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NOTA: 7.5

Los silencios de Hugo, opinión de un libro que visibiliza el horror de la enfermedad

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Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo....


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Imágen destacada - Los silencios de Hugo, opinión de un libro que visibiliza el horror de la enfermedad

Déjame hacerte una pregunta: si algún día te diagnosticaran una enfermedad incurable y contagiosa ¿se lo contarías a tu familia? Hugo tiene claro que no. Durante doce años, Hugo ha ido arrastrando una vida de falso anacoreta, de hombre exiliado que se refugia en el arte y en las matemáticas para no compartir con el resto el horrible virus que lo está devorando desde dentro día tras día. 

Durante todo ese tiempo, Olalla, su hermana, no comprende por qué Hugo es tan reacio a compartir con ella lo que le pasa; Manuel, su mejor amigo, no comprende por qué ha interrumpido toda comunicación y su ex-novia, Rosa, se revuelve molesta porque este no quiere ni siquiera devolverle las llamadas. Poco a poco el secreto se va haciendo tan enorme que no hay forma de tragarlo y digerirlo mientras el contador, sin que nadie más que el enfermo lo sepa, empieza a advertir que se acerca el final. 

Inma Chacón plantea de esta forma en la novela publicada por Contraluz editorial una historia tan real que parece extraída de un amigo cercano, tan dolorosa como si te ocurriera a ti mismo y tan ágil de leer que no podrás soltarla. Los silencios de Hugo habla de todas aquellas personas que deciden aislarse para proteger al resto y que haciéndolo, acaban volviéndose paradójicamente en las personas más egoístas. 

Argumento de Los silencios de Hugo 

Helena y Josep caminan de arriba abajo por la sala de espera de un hospital en una espera y una tensión continua que los está matando: la situación de Hugo, que está a las puertas de la muerte, ha cambiado drásticamente y los doctores hablan de la necesidad de sedarlo lo antes posible. Por si esto no fuera suficiente, Olalla, su hermana, que lleva cuidándolo meses y que se desvive por su salud, lleva desaparecida desde por la mañana y nadie sabe dónde podría estar. 

Página tras página los personajes irán recordando un pasado juntos que se truncó en algún momento: la infancia de Olalla y Hugo en los campos de tabaco de sus padres, su infancia y los desafíos que planteó para la familia que ella contrajese polio desde muy pequeña, la rebeldía del joven frente a un padre conservador y fascista, cómo Hugo contrajo el VIH y su batalla interna para ocultarlo durante años del resto. Y sobre todo, la lucha privada y el dilema moral de cada personaje cuando todo esto sale a la luz en un momento clave en el que no se sabía demasiado sobre la enfermedad y primaba la histeria colectiva. 

Cada evento, cada circunstancia de la vida se va dirigiendo inexorablemente hasta esa tarde crucial en el hospital, en el que el destino de este puñado de entrañables personajes cambia de la noche a la mañana. 

Una novela dura, realista y sin embargo muy ligera de leer 

Inma Chacón abraza el formato del best seller contemporáneo para traernos una novela coral de narrativa circular que empieza en el mismo punto en el que acaba. Sus capítulos cortísimos, a menudo de un par de páginas y el tamaño de la tipografía escogido por Contraluz Editorial, hacen que la lectura sea ligera, diáfana y que te sea tan fácil introducirte en un tema tan duro como el que plantea Los silencios de Hugo. 

Porque sin duda lo que se narra en Los silencios de Hugo no solo es complejo, sino también muy conflictivo y delicado, y sin embargo Inma Chacón es capaz de entretejer una trama sin fisuras.  

El dilema del respeto a la privacidad de los enfermos. 

El primer tema, y sin duda el más evidente que trata la novela es, como cita el propio título, la decisión de Hugo de guardar silencio sobre su enfermedad. En ese punto la obra nos plantea una interesante disyuntiva: ¿es egoísta el no contarle a tu familia que tienes una enfermedad incurable? ¿o lo es exigirle a tus más allegados que se abran al respecto, exponiéndose de esta forma al desprecio del resto y a generar conflictos donde no los hay? 

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La soledad es un hueco donde se alarga la noche. 

No hay una respuesta e Inma Chacón claramente no toma partido tampoco en la novela. La obra, cargada de claroscuros, cuenta con un abanico riquísimo de personajes, cada uno con sus propios demonios y opiniones, que actúan movidos por su lógica interna. Olalla y otros personajes le echan en cara a Hugo la decisión que ha tomado, pero es posible que su rabia se deba más bien a una proyección que hacen sobre la idea de perder a Hugo o a la necesidad que tenemos todos en Occidente de contar con toda la información por nuestra insolente creencia de que somos capaces de controlar o modificar lo inevitable. 

Occidente, con su individualismo imperante, está cargado de egos, y así lo expone Los silencios de Hugo. Cada personaje toma diferentes y en ocasiones radicales reacciones ante el conocimiento de la enfermedad del protagonista. Desde el propio Hugo, que decide aislarse y privarse de cualquier tipo de muestra de afecto, siendo al mismo tiempo la persona más generosa y egoísta del mundo; hasta la propia Olalla que le echa en cara que esconda su dolor cuando ella lleva haciéndolo desde hace años debido a la cojera que le provocó la polio. 

Es egoísta porque toma la decisión unilateral de valorar la capacidad de su hermana de involucrarse emocionalmente en su vida; porque le miente sistemáticamente y cae en técnicas de gaslighting agresivas capaces de sacar a cualquiera de quicio. Y sin embargo, no podemos evitar comprender que su determinación nacía de un propósito bienintencionado producto de su experiencia personal. 

Esta necesidad de controlar toda la información, este individualismo que nos hace saltar a conclusiones tan agresivas sobre la confianza que le merecemos a una persona que ha decidido no contarnos que se muere, es un problema endémico de Occidente que trata Inma Chacón con gran agudeza y acierto. Si os interesa este tema, la película china The farewell centra todo su argumento precisamente en esta premisa. 

La construcción de personajes 

Los silencios de Hugo no habría funcionado sin una magnífica e impecable construcción de personajes, y de nuevo, es algo en lo que la autora destaca maravillosamente. Tanto Hugo como Olalla son muy coherentes frente al pasado que nos irá narrando y sobre todo están cargados de defectos que los humaniza y que convierte todos los errores que cometen en actos plausibles y creíbles. Así, Olalla es incapaz de pedir perdón al resto porque su enfermedad la ha convertido desde pequeña en la víctima que siempre tiene razón; mientras que la infancia de Hugo, en la que fue ninguneado por sus padres y en la que se le culpó en todo momento de los sufrimientos de la niña, le llevó inevitablemente por el mal camino. 

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Hugo nunca la culpó por no haber sabido mirar en otra dirección; más bien al contrario, se acostumbró a que Olalla necesitase todos los cuidados. Había que protegerla. Él mismo se sentía también obligado a hacerlo; después de todo, suya era la culpa de su contagio. 

No es extraño leyendo esto que, siguiendo la cuadriculada forma de pensar de Hugo, decidiera protegerla también de la horrible verdad que a él se lo comía vivo día tras día. 

Al mismo tiempo, Inma Chacón decide no caer en estereotipos ni proteger a los allegados a los protagonistas de actitudes moralmente reprochables. Así, sin caer en spoilers innecesarios, veremos todo un espectro de diferentes reacciones al enterarse de la enfermedad de Hugo: desde la más comprensiva y dulce hasta los accesos irreflexivos de violencia basados en temores infundados que convierten a personajes hasta entonces adorables en auténticos monstruos. 

La sensibilidad de un amor no heteronormativo

La vida y el pasado de Hugo están marcados por una relación heteropatriarcal y sumamente violenta. Francisco, el progenitor, le impone a Hugo un modo de vida católico y represivo que no casa con su hijo y se desentiende de sus verdaderos sentimientos, además de marcarle un camino académico totalmente retrógrado. 

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Mientras tanto, el niño se hacía cada vez más invisible. De la invisibilidad pasaría al intento de control de su padre, a sus constantes imposiciones y a los chantajes emocionales de doña Aurora para que su marido no se disgustara y sufriera una crisis cardíaca: había que ir a misa todos los domingos y fiestas de guardar porque así lo mandaba la santa Iglesia, estudiar el bachillerato superior de ciencias porque el de letras era para las niñas, llevar siempre el pelo corto porque las melenas eran de afeminados, y procura no ser una carga para sus padres porque ya tenían bastante con la enfermedad de Olalla. 

Por eso, en el momento en el que Hugo es capaz de tomar sus propias decisiones, opta por rechazar violentamente el término de “novia” y “mujer”, oponerse al papel de “padre” que le reservaba la sociedad o replantearse totalmente la forma de amar. La presencia de Helena, prohibida, intocable, pondrá precisamente a prueba todo lo que Hugo lleva reprimiendo y controlando desde hace doce años. 

La privilegiada óptica que nos ofrece el personaje, creciendo el plena transición española, en el momento en el que los universitarios hablaban de revolución y se unían a los grises nos permite ver la etapa de la entrada de la droga indiscriminada en España y de la falta de información que había al respecto. No existen los demonios en la obra de Inma Chacón: la autora no criminaliza ni culpabiliza a ninguno de los personajes y hace gala de un enorme ejercicio de empatía al mostrarnos los diferentes puntos de vista, diametralmente opuestos de uno y de otros, en cada pequeña toma de decisiones. Cómo ante la enfermedad algunos buscan un culpable, otros se victimizan como si fueran el protagonista de una escena de teatro y los últimos deciden echar una mano. Cómo crece el amor en el respeto, la tolerancia y el entendimiento mutuo y cómo este a menudo no necesita ir acompañado de explosivos momentos sexuales para culminar en algo hermoso. 

Mi opinión sobre Los silencios de Hugo

Los silencios de Hugo es una obra acertadísima que visibiliza y pone de relieve lo durísima que es una vida, ya no solo enfermo sino cargada de silencios, de miedo y de culpa, de la incapacidad de compartir una tapa del mismo plato o incluso un abrazo. La novela se carga de una soledad desgarradora y asfixiante que sin embargo se deja ver, leer y reconocer de manera rápida y sencilla.  

La autora borda maravillosamente los momentos de tensión, la necesidad de control por parte de un lector al que las páginas le queman, deseoso de saber qué ocurre con Hugo y dónde está Olalla desde el principio de la obra. Así, el argumento comienza en forma de un pico que se va suavizando hasta lograr que el lector se sienta a gusto con la comodidad de una vida monótona y casera que poder destrozar de la noche a la mañana como si ocurriera en la vida real. 

Los silencios de Hugo es un libro duro, pero necesario, capaz de romperte un poquito el corazón al leer tanto el epílogo como cualquier diálogo de una Helena optimista hablando del destino. El tono poético de la autora se repite por momentos para regalarnos frases de una certeza literaria y emotiva esclarecedora. Y mientras tanto tú como lectora te agarras no demasiado fuerte a las tapas duras del libro, sintiéndote pequeña, sintiéndote frágil y creyendo que en cualquier momento un soplo del destino puede llevarse por delante tu vida. Y entonces te das cuenta de lo absurdo que es hacer planes maniáticos para que todo salga bien. Y no dejas de preguntarte ¿sería yo capaz de guardar silencio? 

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