
La fortaleza de Veldra está sitiada por la bruma roja del Olvido. Desde hace demasiado tiempo, sus habitantes malviven en el castillo cercados por el hambre y la guerra, mientras su soberana aguarda, guiada tan solo por los consejos de los muertos. Cuando una joven logra lo imposible y alcanza las murallas atravesando el Olvido; guerreros, granjeros e incluso alquimistas ven en ella la señal de que su destino por fin está a punto de cambiar. Pero la reina, que ha llegado hasta donde está a sangre y fuego, recela de la extranjera y sospecha que su llegada no es más que una señal de que el final está cerca para todos.
¿Para quién es Hija de invierno? Para quien disfrute la fantasía oscura entendida como género adulto y no como estética. Para quien busque atmósfera densa, imaginería potente y personajes moralmente incómodos. Para quien haya leído a Katherine Arden, a Madeline Miller o a Toni Morrison y quiera ver cómo una autora española dialoga con esa tradición desde un reino sitiado por la niebla. ¿Para quién no lo es? Para lectores que vengan buscando romantasy ligero, quien prefiera la fantasía cómoda de sagas largas con mapas y escuelas de magia o para quien necesite que sus novelas le ofrezcan una salida luminosa.
Yo voy a estar pensando en esta novela mucho tiempo. Probablemente la relea. Probablemente me obsesione todavía más con la reina. Y probablemente esté esperando con los dientes apretados lo próximo que publique Lola Llatas, porque si este es su salto a la fantasía oscura, me muero por ver hasta dónde piensa llegar.