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El saqueo de Roma, opinión de un libro que narra la venganza del rey Alarico

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Imágen destacada - El saqueo de Roma, opinión de un libro que narra la venganza del rey Alarico

El Saqueo de Roma es una novela histórica escrita por Pedro Santamaría, el autor detrás del éxito superventas de Godos publicada por Ediciones Pàmies. En esta nueva obra, Pedro recupera del olvido la figura de Flavio Estilicón, poderoso general romano; y la del rey godo Alarico, responsable del primer saqueo que sufrió Roma en 800 años y protagonista de uno de los episodios que profetizaron la caída del imperio romano. 

Argumento de El Saqueo de Roma. 

Todo empezó con una batalla ganada, aunque es necesario puntualizar quién fue realmente el vencedor. Frente a las tropas del Usurpador, el emperador Teodosio decide matar dos pájaros de un tiro y envía al inocente pero altamente competente Alarico, dux gothorum de Tracia, y a sus veinte mil hombres a una muerte segura. De esta forma, el famoso y pío emperador hispano, se aseguraba la victoria y la popularidad de las clases populares en una Roma que recelaba cada vez más del poder de los bárbaros.

Sin embargo, esta decisión no estaría exenta de consecuencias, y ante la muerte de Teodosio un par de años después, los godos deciden que ya han sufrido suficientes humillaciones por parte del Imperio Romano. Al frente de una comitiva de godos nómadas, Alarico parte hacia Constantinopla para exigir los derechos mínimos que cree que merecen. 

Imágen destacada - El saqueo de Roma, opinión de un libro que narra la venganza del rey Alarico

Mientras tanto, el Imperio vive su propia situación cargada de tensión: en Oriente el emperador Arcadio se niega a reconocer a Estilicón y a Serena como sus tutores y permite que ministros y eunucos lo manipulen a su antojo; y en Milán la propia Serena, custodia del joven emperador Honorio, empezará una serie de tramas y conspiraciones para hacerse con el poder de todo Roma. 



Una novela sangrienta, rápida, polvorienta y fácil de leer 

Es la primera vez que cae en mis manos una novela de Pedro Santamaría, y es inevitable decir que El saqueo de Roma me ha satisfecho en cada uno de sus puntos. A pesar de la complejidad de los sucesos que narra y relata y del extenso período de tiempo en el que se sitúa la novela, Pedro Santamaría consigue colocar todas las piezas sobre el tablero y sentar las bases de un amplio abanico de personajes sin confundir al lector. A diferencia de otras novelas del género en las que es necesario continuamente consultar un epígrafe con el nombre y la función de los personajes para no perderte, en El saqueo de Roma estos se introducen de forma orgánica y coherente, dotando a cada uno de una personalidad diferenciada sin necesidad de abrumarnos con las descripciones. 

Días después, envuelto en el jocoso griterío de los ciudadanos de Milán, Estilicón entraba victorioso en la ciudad a la cabeza de las tropas que habían vuelto de África. 
Mientras tanto, en un tranquilo recodo del río Po, un pastor encontraba, entre el fango y a merced de la corriente, el cuerpo hinchado y azul, moteado de picotazos de peces, de un hombre ahogado, un joven de piel tostada que aún llevaba encima su pesada y rica cota de malla.

De esta forma, el autor no desperdicia ni una sola línea en hablarnos del color de los ojos de los personajes, aunque sí de su armadura y de su vestimenta: símbolo de su posición en un momento de la historia en el que no solo era importante ganar las batallas, sino también volver a Roma aparentando ser un vencedor. Así, poco a poco nos va desgranando la vida de personajes históricos tan controvertidos como Flavio Estilicón, del que se dice que fue uno de los generales más capaces del imperio romano; Eudoxia, la mujer de Arcadio; el emperador Honorio, Ataúlfo o, cómo no, el rey de los godos, Alarico. 

Reproducción de Alarico. Documental del Canal Historia

La obra, sin embargo, no se regodea en el sufrimiento o los grandes actos de estos hombres, sino que los humaniza hasta el punto de conseguir empatizar con ellos y de tener la perpetua sensación de que pasaron a la historia sin ni siquiera pretenderlo. De esta forma, los ves tomar decisiones erróneas o imprudentes, lamentarse por los sucesos y, sobre todo, los acompañarás en muertes injustas, tumultosas, rápidas y descaradas que a menudo te dejan con una sensación de pérdida y de injusticia que tan bien se acoplan con la realidad del Imperio de la época. 

Un ritmo rápido y acelerado con una narración muy contemporánea

Los capítulos de la obra son increíblemente cortos y acelerados: al tener que cubrir dieciséis años en los que cada batalla, enfrentamiento y carta son decisivas para el final, el libro no se detiene nada más que en momentos muy puntuales de la trama, especialmente para describir una batalla, un movimiento audaz con el ejército o simplemente introducirnos nuevos escenarios con personajes influyentes para la obra. 

¿Dudó Alarico? Un instante. Un mínimo latido. 
—Vamos allá —dijo, y espoleó a Magog.
Quería ser el primero en cruzar el río. El primer hombre, del primer ejército extranjero que cometía la osadía y el sacrilegio de pisar el sagrado solar de Italia desde hacía siglos. 

Este ritmo frenético, tan al gusto de la novela contemporánea, hace de El saqueo de Roma una introducción perfecta a la novela histórica, especialmente si no tienes demasiada experiencia con obras ambientadas en el turbulento periodo romano. Sin embargo, esto es también un arma de doble filo, ya que esta celeridad que hace tan disfrutable los acontecimientos políticos, también genera una sensación vacío cuando personajes con grandes aspiraciones y a los que llevas acompañando más de cien páginas, mueren en dos párrafos. Aunque algunos de ellos (traidores, eunucos, ministros, compañeros, etc.) tienen muertes completamente razonables, eché mucho de menos ver los momentos en los que se apaga la luz de la vida de otros personajes a los que les cogí mucho cariño y de los que tuve que asistir a cómo me los arrebataban de forma violenta. 

Una Roma que ya no es gloriosa, aunque se empeña en serlo 

A diferencia de otras novelas sobre el Imperio Romano que giran alrededor de figuras por todos conocidas (Julio César, Constantino o Cleopatra), El saqueo de Roma recoge uno de los momentos más convulsos de su historia: uno en el que los grandes hombres son apartados y perseguidos por envidias y rencores; en el que los emperadores son tan débiles debido a haber heredado todo su poder que ni siquiera son capaces de gobernar; y en el que las mujeres conspiran y recelan unas de otras. 

En este contexto, el autor va dejando diferentes pistas, sensaciones y comentarios que nos hacen ver que Roma no es, ni la potencia de antaño, ni mucho menos indestructible. A pesar del miedo que Alarico le tiene al imperio, del cual afirma en varias ocasiones que «no puede ser vencido», repitiendo el mantra de que «Roma prevalecerá», varios pasajes nos muestras un escenario resquebrajado por las persecuciones, el odio y, en parte, por la ascendencia del cristianismo. 

—En ese caso, prométeme una cosa. —El romano volvió a asentir—. Vuelve a casa y cuenta lo que ha ocurrido aquí hoy. No te ahorres detalle. Habla del miedo que pasaste, cuenta que un puñado de godos derrotaron a mil romanos y di que el mismo Alarico te perdonó la vida. 

De esta forma, continuamente el autor nos hace referencia a este abandono a través de las descripciones de las estatuas de los dioses abandonadas por las calles de Constantinopla para decorar; la falta de sacerdotes que sepan realizar los antiguos ritos o incluso la devastadora imagen de un ejército godo entrando en Atenas y contemplando los grandes edificios y templos cerrados y abandonados a su suerte. 

Una de las imágenes más evocadoras en ese aspecto se muestra cuando Gala vuelve a Roma a hospedarse en el palacio donde antaño durmieron grandes emperadores, solo para encontrárselo “habitable” pero rancio, sucio y polvoriento, abandonado y olvidado por todo y por todos. 

Reproducción del emperador Honorio por John William Waterhouse

Y es que el contexto de El Saqueo de Roma es mucho más complejo de lo que en un primer momento podría parecer, y aunque se dan pinceladas de los conflictos pasados, se obvia entrar en detalle en estos por cuestiones lógicas de duración de la novela. Desde la persecución de los católicos hacia los arrianos, que se enfrentaron en varias ocasiones pasadas; hasta la colosal pérdida de poder del Senado por parte de los emperadores o la cesión del puesto de mayor autoridad de los emperadores en pos de Dios, y por tanto, de sus principales enviados. 

Roma siempre ha pertenecido a las masas y a la opinión pública, siempre capaz de cambiar de bando y de parecer con la rapidez con la que se gira una veleta al viento. De esta forma, Pedro Santamaría nos muestra cómo el pueblo romano es capaz de amar a un rey bárbaro que los estuvo matando de hambre durante meses solo porque permite que entre algo de trigo; o incluso cómo se vuelven en contra de cualquiera al que aclamaban semanas antes. Y sin embargo, no todos los personajes comprenden el poder de la opinión pública: Eudoxia, por ejemplo, la mujer de Arcadio, se verá en verdaderos problemas cuando el obispo de la ciudad la repudia por fornicio; mientras que Serena busca desesperadamente mostrar a su marido como el custodio no solo de Honorio, sino de toda Roma. 

—Te adoran —dijo Estilicón, alzando la voz para superar el incesante griterío. 
—No te engañes, amigo mío. Lo que adoran es la victoria y el espectáculo —dijo el emperador sin dejar de sonreír—. Si hubiera ganado el usurpador, le dispensarían el mismo recibimiento. 

Mujeres y personalidades en la obra 

Los personajes en El saqueo de Roma están fantásticamente bien construidos y perfilados sin necesidad de caer en descripciones detalladas sobre su aspecto físico y las motivaciones de los grandes constructores del argumento son claras y coherentes. Sin embargo, hay que hacer especial hincapié en Eudoxia, Gala y Serena, las tres mujeres principales del argumento. 

A pesar de estar diametralmente opuestas en todo y de vivir en una época en la que las mujeres eran poco más que un accesorio reproductor, las tres se desenvuelven con sutileza, inteligencia y de una forma sibilina e inteligente. Sin embargo, sí que es cierto que no se ven demasiadas diferencias en los caracteres de una y de otra: tanto Gala al final de la obra como Serena se muestran capaces de asesinar a sangre fría y de amar a la persona indicada; y Eudoxia se desvive de atención por sus hijos. Sus artes sibilinas y el hecho de que las tres sean tan inteligentes hace que se mimeticen sus conversaciones por momentos. Quizás si hubiéramos asistido a alguna de las orgías organizadas por Eudoxia o si Gala o Serena tuviesen manías particulares, se diferenciarían más. 

Mi opinión y el regusto polvoriento que me ha dejado El Saqueo de Roma

Tras leer El saqueo de Roma lo más normal es que sientas el peso de la historia clavándosete en las costillas y dejándote sin aire. Y es una sensación muy agridulce. Leer acerca de la historia de Estilicón y de Alarico y ver cómo al final, hombres de tal calibre desaparecen en el polvo de la historia, sumados a las traiciones a las que tendrás que asistir, impotente, con el libro en las manos, es absolutamente desgarrador. 

Pero eso no quiere decir ni mucho menos que no debas leer El saqueo de Roma: su ritmo rápido, la forma tan magnífica que tiene de presentarte a la historia y el peculiar sentido del humor que tiene Pedro Santamaría y que empapa ciertos momentos de la novela la convierten en una de esas obras que no puedes hacer otra cosa que recomendar a cualquiera con el que te cruces. Un libro que ha sido capaz de abrirme el apetito y empujarme corriendo a ver el resto de la bibliografía del autor. 


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La Insomne

Jefa de redacción y fundadora de Momoko.es

Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo. Doy clase de diseño, subo vídeos a Youtube, trabajo de jefa de proyectos en @pululart y escribo artículos para @mundogamers y @gameit_es. Momoko es mi pequeño proyecto y lo quiero con todo mi corazón.


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LIBRO

9

Portada libro - El saqueo de Roma

Año 394 d. C.

Los godos han vuelto a ser traicionados por Roma. Diez mil de sus mejores guerreros yacen muertos a orillas del río Frígido, sacrificados sin escrúpulos como fuerza de choque por el emperador Teodosio en su lucha contra el magister militum franco, Arbogastes. Los godos vuelven a convertirse en un pueblo errante que parece condenado a diluirse en la historia. Será un joven caudillo, ...

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