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NOTA: 7

El demonio de Próspero, opinión: un exorcista y un diablo susurrando en tu cabeza

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Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo. Do...


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Imágen destacada - El demonio de Próspero, opinión: un exorcista y un diablo susurrando en tu cabeza

Imagina que en realidad, la Biblia tenía razón. Imagina por un momento que todos nos debemos a un dios supremo que todo lo controla y que a nuestro alrededor decenas de miles de seres incorpóreos se introducen en nuestras mentes y cuerpos y nos obligan a realizar las más viles y perversas acciones.

Imagina que las posesiones demoníacas dejasen de ser un mito o un chivo expiatorio para formar parte de cierto conocimiento privado que se transmite solo entre los más poderosos.

El demonio de Próspero, un librito de casi cien páginas publicado recientemente por Red Key Books, es una obra oscura e irónica que nos pone en la piel de un sacerdote sin vocación ni elección que patrulla un área en busca de los demonios que pueblan su territorio. El libro, mordaz e incisivo, nos introduce en el protocolo y el día a día de un hombre atormentado que se dedica, precisamente, a arrancar del cuerpo de las víctimas los demonios que moran dentro. Pero ¿qué ocurre cuando la ética te hace dudar si sería mejor dejar que un demonio morase en el cuerpo de un humano? ¿Hasta dónde llegan las capacidades de los hombres sin el susurro constante de la genialidad demoníaca?

Argumento de El demonio de Próspero

Desde que era un niño era capaz de ver los demonios en el cuerpo de la gente. Con una fuerza absolutamente descomunal, una autoridad absoluta y sin prácticamente ni un solo real en el bolsillo, el protagonista de El demonio de Próspero dedica sus días a patrullar un territorio, arrancar demonios del cuerpo de los hombres y mujeres poseídos, y marcharse a otra parte.

TODO
TODO
TODO

Su trabajo, monótono y repetitivo, no le granjea ningún tipo de gloria o reconocimiento: muchas veces, al expulsar a los demonios, los humanos acaban estallados y sus cuerpos manchan de sangre las manos de un hombre que prácticamente es incapaz de sentir nada.

Esto es así hasta que de pronto, un día, se encuentra con un demonio femenino dentro del cuerpo del mayor filósofo e inventor vivo. Desterrarla implicaría una gran pérdida para la humanidad pero ¿acaso no estaría contraviniendo todo por lo que ha luchado a lo largo de su vida si decide escuchar a sus razones? ¿Es posible que los demonios instalados en el cuerpo de los hombres aporten cosas positivas para el resto?

Una novela corta, caótica, oscura y cargada de matices

El demonio de Próspero es una maravillosa y oscura novela corta publicada por Red Key Books: la nueva editorial que apuesta por nombres conocidos en el panorama internacional. No es por tanto de extrañar que hayan apostado por K. J. Parker, ganador en dos ocasiones de la World Fantasy Award.

A través de este relato impreso en tapa blanda y con una cubierta simplemente maravillosa (obra de Andrés Sáez), la editorial nos traslada a una historia poblada por demonios rastreros sin forma ni género definido que moran en el interior del cuerpo de las personas y que echan raíces en su interior.

No es una historia de terror, aunque su alma sea oscura, cenagosa y agotada, cargada de un sinfín de símbolos bíblicos y de metáforas al alcance de solo aquellos que se paren a leer con cuidado el texto. Así, K.J. Parker nos presenta un protagonista sin nombre que representa por sí mismo a toda la humanidad. Este exorcista, propenso a la violencia desde pequeño, obsesionado por meterse en peleas y completamente agotado de vivir un día sí y otro también en un trabajo que simplemente no tiene fin, es un símbolo encarnado sobre el ethos del hombre en cualquier momento de la historia del tiempo: agresivos por naturaleza, jerárquicos, obsesionados con encontrar un propósito a una vida en la que el trabajo parece no acabar nunca y donde no hay demasiada satisfacción tras repetir una y otra vez una tarea banal.

Esta visión negativa, oscura y, por qué no, seductora de la humanidad queda claro desde las primeras páginas cuando nos explica cómo dentro de la jurisdicción donde el exorcista se mueve, la pena por ejercer la prostitución es una mañana en el cepo, convirtiendo el castigo en una humillación y asunto público lo cual deja clara la crueldad humana.

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“Hago cosas terribles. A mis enemigos, a los de mi propio bando, a mí mismo. Con ello salvo a un gran número de desconocidos de lo peor que le puede acaecer a un ser humano. Me gustaría decir que lo hago porque soy uno de los buenos, pero si lo dijera me calaríais de inmediato.”

Asímismo, el protagonista, como adalid de la humanidad y representación del ser humano, repite continuamente, especialmente al principio de la narración, que él no tiene la culpa de ningún mal o dolor que cause, recordándole al lector la capacidad que tenemos los seres humanos de resbalarnos la responsabilidad de nuestros actos y practicar la doble moral.

"

No era culpa mía, decidí. Nunca era culpa mía. Siempre Suya.

Así, el exorcista se transforma en un cazador que, a golpe de sotana y con un planteamiento similar al de un lobo, rastrea y ronda por un territorio extenso en busca de unos demonios a los que solo puede expulsar del cuerpo, pero nunca matar. El dolor, presente en la obra, no es más que un conducto que une al sacerdote y su presa y que se comporta como una espada de doble filo: si arranca de forma bruta al demonio del cuerpo de alguien, el dolor lo compartirá también la víctima de la posesión, provocando que muchos de los exorcismos acaben en un paroxismo de violencia, huida, esconder el cadáver y vuelta a una vida en completa soledad.

"

Nadie desea ser ese perro —otra cosa que no tenemos es ambición, sería como abrirse paso a empellones para colocarse el primero en la fila del cadalso.

Así pues, nos enfrentamos al pesimista pero épico mensaje de K.J. Parker donde todos aquellos que luchen contra el mal, están condenados no solo a inflingirlo sino también a ser rechazados por el resto de la sociedad. Es lógico, por tanto, que esta narración en primera persona sea tan caótica y desordenada ya que se basa en recuerdos, vivencias, pensamientos y ocurrencias varias que pasan por la cabeza del exorcista a lo largo de los días conforme va en busca del demonio que sabe que mora el cuerpo del heredero del duque de la región. Esta narración se plaga de simbolismos, referencias a la Biblia, algunas alusiones a un extraño y oscuro worldbuilding ambientado en la Europa del S.XV o S.XVI y, cómo no, una ironía y humor negro cargado de sarcasmo que te arrancará más de una sonrisa.

 

TODO
TODO

Conversaciones con nuestros demonios interiores.

Los demonios de la obra son simplemente magníficos. Su presencia, familiar y de alguna extraña forma tranquilizadora, choca de frente con la naturaleza diabólica que se supone que tienen. Y es que en un contexto de impotencia y egoísmo humano, conversaciones bruscas y violentas y ambientes poblados por charcos, desigualdad y pobredumbre, los demonios siempre se muestran extremadamente cordiales en sus diálogos con Próspero.

Y es que la relación entre el exorcista y estos pequeños diablillos es más simbólica de lo que parece: no tienen un cuerpo definido, ni género, reglas o jerarquías claras entre ellos. Y sin embargo, siempre han estado entre nosotros. Su forma vaporosa, tan bien reflejada en la cubierta, hace que uno no pueda evitar comparar a estos demonios destructivos con enfermedades mortales o trastornos mentales que donde a unos causan tanto dolor, en otros son simple y sencillamente una señal de genialidad.

Sus conversaciones mentales con el exorcista, plagadas de ironía y de una negociación aparentemente afectuosa, te lleva a preguntarte inevitablemente si son ellos tan terribles y nosotros tan buenos.

"

Dame un respiro, dijo.

Fuera, dije yo.

Acabo de llegar.

Mala suerte.

Cinco minutos, ¿vale? Dame cinco minutos y luego me marcho.

Fuera, repetí.

Alrededor de su presencia y como parte del worldbuilding de la obra se esconden símbolos biblícos y satánicos por toda la narración, ocultos como parte de un discurso. Así, el sacerdote nos cuenta que «…me lavé a fondo, me cepillé los dientes a conciencia (primero con hollín y luego con mirra y menta)».

El hollín podría parecer una referencia al infierno, siempre ardiendo y generando polvo y ceniza, pero en realidad es un símbolo de la decadencia bíblica. En el libro de la lamentaciones 4:7-8 se menciona que:

«Los líderes de Jerusalén antes más puros que la nieve y más blancos que la leche; se degradaron. Ahora están más negros que el hollín y nadie los reconoce; su piel se adhiere a sus huesos y está más seca que la leña.»

Quizás es esta una referencia velada a la degradación de la humanidad y del propio exorcista que, tras vivir rodeado de inmundicia, violencia y egoísmo, acaba como su propia orden, más negro que el hollín.

Asímismo, la mirra, el regalo de Baltasar, realmente representa a Dios como hombre ya que es un material empleado en la antigüedad para embalsamar a los muertos. Por último, la menta puede ser o bien una referencia a la pasta dental u otro camino hacia la Biblia, en especial a Mateo 23:23 cuando llama al orden a los fariseos por diezmar la menta y el eneldo y dejan de repartir justicia y misericordia.

Según la obra existen 72.936 demonios sueltos en la tierra, inmortales, desplegando sus alas e introduciéndose en el cuerpo de los incautos para llenar sus días de horrores mortales o de pensamientos geniales.

"

Pensad como piensan Ellos, con vistas a obtener el mejor resultado dentro de cien años, quinientos años, mil años, cinco mil. Y, en el entretanto, en esos cinco mil años de entretetanto, mientras Su plan Global se va desarrollando…, ciudades y civilizaciones alcanzarán su esplendor para luego decaer. El polvo, la hierba y la arena nos cubrirán a todos nosotros, cubrirán todos nuestros logros, salvo los de maese Próspero, cuya obra sobrevivirá en traducciones de traducciones mientras que nuestros huesos y ruinas yacerán olvidados en la tierra húmeda, a menos que un arado los saque a la luz, y descibrar nuestras obras.

Sin embargo, si algo es recurrente e interesante son precisamente las conversaciones que el exorcista mantiene no solo con Él, el demonio que compartió espacio en el vientre de su madre mientras lo estaba gestando, sino también con la que mora en el interior del filósofo, claramente inspirado en una suerte de Leonardo da Vinci con cierta incompetencia añadida. Ambos hacen referencia al mismo número cuando le plantean ciertos pactos al exorcista: Él, encarnado en el cuerpo de un verdugo, le dice al exorcista que el 60% de las personas ajusticiadas por humanos son inocentes. Después, Ella le explica que el 60% de las ideas de Maese Próspero son en realidad suyas. Como veis, el **número 6 está presente en la obra tanto como símbolo del hombre (**al sexto día Yahvé creó al hombre, le dijo que solo debe trabajar seis días en la semana y la Palabra de Dios tiene 66 libros) como al famoso número de la bestia 666.

Esta es solo la punta del icerberg en una novela llena de símbolos, misterios y secretos que giran alrededor no solo de la llegada del Anticristo en un plan compartido entre los demonios, sino que también se apoya en el debate entre qué es lo correcto y cuál es el mal menos. ¿No se negocia con demonios? ¿Y si los demonios son precisamente los que evitan un mal mayor o hacen avanzar a la humanidad y su impacto perjudicial fuera prácticamente nulo?

¿Merece la pena El demonio de Próspero?

El demonio de Próspero nos introduce en una atmósfera de corte grimdark, caótica, oscura, cargada del tedio de un trabajo repetitivo y simplemente novedosa. Su autor es capaz de plantear una historia muy completa cargada de símbolos y referencias bíblicas en apenas 100 páginas y sus personajes, especialmente los demoníacos, resonarán en tu cabeza como esas vocecillas que te instan a quedarte en la cama en lugar de salir a correr.

Todo ello, sumado a la habilidad narrativa del autor, capaz de cambiar del presente al pasado en un par de párrafos, saltarse la cuarta pared dirigiéndose directamente al lector y hacer que se te escape una sonrisa de ironía al continuar leyendo, hacen que El demonio de Próspero sea una obra más que recomendable para los amantes de fantasía oscura.

Solo recordad la regla número uno de los exorcistas y nunca negociéis con las voces de vuestra cabeza ;)

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