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Amores

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Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo....


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Imágen destacada - Amores

El libro Amores de Ovidio, publicado en un primer momento en cinco volúmenes y reducido luego a tres, narra la experiencia amorosa del autor con una mujer en forma de poema. El libro, publicado en el 16 a.C., se plantea en un primer momento como una obra épica que bebe de las influencias de autores como Catulo, Tiberio  y Propercio, para pasar inmediatamente al formato dístico elegíaco.  

Esta decisión tiene un peso más importante del que pueda parecer, ya que en aquel momento, con Augusto a la cabeza del imperio romano, se esperaba de los poetas que dedicasen su arte a la escritura y divulgación de poemas épicos que ensalzasen las hazañas de los héroes y los Césares. Sin embargo, Ovidio realiza una declaración de intenciones tanto al comienzo de la obra como en la introducción del tercer libro, cuando enfrenta a Elegía y Tragedia en un combate lingüístico por ver cuál de las dos merece las atenciones del propio poeta.  

Este desafío a lo que se esperaba de él desde un punto de vista político no pasa desapercibido en la obra, ya que el propio Ovidio explica en la introducción de la obra que ha sido forzado por Cupido a escribir Amores, cambiar la rima y el tema y centrarse en temas más mundanos. En estas tres frases extraídas del inicio de la obra quedan así claras sus intenciones, ya que el “ritmo solemne” del que habla son hexámetros, el verso habitual de la poesía épica; pero al “extraerle Cupido un pie” se convierte en un pentámetro. 

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Me disponía yo a escribir en el ritmo solemne hechos de armas y guerras violentas, de modo que el tema se ajustara a dicho metro. El verso de abajo era igual que el de arriba, pero Cupido se echó a reír y le sustrajo un pie, según cuentan. 

Lo que está claro es que Amores, precursora de El arte de amar, es una obra cargada de juegos de palabras, burlas y elementos humorísticos, referencias a episodios de los mitos clásicos y sobre todo, de una indecencia para la época esclarecedora. Bajo la perspectiva de Augusto, el cual pretendía acabar con la moral disoluta que veía en Roma, Amores hacía gala de unos valores que promocionaban el libertinaje y el adulterio con toda impunidad por su parte. Algunos estudiosos afirman que la obra Amores de Ovidio es una de las razones que motivaron el exilio del autor, pero es muy posible que este se deba más bien a su otro libro posterior, El arte de amar; o incluso a ciertas relaciones que se rumoreaba que tuvieron Julia, hija de Augusto, y el mismo poeta. 

Amores de Ovidio: estructura y contenido 

Amores es, como ya hemos dicho, una obra compuesta en un primer momento en cinco volúmenes que el mismo autor condensó luego en tres. El libro gira alrededor de las experiencias amorosas de Ovidio con Corina, su amante, así como del amor en general y de otros sucesos que ensombrecieron la vida del propio autor. En lugar de estar narrado en un orden secuencial, la obra funciona como diario para las preocupaciones e inquietudes del propio autor a lo largo de los meses en los que estuvo escribiéndola, de forma que incluyen desde anécdotas tan hilarantes como un episodio de impotencia sexual del propio Ovidio, hasta una elegía por la muerte del papagayo de su amante o una discusión con la misma motivada por los celos. 

Sin embargo, es fascinante el hecho de que muchos estudiosos dudan de la existencia de la propia Corina. Es posible que la misma sea fruto de la imaginación del autor, el cual realiza un burlesco juego de palabras con la raíz griega Kore que significa “doncella”. Esto tendría sentido, ya que la divulgación de las aventuras amorosas y escarceos de la joven la pondría en serios problemas con su marido. No olvidemos que en aquellos años, la Lex Iulia de adulteriis penaba muy severamente los casos de adulterio probados (algo contra lo que se rebela el autor continuamente tanto en Amores como en Arte de amar).   

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No estamos planeando un crimen, no nos reunimos para hacer mezclas venenosas, no brilla nuestra mano con una espada desnuda. Queremos poder amarnos gracias a ti sin sobresalto: ¿qué puede haber más inocente que nuestras súplicas? 

Recursos e imágenes repetitivos en Amores

Los lectores que hayan abordado El arte de amar o que ya se hayan aproximado a la obra de Ovidio, descubrirán en Amores muchos temas recurrentes que se repiten continuamente en los poemas del autor. Uno de ellos es precisamente el símil que hace del poeta con el marinero y de la poesía con la barca, para la cual las pasiones funcionarían como el viento; este recurso, empleado mil veces en las obras de Catulo (autor en el que se inspira continuamente), se repite a lo largo de los tres libros que componen Amores. La imagen de barca, no solo le sirve para ejemplificar las emociones que levanta el amor o su propia poesía, sino también para eximirse de la responsabilidad de sus continuas aventuras amorosas. 

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Pues me faltan fuerzas y ley para gobernarme. Soy zarandeado como una barca arrastrada por la rápida corriente. 

Al mismo tiempo, el autor trata de dignificar continuamente la desesperada estampa del enamorado comparándolo con un soldado. Estas similitudes que él mismo crea guardan un espacio especialmente relevante en la obra, ya que les dedica poemas completos. De cualquier forma, si hay algo más encomiable para el autor que un hombre enamorado, es un poeta enamorado. En Amores reserva varios poemas completos para explicar las conveniencias de escoger a un poeta pobre (como era él mismo) como amante, afirmando que solo ellos pueden glorificar de tal forma el nombre de la dama como para hacer que pase a la historia y que su amor, por instruido, es más elevado que el de cualquier hombre rico que las compre con regalos. 


Los poemas tienen a menudo diferentes interlocutores. Mientras que en algunos casos se dirigen a Corina, apelándola a ella como si la tuviera enfrente, en otros momentos habla con los criados y esclavos, con los jóvenes que le acompañan o hasta con sus nuevas amantes. Hay varios poemas de la obra dirigidos al guardián de las puertas de su amada (los cuales inspirarían sonetos a Lope de Vega y Góngora) y a sus criadas personales con un tono profundamente didáctico, enseñándoles a ganarse sus favores y con ello, eventualmente, la libertad. 

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Tú, por tu parte, le echarás en cara reproches que pueda refutar sin riesgos, y con una falsa acusación, quita todo crédito a las verdaderas. Así siempre gozarás de estima, así tus caudales irán aumentando hasta hacerse elevados. Haz esto y serás libre en poco tiempo.  

Al mismo tiempo, no podemos evitar comentar en este análisis el carácter continuamente contradictorio que tienen los poemas de la obra de Ovidio. Así, sin demasiada separación, podemos encontrarnos con un poema en el que le suplica a Cupido que lo deje vivir, para luego varias páginas más adelante encontrarnos con que el autor prefiere la muerte antes que una vida sin amor; en uno de sus poemas compara al enamorado con un soldado en guardia, mientras que en otro afirma que no tienen nada que ver; o incluso exhorta al marido a vigilar estrechamente a la esposa para darle un toque picante a la aventura amorosa para después pedir que les dejen amarse en paz. 

Sobre la vida de Ovidio y sus experiencias personales  

Es sorprendente la forma con la que Ovidio comparte sin tapujos sus experiencias personales, por muy vergonzosas que puedan ser, y cómo estas acaban influyendo de una forma poderosa en sus obras. De esta manera, al comienzo del primer libro nos presenta a Corina, de la cual habla auténticas maravillas sobre su belleza sin par (en el libro III de El arte de amar recomienda a las mujeres que cuiden su aspecto y se muestren humildes tal y como actúa la Corina de la obra). Sin embargo, estas anécdotas, se centran más en los episodios vergonzosos y mundanos de la vida del autor, que en momentos de gran candidez y romanticismo. 

Para el autor, el amor es una pasión febril que hay que alimentar continuamente con la semilla la duda, los celos, las discusiones y las inminentes reconciliaciones. Precisamente por eso, no es de extrañar que muchos de los episodios que narra sean de una violencia sorprendente, especialmente para los estándares morales de nuestra época. Así, en el primer libro, nos encontraremos con un poema en el que el autor se lamenta de la paliza que le ha propinado a su enamorada por una discusión que han tenido.

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Que la cautiva vaya delante, triste, con el cabello despeinado, completamente pálida, si lo consintieran sus mejillas lastimadas. Habría sido mejor que estuvieran amoratadas de apretados besos y que tuviera en su cuello la señal de un cariñoso mordisco. 

Evidentemente, el libro no puede leerse, juzgarse ni interpretarse desde nuestra óptica moral, ya que entonces caeríamos en el peligro de censurar prácticamente el 90% de la literatura clásica que ha llegado a nuestros días. Así, afirmaciones del propio autor que censura y desea la muerte a cualquier mujer que aborte, haciéndolas responsables de todo tipo de horrores por sus decisiones; u otros comentarios en los que afirma que debería contentarse dando un escarmiento a su amada rajándole la túnica, nos parecen hoy en día salidas de lugar y completamente barbáricas. 

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¿No hubiera sido suficiente con reprender a la asustadiza joven y bastante con vociferarle severas amenazas o con desgarrarle para su vergüenza la túnica desde el borde superior hasta la cintura? 

De cualquier forma, la obra está cargada de anécdotas de una enorme humildad, en la que el propio Ovidio no teme poner en juego su reputación o la de su propia amada. Así, en algunos poemas nos cuenta historias de gran verosimilitud, como la elegía 8 del libro I en la que narra la conversación entre la alcahueta Dipsas (una bruja que inspiró posteriormente la figura de La Celestina y cuyo poema se considera el verdadero precursor de la obra El arte de amar escrita varios años después); la descripción detallada de un episodio de impotencia del propio Ovidio; el aborto al que se sometió Corina y que puso en peligro su vida o incluso un relato sobre cómo su amante pierde todo su cabello y tiene que resignarse a comprarse una peluca. 

Opinión personal de Amores de Ovidio 

Aún así, es difícil que el poeta te caiga simpático. Ovidio es con diferencia, uno de los mayores cretinos de la historia y me sorprende que la gente lo siga citando como una de las máximas figuras del romanticismo clásico. Está claro que Amores ha influenciado a los autores medievales hasta un punto impensable y que muchas de las obras que hoy en día se consideran indispensables han partido de aquí, pero la fuente de las mismas ensombrece el resultado posterior. Ovidio es un llorica contradictorio, que continuamente tiene accesos de celos, golpea a su amante, la acusa de tener otras relaciones y luego él mismo se acuesta con la criada de la misma y con cualquiera que le diga que sus versos son bonitos. 

Su egocentrismo, patente en la obra, queda más que claro cuando afirma que el resultado de tal exceso poema y de esas relaciones sentimentales tan maravillosas que narra, son el fruto de su esfuerzo y del de nadie más, ninguneando a cualquier otro involucrado en la  relación. 

Sin duda tiene pasajes memorables y sin duda es una obra indispensable que contribuye a enriquecer la cultura de quien la lee y es increíble lo accesible que es la misma y lo poco rebuscada o pesada que se te hace la lectura con una edición debidamente anotada, pero esto no quiere decir ni mucho menos que Ovidio se haya colado para siempre en mi corazón. Quizás lo que el autor no previó en su insistencia por alcanzar la inmortalidad con su poema, es que otros pudieran verlo con el mismo talante que el emperador Augusto. 

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