Cuando tu mejor amiga se casa y tú sigues soltera, te agarras una buena cogorza. Si no, no es la boda de tu mejor amiga. Punto. Eso sí, lo de acabar intimando a lo loco con él no estaba previsto. En mi defensa, debo decir que asistí a la boda sin la supervisión de un adulto, lo mínimo que necesito para no liarla parda cuando hay barra libre y un soltero apetecible en la zona. ¿En qué momento me pareció que aquello era una buena idea? Al final, iba a pagar caro el no ceñirme al plan original de emborracharme. Nada salió como había esperado, a pesar de que aquella noche fue mágica. Pero lo que son las cosas: aunque nos habíamos prometido distancia, el maldito (o bendito) destino hizo que no tuviéramos más remedio que volver a colisionar.
Sin embargo, esto poco a poco deja de suceder y Ana empieza a mostrarse como un ser humano de reacciones más lógicas y palpables, emotiva y coherente que, aunque tiene arranques propios del personaje (como cierta escena con un Mercedes a toda velocidad por la carretera), son coherentes teniendo en cuenta su carácter.
En conclusión, Todas las promesas que rompimos es una novela dulce y muy disfrutable de leer que sin duda recomendaría a mis amigas. Está claro que la autora va mejorando con cada entrega a pasos agigantados y es capaz de hacer que te enamores de personajes secundarios tan carismáticos como Lore, Andrea o Heiko. Lo único que no me queda claro es… ¿será su próxima obra un spinoff de los personajes de este libro? ¿O se lanzará de cabeza con una historia nueva y refrescante de amor y odio?