Border top left cut image
Border middle left cut image
Border bottom left cut image
Border middle right cut image
Border bottom left cut image
Logotipo de momoko.es

Buscar en Momoko

Biografía corta de
William Golding

Escritor
Reino Unido
1911 - 1993
Author portrait

William Golding nació en 1945 en Cornwall, Reino Unido, en el interior de la casa de su abuela: un lugar cargado de amor que tenía nombre propio (Karenza).  Sin embargo, su crianza se llevaría a cabo en Wiltshire al lado de su hermano Joseph. William creció en un entorno lleno de amor e historias de hadas antiguas acompañado por su padre, Alec Golding, profesor de ciencias; y su madre, Mildred, sufragista.  En cuanto tuvo la edad suficiente se trasladó al Brasesone College en Oxford donde estudió Ciencias Naturales durante dos años antes de cambiar su especialidad por literatura inglesa. 

Trabajó como profesor de inglés, música y filosofía a lo largo de la mayor parte de su vida laboral. Se casó con la química analítica Ann Brookfield y tuvo dos hijos: David y Judith.  Durante la II Guerra Mundial se unió a la marina, donde sirvió a bordo del barco que hundió la histórica nave de guerra alemana Bismarck. También fue parte de los soldados desplazados en el Desembarco de Normandía. 

Su carrera literaria empezó a duras penas gracias a un golpe de suerte. Varias editoriales habían rechazado de forma consistente sus manuscritos hasta que su obra Faber & Faber atrajo las miradas de Charles Moneith, un editor de éxito que solicitó algunos cambios en el texto y la modificación del título por El señor de las moscas. 

Libros de William Golding

Otros libros

Portada libro - El Señor de las Moscas
El Señor de las Moscas
La concha tenía un color crema oscuro, tocado aquí y allá con manchas de un rosa desvanecido. Casi medio metro medía desde la punta horadada por el desgaste hasta los labios rosados de su boca, levemente curvada en espiral y cubierta de un fino dibujo en relieve.

-¿Quién me vota a mí?

Todas las manos restantes, excepto la de Piggy, se elevaron inmediatamente.

Después también Piggy, aunque a regañadientes, hizo lo mismo.

-Queremos divertirnos. Y queremos que nos rescaten.

El apasionado rumor de conformidad que brotó de la asamblea le golpeó con la fuerza de una ola y él se perdió. Pensó de nuevo.

-Queremos que nos rescaten; y, desde luego, nos van a rescatar.

El señor de las moscas, análisis y opinión de un clásico sobre la maldad humana
Conclusión del libro El señor de las moscas
La isla de El señor de las moscas