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El largo viaje a un pequeño planeta iracundo

9.5

Rosemary Harper se une a la tripulación de la Peregrina, una vieja nave tuneladora, sin saber muy bien qué esperar de su primer trabajo. Aunque la nave ha visto tiempos mejores, le ofrece un pequeño lugar al que llamar hogar durante un tiempo, algo de aventura en los confines más alejados de la galaxia y, lo que es más importante para ella, la oportunidad de dejar atrás su pasado.

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Los harmagianos tenían dinero. Los aeluones tenían potencia de fuego. Los aandrisks tenían diplomacia. Los humanos tenían disputas.

—«Ellos»; Ohan son un par sianat. Macho, pero aun así decimos «ellos».

Rosemary rememoró la esclusa. Lovey no había hablado de un piloto, sino del Piloto. Su mente se aceleró por la emoción. Los sianats eran material para leyendas urbanas en su hogar; una raza solitaria que podía conceptualizar el espacio multidimensional con tanta facilidad como un humano podía hacer álgebra. Aunque aquella aptitud mental no era innata. La cultura sianat estaba estructurada en torno a un neurovirus que llamaban el Susurrante.

—¿Qué hacen los locos especistas de los tuyos? —preguntó Kizzy.

—Cerrar las puertas de sus granjas y tener orgías privadas.

—¿En qué se diferencia de lo que hacéis el resto?

—No tenemos puertas y todo el mundo está invitado a nuestras orgías. Excepto los laru. Somos alérgicos.

— ¿Cómo es eso que decís? ¿Isk seth iks kith? ¿Que cada cual siga su propio camino?

Becky Chambers

+otras personas involucradas
Traducción: Alexander Páez