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El cielo de piedra

Editorial: Nova
7.2
La luna volverá pronto. Que su regreso proclame la destrucción de la humanidad dependerá de dos mujeres. Essun ha heredado el poder de alabastro Decanillado. Con él espera encontrar a su hija Nassun y forjar un mundo en que los niños orogenes crezcan a salvo. Para Nassun, el que su madre haya sido capaz de dominar el Portal de los Obeliscos es algo que llega tarde. Ha sido testigo del mal que hay en el mundo y ha aceptado lo que Essun no comprende: que, a veces, lo que está corrompido no se puede purificar y hay que destruirlo.

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El cielo de piedra, opinión del final de la trilogía de la Tierra Fragmentada

El cielo de piedra pertenece a la saga 'La tierra fragmentada'

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La tierra fragmentada

3 tomos - Saga completa

Toda era tiene que llegar a su fin. Ha dado comienzo una estación de desenlaces. Empieza con una gran grieta roja que recorre las entrañas del único continente del planeta, una grieta que escupe una ceniza que oculta la luz del sol. Empieza con la muerte, con un hijo asesinado y una hija perdida. Empieza con una traición, con heridas latentes que comienzan a supurar. El lugar es la Quietud, un continente

Portada libro - La quinta estación
#1 | La quinta estación
Portada libro - El portal de los obeliscos
#2 | El portal de los obeliscos
Portada libro - El cielo de piedra
#3 | El cielo de piedra
El cielo de piedra, opinión del final de la trilogía de la Tierra Fragmentada
Algunos aceptan su destino. Se tragan el orgullo, olvidan la auténtica verdad y se dejan llevar por la falsedad, porque dan por hecho que no deben de tener mucho valor. A fihn de cuenta, si una sociedad al completo se ha dedicado a subyugarlos, está claro que es porque lo merecen ¿no? E incluso si no es así, es demasiado doloroso, demasiado imposible. Al menos, así encuentran la paz, más o menos. Y esta no dura mucho.

Solo te diré que esos vehículos flotan unos pocos centímetros sobre el suelo. No hay animales que tiren de ellos. Tampoco los alimentan ni el vapor ni ningún tipo de combustible. Si algo, ya sea una mascota o un niño, pasa por debajo, deja de existir por un instante y luego aparece al otro lado sin haber reducido la velocidad, ni consciente de los ocurrido. Nadie considera que aquello se pareciese a la muerte.

La Tierra da por hecho que es lo justo, con una frialdad y una rabia que hacen estremecer a las profundidades, fragmentan la superficie del mundo y desatan Estación tras Estación. Es lo justo. No fue la Tierra la que dio comienzo a aquel ciclo de hostilidades, no fue la que robó la Luna ni excavó por la piel de otra criatura viva ni le robó pedazos de su cuerpo para conservarlos como trofeos o como herramientas; no fue la Tierra la que planeó esclavizar a los humanos para alumbrar una pesadilla sin fin. La Tierra no empezó la guerra, pero por el óxido que está dispuesta a que le devuelvan. Lo. Que. Le. Pertenece.

N.K. Jemisin

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