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Ahí abajo, entre raíces y huesos

Editorial: Runas
6.5

Las gemelas Jack y Jill tenían diecisiete años cuando las conocimos en "Cada corazón, un umbral". Esta es la historia de lo que ocurrió primero. De cómo las hijas perfectas, modeladas según los deseos de los padres, a los doce años bajaron por una escalera que las llevó a los Páramos, y descubrieron que el simulacro de amor en el que habían vivido no las había preparado para un mundo de decisiones y muerte.

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Ahí abajo, entre raíces y huesos, opinión de una novela gótica sobre Jack y Jill

Ahí abajo, entre raíces y huesos pertenece a la saga 'Los niños descarriados'

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Los niños descarriados

10 tomos - Saga incompleta

La saga de los niños descarriados de Seanan Mcguire cuenta la historia de un grupo de niños que no encajan en ninguna parte.

Portada libro - Cada corazón, un umbral
#1 | Cada corazón, un umbral
Portada libro - Ahí abajo, entre raíces y huesos
#2 | Ahí abajo, entre raíces y huesos
Portada libro - Bajo el cielo de azúcar. En un sueño ausente
#3 | Bajo el cielo de azúcar. En un sueño ausente
Ahí abajo, entre raíces y huesos, opinión de una novela gótica sobre Jack y Jill
«Jack shall have Jill; Nought shall go ill».

Trató de dejarla bien: no como una inexperta madre primeriza sino como una progenitora cariñosa que simplemente había requerido un par de manos extra para satisfacer las necesidades de sus hijas (y la posibilidad de que él hubiese podido aportar ese par de manos extra nunca pareció plantearse).

«¡Está hecha una princesita!», comentaba admirativamente la gente al ver a Jacqueline; y, como eso era todo lo que ella siempre había deseado para una hija, Serena pon´´ia algún reparo y escondía su sonrisa detrás de la mano, regodeándose en los halagos.

Las niñas, en particular, se exponen a ser consideradas como algo anormal e inquietante si se parecen demasiado.

Jillian se encerraba en sí misma, tratando de entender cómo, aunque su hermana y ella compartían rostro, habitación y vida, una era «la guapa» y la otra era simplemente Jilian.

—No sabemos cómo se llama usted -dijo, con voz un tanto aguda-. Así que es un desconocido, y con desconocidos no deberíamos ni siquiera hablar. [...]

—No conoces mi nombres porque no te lo has ganado, pequeña expósita -dijo-. Aquí la mayoría me llama «Amo». Podéis llamarme así.

Seanan McGuire

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