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Agnes Grey

Decidida a lograr su independencia económica y a ayudar en su casa, Agnes Grey, la hija menor de una familia venida a pique, se coloca como institutriz en la casa de la familia Bloomfield. Su juventud e inexperiencia, así como la crueldad de los niños con quienes le toca lidiar y la frialdad de sus padres, son una difícil piedra de toque. Pero su perseverancia la llevará a cambiar de casa en busca de mejores perspectivas. Con sus nuevos empleadores, los Murray, las condiciones tampoco son fáciles, pero Agnes, poco a poco, se abrirá camino...

 

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Agnes Grey, análisis y temas de una obra clásica de Anne Brontë
Agnes Grey, análisis y temas de una obra clásica de Anne Brontë

—Porque hago siempre lo que me ordenáis, supones que no tengo criterio propio. Pero ponedme a prueba, eso es todo lo que pido… y veréis lo que puedo hacer.

 


¿Qué podía yo hacer, si los visitantes, con sus elegantes ropas y buen cuidadas caras, los halagaban y mimaban para complacer a los padres? ¿Cómo podía yo, vestida con sencillez y sin arreglo en mi cara de todos los días, alejarlos con palabras francas? Me atormentaba procurando distraerles […]. Pero no conocían la vergüenza, se burlaban de toda autoridad que no les aplicara un castigo; en cuanto a la bondad o cariño, o no tenían corazón o lo guardaban tan hondo, tan oculto, que yo, a pesar de mis esfuerzos, no había encontrado forma de llegar a él.


[…] Tengo demasiado desarrollado el instinto gregario para resignarme a vivir sin amigos, y como los únicos amigos que tengo y que espero conservar son los de mi casa, si los perdiera, no digo que no podría vivir, pero sí afirmo que preferiría no hacerlo en un mundo tan hostil.


Pienso decirle que se equivoca lamentablemente al suponer que pueda arrepentirme del nacimiento de mis hijas, orgullo de mi existencia y único consuelo de mi vejez, o de los treinta años transcurridos en compañía del hombre que más y mejor me ha amado […].


Desear ser bella es algo estúpido. Las personas dotadas de sentido común jamás lo desean para sí mismas ni se preocupan de lo ajeno. Cuando se posee un espíritu cultivado y un corazón bien dispuesto, el exterior no interesa a nadie.


La señora Murray se sorprendió de la inusitada energía con que formulé mi petición, opinando que no había motiva para tanta precipitación máxime cuando podía tratarse de una falsa alarma. «Y si no era así, después de todo, es la ley inmutable de la naturaleza… “Todo lo que nace muere”. ¡Además no vaya a creer que es usted la única persona afligida de este mundo!


Anne Brontë