos. En su momento ya fue revolucionario el hecho de que Lilith Iyapo, la portavoz humana de los oankali, fuera una mujer de piel negra ya que, tal y como luego reivindicaría N.K. Jemisin en el prólogo de La ciudad que nació grandiosa (2018. Nova Editorial), visibiliza y muestra cómo las personas procedentes de África o de piel oscura pueden ser relevantes y protagonistas de historias magníficas.

Sin embargo, Xenogénesis no se queda ahí. A través de los oankali, Octavia Butler nos presenta una sociedad alienígena en la que los infantes y adolescentes no tienen un género definido y se les demonina, de forma neutral, eka. Será en el momento de su desarrollo adulto cuando decidan si serán entes masculinos, femeninos o totalmente neutros, a los que llaman ooloi. Los ooloi son, sin lugar a dudas, los entes más poderosos dentro de los oankali: son los únicos capaces de comprender el adn de las especies a un nivel de detalle casi molecular, así como de modificar a los humanos para solucionar enfermedades genéticas graves.

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—Nikanj no es de sexo masculino —dijo—, es ooloi.

—Sí, lo sé. Pero ¿a ti no te parece un macho?

Pensó en ello.

—No, supongo que he aceptado su palabra respecto a lo que son.

—Cuando me despertaron, pensé que los ooloi actuaban como hombres y mujeres, mientras que los machos y las hembras se comportaban como eunucos. Nunca he perdido la costumbre de pensar en los ooloi como machos o hembras.

Esa, pensó Lilith, era una forma de pensar propia de un necio para alguien que había decidido pasar su vida entre los oankali.

Las familias oankali se organizan en unidades de tres: un macho, una hembra y un ooloi necesario para mediar entre ambos, tomar decisiones y participar en el coito y el proceso de fertilización de la hembra. Cuando los humanos se suman a la ecuación, las familias de los oankali se amplían hasta cinco individuos al incluir al hombre y la mujer humanas.

Lo especialmente revelador de este libro es cómo plantea una unidad familiar compuesta por diferentes individuos, en los que no hay una “madre” o “padre” únicos que cuiden a las criaturas y donde cada uno puede acudir al progenitor de su preferencia en diferentes momentos de su vida, sino que además trata de una forma simplemente brillante para el momento la identidad de género. Los oankali comprenden y aterrizan de una forma maravillosa el hecho de que dentro de un individuo haya tanto un lado masculino como uno femenino y otro neutro, explicando cómo la imposición de un género en un niño o eka puede trastornarle profundamente e impedir que se desarrolle correctamente.

¿Cómo iban a aprender las criaturas a comprender su propio lado masculino humano, una faceta que todas tenían, sin importar su posible sexo?

La estirpe de Lilith ¿merece la pena?

La estirpe de Lilith tiene un arranque y un planteamiento absolutamente sublime. La obra destaca a la hora de transmitirnos la incertidumbre de Lilith al despertar en un lugar completamente desconocido, capturada y atrapada por una raza que no llega a comprender ni con la que puede empatizar.

A partir de los primeros capítulos de Amanecer la obra va in crescendo conforme te presenta la compleja anatomía y composición de los oankali. Y es que Octavia Butler demuestra ser increíblemente talentosa a la hora de construir una raza alienígena que se aleja de los estereotipos planteados hasta el momento. Los oankali se comunican a través de hormonas y olores, son sensibles al cambio y su estructura social resulta fascinante desde el primer momento. Así, la pasión de Lilith Iyapo en la obra por la antropología se convierte realmente en una referencia a uno de los pilares del libro, ya que Amanecer es el cebo perfecto para los amantes de la ciencia ficción en su versión más sociológica.

Así, esta soft-science fiction se vuelve con cada página más interesante ya que plantea una gran cantidad de puntos de tensión e inflexión entre los oankali y los humanos: ¿cómo reaccionará Lilith Iyapo a su primer contacto con un oolai? ¿Quiénes son los diferentes supervivientes de la nave y cómo reaccionarán a su destino como seres pensados para criar una nueva raza híbrida? ¿Qué ocurrirá cuando lleguen a la Tierra y empiecen a nacer los primeros niños mestizos?

La obra promete una atmósfera simplemente magnífica de violencia al crear un abanico de personajes muy versátil al que le entregan un libre albedrío controlado en una tierra que deben aprender a cuidar y reconquistar. Así, la autora nos introduce a Tate: una mujer famosa por ser brillante pero aburrirse rápidamente de las cosas que no le suponen un desafío (clásico diagnóstico de un TDA); a Gabe, un actor tan brillante como para despistar a los propios oankali sobre la veracidad de lo que cuenta; o incluso a Curt, un policía obsesionado con cuidar a los demás.

Desafortunadamente estas características propias de los personajes secundarios desaparecen a partir de la segunda obra, Ritos De Madurez, donde tanto Tate como Gaquedan reducidos a parte del grupo llamados los “resistentes” que odian de manera visceral e irreflexiva cualquier cosa que se aproxime a un oankali.

La estirpe de Lilith de Octavia E. Butler por Momoko

Así, Ritos de Madurez y la última parte de la novela, Imago, pierden ese maravilloso componente de novedad y continúan la trama introduciéndote a nuevos personajes que le permite a la autora examinar la contradicción humana mezclada con el ADN y las capacidades oankali. En lugar de seguir expandiendo el universo o generar conflictos que amplíen las habilidades oankali o que demuestren que los humanos son más complejos de lo que parecería, estas dos últimas partes de la obra de Octavia E. Butler simplifican enormemente las reacciones de los humanos supervivientes y falla a la hora de proveernos de más información sobre los desafíos a los que sin duda deben enfrentarse tales como el establecimiento de un sistema político para gobernarse (especialmente porque los oankali insisten a menudo en el componente “jerárquico” innato de los humanos), la dificultad para encontrar recursos, los problemas a la hora de desarrollar tecnología básica (sabiendo que los oankali han destruido cualquier documento o acceso a información previo a la Gran Guerra) y los cambios sociales que se tienen que dar innevitablemente en estas sociedades.

En lugar de eso, la autora apuesta por seguir explorando el concepto de la tozudez humana, obsesionados por la autodestrucción y la preservación de una humanidad condenada a la extinción a través de tres personajes clave: Tino, un ex-resistente que se va de su pueblo por su deseo de tener descendencia y dos construidos hijos de humana-oankali capaces de entender ambos lados de su naturaleza. Y aunque es una pena que de alguna forma la trilogía pierda fuerza en sus últimas páginas, es cierto que solamente el argumento y el planteamiento de los oankali es tan fascinante como para que merezca enormemente la pena darle una oportunidad a este libro.

En conclusión, La estirpe de Lilith es una obra con un planteamiento de la vida extraterrestre absolutamente magistral que sin lugar a dudas merece la pena leer y que te marca de una forma extraña, sutil y sublime. Después de comprender la visión de los oankali, es inevitable que veas la contradicción humana en todas partes. Al fin y al cabo ¿qué somos más allá de nuestros conflictos?

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