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Reseña

Pink: sobre prostitutas, cocodrilos y mujeres machistas

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Hablar de Pink, el manga de Kyoko Okazaki publicado por Ponent Mons, es meterse en un jardín muy interesante, pero sin duda esta obra no tiene desperdicio por ninguna parte. Primero dejadme que os presente a la protagonista y después pasemos a hablar de cómo me he comido la cabeza sacándole un significado oculto a todo esto.

Argumento y breve resumen de Pink, de Kyoko Okazaki

En un Japón en el que las jóvenes buscan brillar con la severa ingenuidad de la rosa recién florecida, Yumiko resalta como una peligrosa hiedra venenosa. Es preciosa, es desenfadada y sobre todo, está profundamente desencantada con la vida. Por eso busca cualquier excusa para sentir algún tipo de emoción en un mundo irónico y asqueroso.

Para ella, esta emoción está en las pequeñas cosas: en tener un cocodrilo de mascota por ejemplo, o en coordinar perfectamente su trabajo de secretaria de oficina con el de prostituta por la noche. Un día, su hermanastra va a verla para decirle que su madre se está viendo con un amante más joven al que le paga, y ambas deciden que es el momento de conocerlo.

Sobre Pink, el extraño dibujo de Kyoko Okazaki y sus líneas finas.

Al igual que Moyoco Anno, Kyoko Okazaki opta por un diseño de líneas finas y sutiles a la hora de plantear sus dibujos. No llena los espacios con fondos increíblemente detallados, tramas o sombras, sino que se centra en un dibujo esencialmente minimalista en el que el diseño de los ojos, manos y espacios se reducen a la mínima expresión.

Aunque al principio su estilo puede chocar y te cueste identificar exactamente qué personaje es quién y dónde se sitúan, factor al que hay que añadirle que Pink salta a menudo de narrador principal y de espacio temporal para darnos el contexto de muchas acciones y pensamientos, una se acaba acostumbrando. Pronto descubres que la feminidad que Okazaki es capaz de sugerir a un personaje femenino no necesita de demasiados accesorios y que aunque los escenarios no estén llenos de detalle, a menudo tienen los suficientes como para poder sumergirte en la acción.

Y he de decir, también, que esta forma desenfadada y casi diría que descuidada de la autora a la hora de dibujar, le va increíblemente bien a la obra precisamente por las enormes dosis de desidia cargada con feminidad que muestra la psique de muchos personajes.

Crítica al capitalismo, a la postura de una mujer y al machismo femenino

Quizás le estoy buscando tres pies al gato. Quizás no. Al fin y al cabo muchas veces acabo buscándole significados ocultos a las obras que leo. Y he de confesar que cuando cayó Pink en mis manos en un primer momento lo ojeé de forma completamente desinteresada, decidida a devolverlo a la estantería, y luego de pronto descubrí que llevaba un buen rato de pie en mitad de la fnac perdida leyendo.  

Pink muestra precisamente la crisis existencialista que viven muchas mujeres, ya no solo japonesas, sino también niponas, en una sociedad potentemente capitalista y heteropatriarcal. Para empezar, la joven Yumiko tiene un cocodrilo de mascota que come, según ella, 10 kilos de carne. Ahora, hay que tener cierto contexto previo a la hora de saber esto pero la carne en Japón es un alimento de lujo precisamente por la sobrepoblación que tienen y la necesidad de importarla por barco o avión de otros países. Al fin y al cabo, la ganadería exige terrenos muy amplios y la tierra es cara en el país nipón.

Eso nos da cierta explicación de por qué Yumiko tiene que ejercer de prostituta para pagar a su cocodrilo que es, en mi loca interpretación, una metáfora del propio consumismo. El cocodrilo es perfecto como símbolo de la necesidad de muchas personas de gastarse el dinero en bienes solamente para ser felices. Al igual que el Sin Cara en El viaje de Chihiro, ese consumismo como forma de crear emociones positivas es completamente artificial, es un constructo del marketing, y precisamente por eso cada vez demanda más y más para poder saciarse, haciendo que supeditemos nuestra propia vida a este monstruo.

El consumismo como filosofía de vida queda muy claro desde la perspectiva de dos de las protagonistas femeninas que acompañan a Yumiko: su madrastra, la cual considera que no gastar el dinero es vulgar; y su hermanastra, la cual odia a su madre por no tener gusto vistiendo.

Sin embargo, ese mismo cocodrilo tiene una segunda lectura. También podría verse como un símbolo de la independencia y la obstinada fuerza con la que Yumiko se mantiene apartada del resto de la sociedad tóxica, de las personas que quieren conocer sus secretos para dañarla y de su madre y su familia. En ese contexto, el hecho de mantener un cocodrilo en su casa nos permite entender por qué Yumiko decide dedicarse a la prostitución para conseguir dinero con el que comprar cosas y por qué no se adhiere a los principios de “comportamiento sumiso y femenino” que tanto se dan en Japón.  

Y ese cocodrilo es precisamente la fuerza que le permite no hundirse ante los comportamiento depravados e hirientes de los hombres con los que se acuesta.

La sororidad desaparecida: todas las mujeres son malvadas

Pero lo más interesante de todo Pink es el ambiente femenino tóxico que crea. Desde un primer momento podemos ver cómo Yumiko critica una y otra vez a cualquier mujer que tiene delante dentro de su cabeza. Sus críticas nunca van dirigidas a su inteligencia o productividad sino siempre a su apariencia, apoyándose en la idea heteropatriarcal de que el valor de las mujeres es directamente proporcional a su aspecto.  

Yumiko no es la única con un comportamiento superficial y tóxico. Esta misma crítica oculta y adoración por la belleza y el cuerpo se ve perfectamente en el papel de la madrastra de Yumiko que se esfuerza enormemente en arreglarse pero que odia mirarse en el espejo. Su propio cuerpo le repugna porque ya no cumple los ideales de mujer tierna y joven y ese mismo odio lo dirige hacia otras mujeres más atractivas que ella, negándose a pensar en ningún momento, que esa idea estética tan patriarcal pueda estar equivocada.

En Pink la culpa de todo la tienen otras mujeres y a los hombres se los ensalza hasta tal punto que Yumiko culpa a su padre por haberse dejado engañar por su madrastra, otorgándole el centro de las culpas directamente a ella.

Mi madrastra es una puta que está con mi padre por su dinero. Ramera asquerosa. Y mi padre otro que tal baila. ¿Cómo se puede dejar engañar por una zorra avariciosa como esa? ¡Si no hay más que verla para darse cuenta de que es una trepa!

Pero no solamente son las mujeres las perfectas machistas en escena dentro de Pink: también los propios hombres, a menudo representados como clientes de Yumiko, condensan los peores defectos del heteropatriarcado en sí mismos: obsesionados por golpear a las prostitutas, por darles lecciones de moralidad después de acostarse con ellas o incluso por tratarlas como a trozos de carne sin que eso estuviera prepactado en el acuerdo inicial sexual.

Pedazo de guarra. ¿Cuántas pollas te has metido en este coño?
¿Perdón? No lo sé, señor.
Calla la boca, imbécil. Zorra. Las zorras no hablan ¿entendido?
¿Qué?
Que no hables, joder.
De acuerdo.
A ver si te enteras. Tú no eres más que un trozo de carne, un coño, una basura, una mierda. ¿Habla la carne de la carnicería? ¿Hablan los coños? ¿Habla la basura?
Pero…
¡¡Que te calles!! ¡¡Cierra el pico y mueve el culo como si te fuera la vida en ello!! ¡¡Tómatelo más en serio!! Concéntrate de una vez en darle placer a mi polla, puta.

SPOILER ALERT - Hablamos del final

Qué tranquilidad sentí al ver que al final del cómic la propia autora hablaba de la crítica velada al capitalismo que hacía. La misma Kyoko Okazaki nos habla de la necesidad de desear ser feliz si queremos tener la oportunidad de lograrlo, de no temer amar incondicionalmente a alguien.

Extrañamente, cuando la relación entre Yumi y el escritor se afianza, el propio autor no le exige a Yumi que deje de prostituirse (aunque en un primer momento reacciona de forma violenta contra su profesión). La propia joven busca continuamente ser feliz, quizás impulsada por el suicidio de su madre y por la dramática situación que realmente vive.

Recuerdo que mi madre siempre decía que si uno no era feliz, era mejor estar muerto.
¿Y tu madre?
… Fue consecuente. Se ahorcó con unas medias. La muerte por ahorcamiento es una pasada. La vi con mis propios ojos.

Recuperando la idea de lo que representa el cocodrilo y cómo es un símbolo tanto de la independencia de Yumi como de su consumismo extremo, es acertado pensar que cuando esta se enamora profundamente, pierde su independencia por tener que preocuparse constantemente de otra persona. El amor es una entrega recíproca, y por eso ya no hay espacio para un consumo egoísta y una forma de ver la vida de manera unilateral.

Cuando su cocodrilo desaparece, Yumi pasa por una temporada de absoluta depresión en la que pierde las ganas de vivir. Sin embargo, en el último momento toma la decisión de ser valiente, de amar y de arriesgarse a ser feliz. El cocodrilo deja de convertirse en un animal agresivo y capaz de comerse a un caniche para ser algo más cómodo y portátil como un maletín (en sentido figurado, no estamos predicando las bondades de la piel animal para los accesorios).  Una decisión que la propia autora nos anima a hacer al resto al final de su obra.

Precisamente por esta decisión corta la autora la obra en el momento en el que en la televisión retransmite el atropello del autor. En ese instante, Yumiko todavía es feliz. Yumiko ha tomado la decisión de apostar por su amor, por su sueño de viajar a una isla desierta y por alejarse de todo aquello que le hace infeliz. Y por eso, y solo por eso, sigue siendo feliz.

Opinión de Pink: el manga sobre prostitución y cocodrilos

Pink es fascinante. Cuando lo coges por primera vez puede que el dibujo de Kyoko Okazaki no te diga gran cosa o que la historia tenga pinta de centrarse en la superficial vida de una chica cuyas únicas peculiaridades es prostituirse y tener de mascota un cocodrilo, pero no es así. Pink guarda un profundo mensaje contra el capitalismo en un entorno en el que las mujeres son tóxicas entre ellas mismas. Pink es la desidia ante la falta de razones de una por vivir y el desorden como forma de vivir la belleza. Pink es fantástico, grueso y te dará para un par de horas de lectura pausada que siempre querrás releer.

Es cierto que el final es un poco apresurado y que no habría estado de más dibujar al menos la escena en la que el escritor cruza la carretera o al mismo taxi que acaba con su vida, pero aún así es muy valiente lo que ha hecho Kyoko a la hora de plantearse la decisión de ser feliz sobre todas las cosas. Como un cocodrilo, podemos evolucionar y convertir nuestra agresividad en una identidad propia que nos ayude y nos acompañe y por muchas dificultades que nos ponga la vida, siempre sabremos que hemos de buscar nuestra isla desierta.

Esa isla en la que ser nosotros mismos, y no temer a que nadie destape nuestros secretos.

LIBRO

7

Portada libro - Pink
Yumiko es una joven con dos peculiaridades muy particulares: la primera es que tiene un cocodrilo por mascota, y la segunda es que se dedica profesionalmente a la prostitución.
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La Insomne

Jefa de redacción y fundadora de Momoko.es

Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo. Doy clase de diseño, subo vídeos a Youtube, trabajo de jefa de proyectos en @pululart y escribo artículos para @mundogamers y @gameit_es. Momoko es mi pequeño proyecto y lo quiero con todo mi corazón.


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