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Crítica del cómic de Death Row: cuando una obra te deja con hambre

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Argumento sobre Death Row

Death Row es un cómic autoconclusivo de 14 capítulos que centra su acción en una penitenciaría justo cuando estalla una pandemia zombie. Dave Walker pasa sus últimos días en el corredor de la muerte esperando a que por fin ejecuten su sentencia.

Su vida y la de todos en la prisión cambiará drásticamente cuando estalla una pandemia zombie en el interior de los corredores de Boca de lobo. En ese momento, la férrea línea que separa a presos y policías tendrá que cambiar cuando descubren está en juego la supervivencia de todos.

Análisis de Death Row

¿Qué se puede escribir o dibujar sobre zombies que no se haya hecho ya? Marc Sans y Oscar Perales tienen la respuesta a esta pregunta en el cómic de Death Row, mezclando una increíble trama carcelaria con personajes cargados de matices y, cómo no, bastardos putrefactos con ganas de hincarte el diente.

La construcción de los personajes en Death Row es simplemente la piedra Rosetta del cómic, especialmente en el caso de Dave, el personaje principal. No sabemos el crimen que ha cometido ni cuál es el pasado, pero tiene el aspecto que tendría cualquier condenado a muerte. El hecho de que los policías no se fíen de él en un primer momento y que no le escuchen ante su llamada de auxilio lo hace todavía más realista: en una situación real de una invasión zombie, tomando como punto de partida que esa sociedad nunca han visto una peli / serie o cómic sobre zombies, la confusión les haría a intentar ser todos los precavidos posible y a encerrar en el interior de sus celdas a los presos peligrosos. Y eso es exactamente lo que hacen los guardias de Death row.

Los otros reclusos le llamaban “El muerto andante”. Era el primer condenado a muerte del estado en 12 años, y ex-policía… toda una celebridad. En realidad su nombre era Dave Walker. Su historia empieza y termina en la penitenciaria de Wolverstone, conocida por todo el mundo como “La boca del lobo”, cuando apenas quedaban unos días para su ejecución.

El cómic presenta un brillante guión, sólido y fuerte. Tiene un dibujo que peca de demasiados espacios entintados pero que sorprende con imágenes de una agudísima crueldad en todo momento. A lo largo de sus viñetas, los autores presentan perspectivas dinámicas mientras juegan de forma inteligente con las luces y las sombras, otorgándole una nueva dimensión de carácter a los diferentes personajes que se muestran misteriosos, amenazadores o violentos solamente por el porcentaje de rostro que tengan cubierto en sombras.

Al igual que hizo el director de producción de El Padrino rompiendo todos los esquemas de iluminación imperantes hasta el momento en la industria donde siempre se iluminaban los ojos de los actores / actrices, Marc Sans y Oscar Perales escogen cuidadosamente qué te permiten ver y qué no y juegan con ello de forma que continuamente estés en una perpetua tensión.

La dirección de lectura de las viñetas es fluida y sin trabas. El dibujo es dinámico y cuenta con la rara cualidad de ser capaz de mostrar la acción a través de deformaciones de personajes sin necesidad de recurir a las líneas de acción. Es cierto que en ciertos puntos las viñetas pueden verse un poco sucias de más, especialmente por el uso de los efectos de salpicaduras grunge y de las manchas de sangre, pero es un mal menor a la hora de enfrentarte a la obra.

De la misma forma que en la serie de The Walking Dead, Death Row opta por texturas grunge que se sobreimprimen a los espacios en positivo de las viñetas, dándole un aspecto desvencijado al resultado final de la obra y ayudando a transmitir una atmósfera zombie siempre presente.

Una de las partes más dramáticas de cualquier novela / historia de zombies es tanto el mensaje final que proponen los tomos como el momento en el que se descubre el caos y la destrucción a la que ha llevado esta pandemia. En el caso de Death Row, esta revelación se hace en una doble página, desde una azotea, impactándonos desde un primer momento. Y es que los autores saben emplear muy bien los tiempos y el ritmo de la narración, provocando que en múltiples ocasiones nos sintamos como si estuviéramos frente a un storyboard de una película bien trabajada.

La edición es simplemente una maravilla: la tapa blanda satinada y con solapa da una sensación de peso y calidad que realmente hace lucir a la obra y cada página cuenta con un papel satinado de buen grosor y de una calidad excelente que, por lo menos a nosotras, nos define perfectamente el cuidado y el cariño que ponen en sus ediciones los chicos de Likantro. 

Para terminar, Death Row cuenta con un anexo extra lleno de bocetos y diseños de los diferentes personajes elaborados con lápiz. Todo un regalo que examinar y que prueba el dominio de dibujo de los dos autores a la hora de componer la obra.

Nuestra opinión sobre Death Row.

¿Qué hace diferente Death Row de otros cómics de zombies? Quizás en lo bien planteadas que están las escenas o en un guión que, sin dejar de tirar de los tópicos, consigue engancharnos. Dave Walker es un Darryl de The Walking Dead a toda vista, con su pasado oscuro detrás y su cabeza fría a lo largo de un panorama realmente desolador.

Es decir, que Death Row no te sorprenderá con un enfoque completamente nuevo sobre la pandemia zombie. Lo que sí que hace y muy bien es el cambio de setting: establecer el centro de la acción no solo entre humanos y muertos sino entre presos y guardias. Y en ese sentido los autores se libran a sí mismos de dar lecciones de moral: puede que haya guardias buenos y guardias desconfiados; puede que haya presos sin intenciones de armarla o presos cooperativos, pero todo eso puede cambiar. En lugar de darnos una visión binaria de la sociedad, aprovechan las fortalezas y las debilidades que tienen cada uno debido a su situación particular para crear personajes creíbles y muy carismáticos que no sabes muy bien por dónde van a salir.

Es cierto que el dibujo en ocasiones nos pareció demasiado sucio o que tenía demasiados espacios entintados para comprender por completo la acción en cada una de las viñetas. Pero también que la capacidad secuencial de las viñetas nos recordaba enormemente a una película de Hollywood, sintiendo la acción en cada una de las páginas y hasta deteniéndonos, presas de los nervios y mordiéndonos las uñas, ante la genialidad de varias de sus viñetas. 

Ya lo hemos dicho anteriormente, pero tenemos que recalcarlo: cada uno de los personajes están realmente bien construidos, otorgándoles un backstory y una profundidad palpable en pocas viñetas. En un cómic de tal extensión y con la cantidad de personajes que se nos presentan es muy complicado conseguir otorgarle de alma a cada uno de ellos y hacerlos reconocibles en pocas líneas.

El paradigma del mundo zombie ha ido evolucionando de forma constante a lo largo de los años. Al principio el simple hecho de que los muertos se levantasen ya era suficiente trama de por sí misma. Luego introdujeron las dificultades de supervivencia, la búsqueda de víveres o incluso las enfermedades derivadas debido a la acumulación de cadáveres putrefactos por las calles. En algunas historias los animales se contagian, en otras no. Pero está claro que uno de los temas más interesantes es el conflicto humano ante un apocalipsis de tales dimensiones: los que se aprovechan la violencia, los que ven una segunda oportunidad en ese desastre y los que buscan hacer el bien una sociedad que ya solo se mueve por la violencia.

Sin embargo, no nos vale cualquier grupo aleatorio de personas. Al introducirnos en una cárcel, especialmente con un protagonista que está a caballo entre presos y policías, podemos ver la situación con otros ojos, deleitándonos en el drama y la acción. Lo único que nos queda preguntarnos al final es si el mensaje de optimismo que Marc y Oscar nos transmiten se aguantará durante mucho tiempo.

¿De dónde sacarán la comida? ¿Qué pasará cuando necesiten antibióticos? ¿Hay de verdad un centro de evacuación creado? ¿Soltarán en algún momento al resto de presos? Y sobre todo… ¿qué podemos esperar ahora que el mundo ha llegado a su fin?

Las palabras con las que termina el cómic es que «Boca de lobo es segura», pero lo cierto es que de lo único de lo que nosotros estamos seguros, es de que necesitamos una segunda parte. Digamos que… nos hemos quedado con hambre de más.

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