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NOTA: 8

Siempre fuiste tú: reseña de un libro corto romántico imprescindible este verano

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Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo. Do...


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Existen momentos en la vida de cualquier ávido lector que necesita desconectar de las pesadas tramas y profundos argumentos que los thrillers modernos y las obras clásicas nos ofrecen. Es en esos instantes en los que solo buscas algo de diversión sin daño o simplemente un refugio entretenido en el que disociarte del drama de la vida en general que obras como Siempre fuiste tú ganan importancia.

Siempre fuiste tú es un exclusivo digital publicado por Phoebe Romántica y escrito por Emily Delevigne de apenas 90 páginas que nos sitúa en la típica trama de amor adolescente de una joven llamada Abbey absolutamente enamorada del guapo amigo de su hermano mayor. Abbey sufre con cada uno de los desplantes de Garret, pero durante años se mantiene fiel a su obsesión de casarse con él.

Sin embargo, con el paso del tiempo Abbey comprenderá que si bien nunca ha sido nada para Garret, Will, el otro increíblemente atractivo amigo de su hermano siempre ha estado a su lado. Y esto hace que en su cabecita surja una nueva pregunta:… ¿ y si siempre ha sido él? 

Una novela juvenil con un final intenso que no puedo más que recomendar

Siempre fuiste tú recuerda al sabor de ese trocito de pastel que tu madre siempre preparaba de la misma forma y que te llena por dentro de un sentimiento de seguridad y felicidad. No hay sorpresas en su argumento, y cualquier podría predecir el avance de la trama sin necesidad de esforzarse demasiado, pero eso no quiere decir que no sea una novela genial. Este confort book, escrito de manera magistral, nos devuelve a nuestros estúpidos años de adolescentes inconformistas en los que nos encaprichábamos de hombres que estaban a propósito fuera de nuestro alcance.

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«La amaba con cada poro de mi ser, como si de un fuego imposible de extinguir se tratara. Se propagaba por cada miembro de mi cuerpo y prendía el deseo y el hambre de devorarla».

Así, Abbey se «“engancha” » de Garret, el amigo de su hermano, al que convierte en una suerte de figura que valida y dignifica su existencia en el mundo. Es decir, que Abbey, tan torpe ella y tan adorable a los ojos del resto, se encapricha de Garret simplemente porque ser la fuente de deseo del chico más codiciado del pueblo automáticamente elevaría no solo su estatus ante los ojos del resto, sino también ante sí misma. Como la protagonista de esta historia es una chica tozuda y terca, su obsesión pre-adolescente la acompaña a lo largo de las situaciones cómicas que se van llevando a cabo conforme se encuentra con Garret. 

Así, la autora nos mostrará continuamente instantes y episodios en los que Abbey —y, por consiguiente, Garret y Will—, coincide en varios escenarios cada cual más cómico. Estos encuentros fortuitos nos permiten realizar un agravio comparativo entre los personajes, ya que cuanto más cruel, mujeriego e indiferente se muestra Garret, más cariñoso y atento es Will.

Emily Delevigne no cae en el recurso fácil de demonizar a algún personaje femenino secundario que quiera “«quitarle a su hombre” » y mucho menos nos muestra a Garret como un ser sin alma ni corazón. Desde la perspectiva de esta novelita ligera y entrañable, la autora nos muestra la distancia que imprime el respeto a las distintas formas de ver las vida y el amor de cada uno de los personajes masculinos. Así, se puede ver cómo Garret, convertido en un trofeo del que colgarse por parte de prácticamente todas las mujeres de la obra, no engaña a ninguna sobre sus intenciones amorosas, y nunca, jamás, en ningún momento le da esperanzas a Abbey sobre su posible interés amoroso.

Para Abbey, que solo ha conocido el amor más pueril y platónico, el hecho de golpearse de frente contra los esculpidos pectorales de Will y empezar a verlo como algo más que un amigo será realmente lo que la obligue a salir de su zona de confort y preguntarse si no ha estado ciega todo este tiempo.

Un estilo narrativo ligero, divertido y entrañable

Siempre fuiste tú es una novelita ligera con un estilo narrativo impecable. La autora, tras publicar otras obras como Una sola noche (Phoebe Romántica, 2021), Sin límites (Phoebe Romántica, 2021) o La tentación (Phoebe Romántica, 2022), demuestra que su increíble capacidad de producción literaria está puliendo cada vez más su estilo hasta convertirla en una marca propia dentro del género romántico.  

Así, «un “Delevigne»” se caracteriza por varias cosas: entornos familiares protegidos y queridos, una protagonista algo inocente y alocada que tiende a ser un poco torpe y unos intereses románticos masculinos de casi dos metros de altura con las manos de un Goliat de acero. La autora ha demostrado en anteriores ocasiones dominar el género de vainilla romance, creando relaciones apasionadas entre antiguos amigos que, por lo general, se basan en la confianza, el apoyo mutuo y los recuerdos del pasado que los convierten en un simple golpe de vista de “«extraños” » a “«personas predestinadas a reencontrarse”.».  

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«¿Qué había cambiado? ¿Por qué me importaba que se hubiese ido con otra? A mí me gustaba Garret, estaba enamorada de sus ojos azules y su pelo rubio, de su humor infantil y de la idea de que fuera el futuro padre de mis hijos. 
Pero me ardía como una puñalada en el pecho que Will se hubiese ido con otra».


Sus capítulos son breves, su estilo es llano y fácil de comprender y sus oraciones son cortitas. Perfecto para leer una tarde de aburrimiento en que hayas agotado cualquier tipo de esperanza por encontrar un libro que te saque de tu bloqueo lector.  

Y es que Siempre fuiste tú te trasladará a las mismas sensaciones que tienes cuando vuelves a poner una película como Matilda o El diablo viste de Prada mientras sumerges la mano en una bolsa llena de palomitas de colores con tus shorts deportivos favoritos. Su lectura te traslada a un rincón perdido de tu mente que recuerda al hogar, y así acabarás soñando, de forma completamente insoportable, con encontrar al Will que no sabías que tenías a tu lado. 
 

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