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Alexa entre las olas

¿Qué responderías a tu mejor amiga si esta te propusiera abandonar tu vida para pasar un verano en una aldea costera de Portugal? «El plan suena idílico, pero nosotras no nos podemos permitir vagabundear por los pueblos. Somos dos mujeres de treinta y tres años…». Pero imagínate que te invita a su boda el hombre con el que has convivido durante tres años y del que todavía crees que sigues enamorada… «Mañana solicitaré una excedencia por seis meses a mi jefe y si me la concede, cuenta conmigo para viajar a Portugal». Permiso concedido, maletas cargadas en tu Mini amarillo, mil kilómetros recorridos y de repente un regimiento de avispas autoestopistas se cuela por la ventanilla. «Nos asustamos, salimos zumbando del coche y este decidió por sí mismo lanzarse de morros al río. Tal cual. Splash. Chapuzón». Entonces, aparece a lo lejos una destartalada furgoneta vintage conducida por un surfero de veinticuatro años con pintas de Tarzán que resulta ser… «Nuestro salvador o mi castigador, según el color del cristal con que se mire». Alexa entre las olas es una marea de sentimientos y emociones de un pasado que arrasa con un presente incierto; donde la adrenalina se confunde con el deseo, la amistad con el amor y el sentido del humor con el miedo. Viajarás a playas paradisiacas, cabalgarás tu gran ola, disfrutarás de fiestas playeras y revivirás ese romance veraniego del que toda mujer guarda un inolvidable recuerdo.

Lo más leído del libro

Alexa entre las olas: reseña de una novela de romance sobre el mar
Alexa entre las olas: reseña de una novela de romance sobre el mar
Uno, cuando me empuje la ola: apoyo las manos en la tabla a la altura de mi pecho, levanto el torso y arqueo la espalda. Dos: coloco el pie derecho en la marca trasera de la table; y tres: de un salto, apoyo el pie izquierdo en perpendicular formando un ángulo que no exceda los treinta grados.

¿Me podía enamorar de un lugar? ¿De un pedazo de tierra? Esa mañana junto a Izan no habría sabido qué contestar. Meses después descubiría que el enamoramiento no se ceñía en exclusiva a las personas ni a las relaciones. El amor es tu propia respuesta refleja cuando miras el mundo con pasión.

Se me revolvió el cuerpo hasta el punto de sufrir una gastroenteritis durante más de diez días. La flora intestinal se me fue a Cuenca y treinta años de vida, por el retrete. Entre visita y visita al señor Roca, conté y conté para no pensar. Conté los botones de toda mi ropa (223). Conté los de la ropa de Rebeca (193 y medio corchete que colgada partido de su abrigo militar). Conté baldosines de la cocina (440), libros de la estantería (150) y pelotillas en mi pijama de felpa (96). Conté y conté hasta que mi cerebro hizo clic. El señor Orgullo se revolvió en contra de mí y me empujó a cometer uno de los grandes errores de mi vida.

Yo no te he ocultado nada. Cat es la única mujer con la que he mantenido relaciones sexuales. Me gustan los tíos, y, sí a veces he sentido algo raro por las mujeres, y recuerdo que, borracha, besé a una tipa en un concierto; pero no sabría qué etiqueta poner a todo esto.

Ana Cantarero