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NOTA: 6

La sangre de los crucificados, opinión de la primera obra de Félix Modroño

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Imágen destacada - La sangre de los crucificados, opinión de la primera obra de Félix Modroño

Escondido debajo de una portada cualquiera en una edición más que agotada, la primera obra de Félix G. Modroño espera a que alguien con suficiente pasión por la novela histórica lo descubra. No es en absoluto fácil hacerlo y si no fuera porque era la lectura designada en el podcast del Certamen Internacional de Novela Histórica 'Ciudad de Úbeda' yo misma no lo hubiera hecho. Sin embargo, gracias a ello, he podido introducirme en uno de los thrillers históricos más cotizados en la reventa de España. 

Hoy os hablo de esta novela que esconde un comienzo prometedor de la carrera de un autor ya más que consolidado. 

Argumento de La sangre de los crucificados

España, finales del S.XVII. Fernando de Zúñiga, doctor en Salamanca, acude a la llamada del obispo Balmaseda para investigar la misteriosa aparición de un cristo tallado con la cara de un hombre asesinado. En cuanto el vizconde llega a su destino descubrirá que detrás de tal morboso asesinato se esconde una serie de horribles crímenes que le obligarán a recorrer, al lado del joven e impresionable Pelayo, Salamanca, la corte madrileña, Zamora y para acabar, una Sevilla que bulle de actividad artística y cultural. 

Un poco más sobre el contexto y la obra 

La sangre de los crucificados nació alrededor de una antigua leyenda sevillana: y es que se cree que uno de los Cristos más venerados de la Cofradía del Cachorro fue tallado a imagen y semejanza de este trágico cantaor que en su día fue asesinado. Así, el autor coge el testigo de Francisco Ruiz de Gijón, el cual se dice que quedó tan impresionado con el gesto moribundo del cantaor que lo esculpió en el rostro del Cristo que estaba esculpiendo, para contarnos una historia a medias entre thriller y novela histórica agotada en todas partes. 

La sangre de los crucificados se enclava como la apertura de la historia del ambiguo personaje don Fernando de Zúñiga, el cual aparecerá en obras posteriores del autor obteniendo un pasado más enriquecedor con cada entrega. Así, la obra da pie a que los lectores del autor conozcan a este investigador aficionado a los anagramas que luego veremos también en Muerte Dulce y en Sombras de Agua.

Esta primera obra que nació en forma de relato largo antes de pasar a ser una novela la publicó Algaida con una portada lamentablemente muy poco favorecedora (es la que podéis ver en Amazon) antes de plantearse una mucho más acertada reedición en el 2016. En esta última se inspiraron en la portada de La sangre de los inocentes para atraer más las miradas de los potenciales lectores. 

Lo que está claro es que hoy en día es complicado hacerse en papel con esta primera novela, por lo que si esta reseña os abre el apetito, os recomiendo que la busquéis en tiendas de segunda mano o que os hagáis con ella en la versión en digital. 

Una primera obra prometedora

Uno no puede evitar darse cuenta de la enorme falta que le hacía a La sangre de los crucificados una revisión de un editor cariñoso y pulcro.Y es que la obra cuenta con dos grandes baches que pueden impedir que el lector se anime a profundizar en el núcleo de la misma, y es una auténtica pena ya que el libro es muy entretenido. 

La edición en PDF que yo he podido leer cuenta con pequeños detalles que de alguna forma deslucen el proceso de lectura como la falta de rigor con los pies de página o el hecho de que el correo electrónico editorial que aparece sea un simple gmail. Una buena editora se habría sentado frente al autor y le habría recomendado replantear un arranque de obra extremadamente rápido o un final que deja prácticamente todas las tramas en el aire. 

Ninguno de estos consejos se le dieron en su momento a Félix G. Modroño y eso, desgraciadamente,se nota. La obra de aventuras tarda en arrancar y siempre tienes la sensación al empezar de que te estás metiendo en un libro completamente diferente a lo que te encontrarás 90 páginas más adelante. 

Y es que, si le das una oportunidad, el interior no está nada mal. Félix G. Modroño construye una trama entre el thriller y las obras de aventuras caballerescas que resulta entretenida de leer y que aporta mucha luz a una época cargada de inseguridad ciudadana y de inestabilidad para la monarquía. Fernando de Zúñiga, el protagonista, es el típico héroe masculino de novela histórica que echa de menos a su mujer (a la cual compara continuamente con una santa) y que atraviesa una España convulsa sin que ningún bandido o malandrín sean capaces de afectar en ningún momento su honra o de manchar su jubón. 

En ese sentido, el autor introduce al joven Pelayo, un chico huérfano y avispado, para acompañar al protagonista y contar con un recurso de diálogo sencillo que explique ciertas casuísticas históricas y que, por qué no, recuerda al compañero que tienen todas las novelas clásicas del renacimiento literario español como El Lazarillo de Tormes o, previamente, El Quijote de la Mancha.  

El vizconde verá su pasión por resolver acertijos y enigmas puesta en buen provecho al recibir el encargo de investigar una serie de asesinatos que, como muy bien apuntilló Pablo Antonelli en el podcast del Certamen de novela histórica de Úbeda, es producto de una mente enferma contemporánea y que no tiene del todo lugar en el Barroco en España. Sin embargo, eso realmente no obstaculiza la lectura de una obra en la que la investigación del asesino no es más que una excusa para retratarnos una novela de aventuras. 

Así, Félix G. Modroño realiza una certera reconstrucción de una España colonial pero insegura en la que los súbditos vivían hacinados en ciudades gobernadas por la falta de higiene y la amenaza de la Inquisición. El autor no puede evitar, de cualquier manera, introducir algún anacronismo o comentario profético valiéndose de su conocimiento de la época para realizar un pequeño chiste con el que el lector se sienta identificado. Así, en lugar de darle a Fernando y a Pelayo personalidades típicas del momento (Fernando, a pesar de colaborar activamente con la Inquisición es un hereje de tomo y lomo, así como un médico talentoso y un hombre completamente contrario a las teorías de las sangrías y humores de su época, lo cual resulta muy conveniente para que el lector empatice con él), decide suavizarlas para hacerlos más atractivos a la tónica y ética contemporánea. 

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Sin duda, lo mejor que hemos traído de las Indias. Mucho mejor que los galeones de oro. El dinero terminará acabándose, pero el chocolate lo disfrutaremos durante siglos - vaticinó el vizconde, medio en serio, medio en broma. 

Porque está claro que el autor se sentía más cómodo en aquel momento como escritor de novelas históricas de aventuras que a la hora de preparar un thriller. Así, la investigación de los asesinatos es solo una excusa para poder llevar a Fernando y a Pelayo por una España supersticiosa y a menudo inculta que los reciben siempre con los brazos abiertos en cuanto comprueban la abultada bolsa del protagonista. Esto le permite al autor saltar en el tiempo para narrar pequeñas curiosidades históricas sobre las que él mismo avisa en el epílogo se toma alguna licencia pero que resultan del todo interesantes. Así conoceremos datos tan interesantes como el tipo de droga y los procedimientos de las misas negras de las brujas, la rumoreada condición de hermafrodita de Carlos II o incluso veremos nombrados a grandes personajes históricos como Murillo o Velázquez. 

Las brujas y la Inquisición 

Eso no impide que el autor haga un pequeño esfuerzo para retratar a la Inquisición, que en aquel momento gobernaba a los españoles. Así, Félix G. Modroño mostrará de lejos los horrores de esta institución, hablándonos de sus dirigentes y de la famosa quema en el S. XVII que sirvió como ostentación de fuerza y poder. A pesar de ello el autor opta por pasar de puntillas sobre este trágico suceso de la historia, sin entrar en descripciones pormenorizadas sobre lo fácil que era caer preso de esta organización y las torturas a las que sometían a los capturados para que confesaran cualquier cosa. Da la sensación de hecho, conforme lees la obra, de que el vizconde Fernando de Zúñiga nada tiene que temer de ellos, dedicando sus noches a la lectura de libros prohibidos y a estudiar todo tipo de artes perseguidas. 

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En los círculos eclesiásticos era conocida su amistad con don Diego Sarmiento de Valladares, el Inquisidor General, lo que provocaba respeto y envidia a partes iguales. 

Es fascinante sin embargo cómo introduce la figura de los aquelarres de las brujas y sus rituales nocturnos en mitad de esta historia y cómo resume rápidamente la única y verdadera razón por las que estas existían: por culpa de haber sido apartadas de los asuntos de la iglesia. 

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[...]escribió el Tratado de las supersticiones y hechicerías por encargo del obispo de Calahorra. Decía que Cristo apartó a las mujeres de la administraciónn de sacramentos, por eso se acercan al diablo, que les da más autoridad. También decía que son más curiosidad, más ligeramente engañadas, más parleras, más sujetas a la ira y más vengativas. 

El libro avanza sostenido sobre las bases de un clarísimo talento como autor que en su momento tenía que ser pulido arriesgándose con el desarrollo de los dos personajes principales: el vizconde y Pelayo. En ese sentido, aferrándose a la tradición aristotélica de presentar siempre al maestro acompañado de alguien menos ducho que le deba lealtad y al que explicarle los diferentes pormenores, Féliz Modroño esgrime un tierno y entrañable personaje secundario que arrebata el corazón mucho más que el señor al que sirve.  

En un intento por mostrarnos las diferentes caras de ambos, al final de la obra el autor toma la osada decisión de revelarnos parte del pasado de uno y de emborrachar perdidamente al vizconde haciendo que se comporte de una forma cómica pero que no me acabó de encajar con el propio personaje. Tras leer trescientas páginas sobre la ética laboral del vizconde y tras vivir su obsesión por encontrar al asesino, me resultó incomprensible que al final de la obra decidiera, un día antes de tenderle la trampa a este jugoso botín, cogerse una cogorza de padre y muy señor mío. 

En el Instagram de Momoko podréis ir viendo storys como esta con el proceso de lectura de las obras. ¡ No dudéis en seguirme si queréis enteraros de todo

Mi opinión sobre La sangre de los crucificados 

Como claramente he dejado traslucir más arriba, La sangre de los crucificados es una buena primera novela. A lo largo de mi vida he tenido la desgracia de leer obras de autores consagrados que no estaban a la altura de esta pequeña narración sobre el vizconde de Zúñiga y es cierto que Pelayo ha conseguido llegarme al corazón. 

La obra se lee rápido, tiene un ritmo muy ágil pero desgraciadamente cuenta con esos pequeños defectos al principio y al final que deslucen un poco la experiencia. Personalmente creo que es una introducción magnífica al mundo editorial por parte del autor y no podemos olvidar que otros escritores consagrados como Andy Weir empezaron publicando obras que simplemente no estaban a la altura de su público potencial, por lo que le daré una oportunidad futura quizás a Sombras de agua o a Muerte dulce. Mientras tanto, si tenéis curiosidad, os animo a que leáis las primeras páginas de La sangre de los crucificados en la web del autor. 

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