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El idioma de la noche o qué opinaba Úrsula K. Le Guin sobre la fantasía y la ciencia ficción

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Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo....


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Imágen destacada - El idioma de la noche o qué opinaba Úrsula K. Le Guin sobre la fantasía y la ciencia ficción

¿Por qué los boomers y parte de la generación X no se toman en serio la fantasía como género literario? ¿Quiénes son los precursores de las obras de dragones y mazmorras, hadas, duendes y héroes a caballo que enarbolan su espada frente a inimaginables peligros? ¿Es la ciencia ficción realmente machista? Ediciones Gigamesh ha publicado como parte de su colección Gigamesh Breve un pequeño volumen que condensa en su interior un grupo de ensayos y artículos escritos por Úrsula K. Le Guin. En ellos, la gran autora de fantasía y ciencia ficción reflexiona sobre el mercado actual, la importancia de los críticos literarios, el machismo inherente a ciertas obras y otra serie de males que rodean sus géneros literarios favoritos. 

El librito, traducido por Ana Quijada e Irene Vida, se publicó originalmente en 1979. Impreso en tapa dura, con una tipografía amplia y una portada diseñada por Alejandro Terán donde retrata a la autora con un dragón rojo, El idioma de la noche se posiciona como una ventana a la sabiduría de una autora que cambió el panorama literario y que hoy en día todavía suscita comentarios de alabanza. Sus ensayos, de diferente longitud, arrojan una verdad y una clarividencia impactante para el año en el que fue escrito de manera que sus comentarios e ideas a menudo se pueden extrapolar a nuestra época sin demasiadas dificultades. 

La fantasía y la ciencia ficción: un género plagado de parásitos

Úrsula K. Le Guin no les llama parásitos exactamente, pero sí que guarda un término específico para todos aquellos autores e historias que son burdas copias e imitaciones de otros novelistas de mayor calibre. Ella llama a estos libros “historias ambientadas en Poughkeepsie”, o lo que es lo mismo: obras sin alma ni corazón. 

A lo largo de sus diferentes escritos, Úrsula K. Le Guin arremete contra un modelo editorial que no se tomaba en aquella época en serio el género de la fantasía y la ciencia ficción por considerarlo demasiado banal. En uno de sus ensayos, la autora reflexiona sobre cómo la herencia del puritanismo, tan obsesionado con la productividad y la generación de riqueza, ha provocado que las obras de fantasía y ciencia ficción se consideren géneros infantiles o poco serios. Esta situación, que indigna de forma comprensible a la autora, la ha llevado a tener que buscar obras detrás de las cajas polvorientas de las bibliotecas en la sección juvenil. 

A lo largo de sus diferentes artículos, la autora reflexiona sobre si la fantasía y la ciencia ficción son por tanto necesarios, si son géneros escapistas y si por tanto tienen algún tipo de valor para la sociedad contemporánea.  

Todos estos ensayos están englobados, como es obvio, en el período histórico en el que se escribieron (finales del S.XX). Así, los artículos nos dan una vista privilegiada de la opinión de una de las grandes voces de la literatura de fantasía que vivió y escribió en una época previa al boom que provocó la obra de Tolkien. Una época en la que muy pocos leían y escribían ciencia ficción. 

El despertar del letargo del género no hizo más que abrir la veda para que obras de todo tipo de calidades y estilos penetraran en el mercado. Estos son los libros que Úrsula K. Le Guin denomina de “Poughkeepsie”: obras que no cuentan con un halo de originalidad, cuya imaginación se basa simplemente en recrear historias de otros autores más brillantes y que son fagocitadas por un mercado ávido de novedades. De esta forma, la autora realiza una aguda y certera advertencia sobre aquellos escritores mediocres que publican obras sin ton ni son, aceptadas por un público generalista que los adora durante poco tiempo y por un mercado editorial que solo se fija en las ventas. Para ella, no hay nada mejor que un buen crítico literario: paladín de las buenas obras y costumbres que obliga a los escritores a esforzarse cada vez más. 

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Pero, si un novelista serio no anuncia esta visión como su impulso central, o bien está plegándose a un público imaginario del pueblo llano, o bien, en la polémica del propósito moral, social o formal, ha olvidado qué lo inspiró de verdad. Todo el mundo repite el tópico de que la novela es una metáfora extendida, pero demasiados pocos, quizá insisten en que la metáfora lo es todo y que la extensión es solo el medio de expresarla.

Asimismo, a lo largo de los diferentes artículos y ensayos incluidos en El idioma de la noche, Úrsula arremete también contra los escritores que no son novelistas, empleando para ello a la emblemática figura de la Sra. Brown de Virginia Wolf; mientras que ensalza a Lord Dunsdany, Tolkien y otros grandes autores clásicos a los que considera directos, llanos y maestros de su oficio (ahí Úrsula y yo discrepamos enormemente, ya que nunca describiría a Tolkien como un autor ‘directo y llano’ y creo que el valle descrito en seis páginas de El señor de los anillos está de acuerdo conmigo en que ni era rápido ni era fácil de leer). 

Un libro por y para escritores de ciencia ficción

Aunque El idioma de la noche tiene su valía académica ya que nos otorga una visión privilegiada de una de las grandes voces del género en un momento definitivo en la historia para el mismo, está claro que la mayor parte de los artículos de Le Guin se dirigen a colegas escritores. Al tratarse de una recopilación de escritos, prólogos, discursos y ensayos las ideas de Le Guin pueden hacerse por momentos repetitivas, ya que las postula siempre desde la misma óptica. A esto hay que sumarle que, inevitablemente el estilo de la autora es increíblemente romántico y etéreo y habla del acercamiento del escritor al argumento, género o personajes no desde una visión constructiva y empírica basada en técnicas y herramientas sino desde el más puro y apasionado corazón. 

Para la autora la escritura de novelas de fantasía o de ciencia ficción es extremadamente más compleja que la de cualquier otro género ya que depende única y exclusivamente de la imaginación del autor. No existe documentación posible ni investigación palpable con la que poder llegar a construir una trama, sino que bajo la premisa de escritura de la propia autora los personajes deben presentarse al autor como en un sueño y este es el que debe estar a a la altura como para construir un argumento a su alrededor. De esta forma, Úrsula crítica a menudo a grandes obras como 1984  de George Orwell o Un mundo feliz de Aldous Huxley ya que para ella carecen de una buena construcción de personajes. Así, la autora de El idioma de la noche explica que en la ciencia ficción los seres humanos son tratados a menudo como simples herramientas conductuales para hablar de un universo distópico o ficticio en lugar de ser los verdaderos pilares de la narración. 

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Que ninguna otra modalidad de prosa, para mí, puede compararse con la novela. Que, si no podemos atrapar a la señora Brown siquiera un instante, todas las naves preciosas más rápidas que la luz, toda la ironía, la imaginación, el conocimiento y la inventiva son en vano; ya podemos escribir folletos o tebeos, para el caso, porque nunca seremos verdaderos artistas.

Machismo en la ciencia ficción y la fantasía 

De esta manera, varios de los relatos de la autora recogen reflexiones sobre la posición de las mujeres en la ciencia ficción, el machismo en el mundo editorial o incluso replanteamientos que se ha hecho en el futuro sobre sus propias obras, el proceso de construcción que siguió y los errores que cometió al principio. 

Y es que ahora, en retrospectiva, la autora se da cuenta de la gran cantidad de elementos machistas que tenían sus primeras obras. A través de un discurso constructivo, esta habla primero de su irresponsabilidad en el momento a la hora de no darle ninguna importancia al género de sus personajes, mientras que anima al resto de autores a hacer lo mismo y a no ser complacientes con las ideas de la época en la que viven.

Al fin y al cabo, las voces de la literatura de género no deberían refugiarse en argumentos trillados ni héroes que salvan a princesas. No importa cómo cambies el entorno: si un autor no es honesto con lo que realmente quiere, difícilmente llegará a ninguna parte. 

Fotografía que compartí en Instagram leyendo ‘El idioma de la noche’. Si te gusta lo ve que ves, hay mucho más aquí. 

Mi opinión sobre El idioma de la noche 

El idioma de la noche arranca de una forma maravillosa, y tanto los colores de su portada como la brillantez de la voz de su autora son capaces de deslumbrar a cualquier habitual lector de obras académicas de escritura. Sin embargo, poco a poco las ideas de Le Guin se van repitiendo una y otra vez, debido sin lugar a dudas a que en el fondo, este librito es una recopilación de diferentes escritos en los que intentaba hacer escuchar sus opiniones al máximo público posible. 

Esto, no os voy a mentir, ralentiza la lectura de estas pequeñas páginas que Gigamesh ha tenido el gran acierto de publicar en un formato de bolsillo, tapa dura y con tipografía grande para evitar la saturación de conceptos.  

Asimismo, es importante recalcar que este librito está dirigido o bien a los amantes de las obras de fantasía clásica, y por tanto de los libros de Úrsula K. Le Guin (como los Cuentos de Terramar), o a los escritores que buscan algún tipo de orientación, guía o camino. Y es que una gran parte del núcleo del libro se nutre de reflexiones de la autora sobre su propia obra, la construcción de su worldbuilding o la forma en la que los personajes se le aparecían en la cabeza; mientras que la otra mitad (especialmente el principio y el final) hablaban de ideas y conceptos relativos al género de fantasía y ciencia ficción.  

Es precisamente por eso por lo que es tan difícil valorar esta obra: sin haber leído Cuentos de Terramar ¿podría uno comprender enteramente los ejemplos de Úrsula? Y… si jamás te has atrevido a escribir nada dentro del género, ¿son sus indicaciones suficientemente románticas y apasionadas como para seguir leyendo? Por mi parte, está claro que Úrsula me ha abierto los ojos a muchos temas y que he aprendido enormemente con sus artículos, pero recomiendo cautela, una lectura pausada y distendida y una selección muy certera de a quién va dirigida. 

Al fin y al cabo, no todos somos capaces de ver los dragones que pinta la autora, pero quizás ahora estoy más próxima a comprenderlos.

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