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NOTA: 8

Dinero a mansalva, reseña de la segunda parte de la saga de Húmedo von Mustachen

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Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo....


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Imágen destacada - Dinero a mansalva, reseña de la segunda parte de la saga de Húmedo von Mustachen

Dinero a mansalva es la segunda parte de la subsaga de Húmedo von Mustachen ubicada dentro de la colección de Mundodisco. Tras los dramáticos sucesos ocurridos en Cartas en el asunto, Terry Pratchett vuelve a colocar a nuestro timador en una situación en la que su vida depende del ingenio y la labia que le eche en cada momento. Y es que no hay nada más ilógico y demencial que poner a un ladrón de bancos a dirigir la casa de la moneda de Ankh-Morpok… ¿verdad? 

Argumento de Dinero a Mansalva 

Húmedo von Mustachen se aburre. Sus días se han vuelto completamente rutinarios desde que todo está bajo control en la oficina de correos . Su vida necesita acción, drama, peligro….¡algo que le haga sentir que está al borde del acantilado! Sin embargo, las cosas cambiarán para siempre cuando Cuchi Espléndido, la presidenta del banco y la casa real de la moneda, le deja a cargo de todo. 

Ahora Húmedo tendrá que conseguir dirigir un banco, mantener vivo un perro, salvarse de los que quieren exponer su horrible pasado y esquivar a los que quieren matarle. No será fácil y está claro que el hecho de que el interior del banco se encuentre lleno de chalados no le ayudará en nada en absoluto. Al menos su adorable prometida, la señorita Adora Belle Buencorazón, está de viaje, porque nada podría empeorar más la situación que una horda de gólems descontrolados. ¿No es así? 

La rutina de un funcionario a un pícaro de nada le sirve

Dinero a mansalva es una magnífica continuación de la saga de Húmedo von Mustachen. Lo que en un primer momento podría haber sido un tropo repetitivo (Húmedo se encuentra con una institución vieja y desvencijada la cual revoluciona con sus ideas de cantamañanas), funciona a todos los niveles gracias, una vez más, a la maestría del propio autor. 

Así, Terry nos presenta a un personaje creativo e inteligente que se siente atrapado en la rutina aburrida del funcionario que tiene su vida solucionada. Crear es fascinante para Húmedo, pero “mantener” las cosas que levanta está convirtiéndolo en un ser aburrido y cómodo que ha perdido por completo la chispa. De esta forma es fácil identificarse con el protagonista y extrapolar sus dudas ante la golosa oferta de Lord Vetinari para dirigir el banco a cualquier decisión que se nos ponga delante en la vida: una oferta de trabajo que parece demasiado buena para ser cierta, la compra de una casa, etc.  

Húmedo se siente cómodo y a salvo en su vida y va trampeando su descontento con pequeñas “acciones criminales” que le hacen mantener la chispa de su vida. Será en el momento en el que se haga cargo del banco a través del apoderado de Don Tiquismiquis (un chucho corriente capricho de una anciana moribunda) cuando vuelva a desatar su genio como creativo publicitario. Porque Húmedo no es otra cosa más que un genial vendedor con muchas ideas descabelladas basadas en pálpitos y emociones. Así, en un genial juego argumental que parece extraído de los relatos de locos emperadores romanos que nombran senador a sus caballos, Húmedo se hace con el control del banco. 

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Era triste, como esos hombres de negocios que van al trabajo con ropa seria pero llevan corbatas pintorescas en un loco intento desesperado de demostrar que allí dentro, en alguna parte, reside un espíritu libre

El libro ofrece varios paralelismos que permiten generar una sensación de familiaridad y que provocan un puente argumental entre Cartas en el asunto y Dinero a mansalva. Así, donde en una novela nos presentaban al excéntrico Maestro Cartero Ardite, un hombre que siente devoción por su trabajo, en este nos muestran el Sr. Doblado: un loco con una pasión igualmente comparable por los números. También contaremos con cierta equivalencia entre Mimitos, el gato de correos, y Don Tiquismiquis, el perro de la señora Espléndido. Ambos se muestran como una suerte de alivio cómico para los momentos más tensos de la trama, demostrando que en un mundo de tiranos, ahorcamientos espontáneos y corrupción desmedida, Pratchett se aferra a la idea de que en realidad, nada es para tomárselo en serio. Así, el mayor villano de la obra no es más que un hombre loco del que sus propios empleados se aprovechan, mientras que Vetinari, similar a un dios menor (misterioso, adorado, incomprendido, omnisapiente y todopoderoso), maneja a los peones de su ciudad con la calma de un experto estratega. 

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Era un sueño, pero a Húmedo se le daba bien vender sueños. Y si podía vendérsele el sueño a la gente suficiente, nadie se atrevería a despertar. 

Y así, Dinero a mansalva se convierte una vez más en una sátira del mundo real, donde el nepotismo domina la banca y los menos cualificados se convierten en los gobernantes del mundo a golpe de talón.  Y es que el libro en sí mismo es de nuevo una crítica a la moneda, la burocracia y las instituciones más arcaicas del capitalismo más simplón y grotesco. Húmedo, un publicista anacrónico ubicado en plena ciudad de fantasía, encontrará la forma, de nuevo, de elevar una discusión y un problema tan sencillo como la ausencia de oro a la venta de un sueño, un concepto y simplemente un copy publicitario que pitcheará a los medios de comunicación.  

Mientras Húmedo se ve envuelto en verdaderos problemas y peligros, la ciudad no deja de respirar. Dinero a mansalva aprovechará la enorme cantidad de tramas abiertas para presentarnos de nuevo Ankh-Morpok como un ente vivo. Así, tendremos la oportunidad de ver a personajes de otras sagas, como el sargento Zanahoria de Guardias, guardias, a La Muerte de la saga de Mort y El segador; o incluso al joven vendedor de salchichas chisporroteantes que sale también en la obra La verdad. 

Lord Vetinari en la adaptación cinematográfica 'El color de la magia'  

¿Quiénes somos? La identidad de género y el respeto por los ladrones 

El pivote y la trama alrededor de la que gira todo el libro no es, aunque pudiera parecer, la dinamización del banco o la liberación de los gólems, sino la búsqueda de la identidad de Húmedo von Mustachen. Alrededor de la imagen de Cribbins, un ladrón con el que trabajó Albert Relumbrón, Pratchett hace girar toda la trama planteándose qué ocurriría si todos supieran que Húmedo no es más que un timador que se salvó de la soga. 

En ese sentido el joven y dinámico director de correos se preguntará desde el comienzo de la obra quién es realmente, qué es lo que quiere y cuáles serían las consecuencias de perseguir sus verdaderas pasiones ahora que no tiene un gólem gigante a su alrededor.  

El cinismo de Húmedo empapa de nuevo una obra que, aunque no es tan sobresaliente como Cartas en el asunto, contiene varias citas que la hacen geniales: desde la descripción de la finalidad detrás de las inmensas construcciones que son los bancos, a menudo forjadas a imagen y semejanza de los templos (por las causas más obvias), hasta la manera en la que da por sentado la existencia de ciertos dioses que solo se manifiestan cuando los hombres hacen todo el trabajo. 

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¿Por qué siempre construyen los bancos para que parezcan templos, a pesar de que varias de las grandes religiones a) se oponen canónicamente a lo que hacen dentro y b) guardan ahí sus ahorros?

La obra además trata de una forma simplemente genial la idea de que el género no es más que un constructo. De esta forma, va convirtiendo la figura de Gladys, un gólem influenciada por un libro retrógada y misógino, en una mordaz y siempre irónica crítica feminista. Gladys, un gólem todopoderoso de más de mil años de vida, es aleccionada por una anciana metomentodo para irse convirtiendo en una “señorita” según los estándares del heteropatriarcado. Como en la historia del edén, comienza por otorgarle a Gladys el imperativo de que un gólem femenino cuenta con restricciones de vestimenta (la fuerza a llevar un vestido cuando el resto de gólems no usan ropa), después restricciones en el habla (le indica que hay ciertos términos y formas de expresarse sólo para mujeres) y hasta en sus propios movimientos. Gladys irá desarrollando sentimientos conflictivos hacia el propio Húmedo conforme las ideas del heteropatriarcado le vayan dictando que debe detestar a cualquier otra mujer y competidor por la atención única de un hombre. 

Adora Belle Buencorazón en la película Going Postal (2010)  

Mi opinión sobre Dinero a mansalva 

Terry Pratchett no ha perdido su chispa, y Húmedo von Mustachen está claro que tampoco. Esta entrega número 34 de Mundodisco demuestra una vez más que el autor se encontraba cómodo abriendo y deshaciendo tramas en una ciudad y un mundo que tenía ya completamente dominados. 

Era fácil, al tratase de una segunda parte, que la historia de Húmedo y de cómo acaba siendo forzado a trabajar en un banco so pena de muerte se hiciera repetitiva y que acabara trasluciendo los mismos patrones al lector que la anterior obra; y sin embargo, no es del todo así. La gran cantidad de humor y el desparpajo y la retranca con la que Húmedo sale airoso de las situaciones convierten esta segunda obra en un título muy disfrutable aunque cojo en ciertos puntos. 

El que dijo que no puede engañarse a un hombre honesto no lo era. 

Y es que el autor vuelve a pecar, como ya le pasó en anterior obras, de abrir tramas que luego no sabe muy bien continuar o seguir. Al enfrentarse a la novela a ratos, sin planificar correctamente la estructura y bajo un modelo de escritura conocido como brújula, es fácil que se le queden huecos en la propia obra. Esto ocurre por ejemplo con la amenaza de muerte de un gremio de asesinos aparentemente en perpetuo acecho si Húmedo no cumple con sus obligaciones de cuidar a don Tiquismiquis que aparecen literalmente al principio de la obra sin volver a ser nombrados. 

La presencia de Cribbins (el repugnante anciano que amenaza con tirar por la borda la vida de Húmedo contando su verdadera historia), genera mucho bombo y altos niveles de expectación para la pobre salida que tiene su pequeña trama argumental; y existe un capítulo entero de inmensas descripciones del centro de comunicaciones post-mortem en la Universidad que en poco o nada aporta a la trama.  

Se habla a menudo de la facilidad con la que cualquiera envenenaría o asesinaría a don Tiquismiquis, pero después Húmedo sale a la calle y lo deja desatendido en múltiples ocasiones sin que por ello se perciba el más mínimo atisbo de inquietud. Algo similar ocurre con la invención del dólar, el cual acaba lamentablemente relegado en segundo plano cuando los gólems llegan a la ciudad. 

En definitiva: Dinero a mansalva es una obra más que disfrutable, cargada de humor y de risas y con toda la retranca que le caracteriza al autor, pero no exenta de sus pequeños errores y traspiés. Pero ¿quién soy yo para sacarle defectos a uno de los mayores autores de fantasía del siglo? Al fin y al cabo, nadie dijo que Ankh-Morpok fuera perfecta, pero sí que resulta sumamente fascinante.  

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