Border top left cut image
Border middle left cut image
Border bottom left cut image
Border middle right cut image
Border bottom left cut image
Logotipo de momoko.es

Va fail, dhoine

¿Qué buscas en este aciago blog?

Libros
Cómics
Artículos

Más de 1000+ reseñas

y análisis literarios

Va fail, dhoine

¿Qué buscas en este aciago blog?

NOTA: 10

Cómo convertirse en el señor oscuro: opinión y reseña completa

La Insomne
Avatar del redactor La Insomne
La Insomne

Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo. Do...


COMPARTE:
Imágen destacada - Cómo convertirse en el señor oscuro: opinión y reseña completa

Para una acérrima lectora de novelas de fantasía encontrarse con una novela con Cómo convertirse en el señor oscuro y morir en el intento es un acontecimiento que se vive con la misma agridulce soledad que la que sin duda siente Davi al despertar en cada una de sus vidas.

Y es que la valiente apuesta de Oz Editorial por la obra de Django Wexler mezcla en su interior una narrativa de fantasía apasionante, personajes secundarios bien construidos, un worldbuilding que bebe de los MMORPGS y me atrevería a decir que JRPGS más clásicos, y el tono canalla del que escribe esta obra creyendo que nadie va a relacionarte con los chistes que encontrarás en su interior.

Django Wexler ha creado, así, un libro totalmente único, inimitable e irrepetible que sin duda no será del gusto de todos, pero que cuando encaja contigo, se convierte en un placer culpable absolutamente mágico.

Huelga decir que soy parte del segundo grupo que la ha encontrado totalmente genial ¿verdad? Déjame que te explique, en esta reseña escrita entre mantas de cuadros soñando con la posibilidad de reencarnarse en este isekai con mala leche, qué es lo que tiene de genial Cómo convertirse en el señor oscuro y morir en el intento.

TODO
TODO

Argumento de Cómo convertirse en el señor oscuro y morir en el intento: la historia de la heroína que decide convertirse en villana.

Davi está harta. A lo largo de los últimos siglos se ha reencarnado una y otra vez en ese mundo de fantasía: desnuda, sin nada a mano y con la presencia de Tserigern (un mago decrépito con poco poder pero mucho que vociferar), que le comunica que ha sido elegida por una profecía para salvar al Reino del Señor Oscuro.

Y vaya si lo ha intentado. Cada vez que despierta en el lago de la elegida, con el anciano inoportuno a su lado, Davi hace un esfuerzo por encontrar ropa, unirse al Gremio de Guerreros, llegar al castillo y enfrentar a los ejércitos de los humanos contra los salvajes capitaneados por el Señor Oscuro. Pero ni una sola vez consigue vencerle.

No solamente esto, sino que, por si fuera poco, la mayoría de las veces acaba capturada por los secuaces del Caballero Oscuro (como Sibarae, la serpentoide), y siendo torturada durante semanas antes de conseguir, de formas inesperadas y creativas, desvivirse y reiniciar partida.

Por eso, cuando se despierta esta nueva vez y ve a Tserigern dándole por saco con el discursito, Davi tiene claro que necesita un cambio de rumbo: si no puedes vencerlos, únete a ellos. Y ¿qué mejor forma de darle la vuelta a la tortilla que conviertiéndose ella misma en el Señor Oscuro?

TODO
TODO

Una obra del todo irreverente que puede chocarte… o encantarte

Fonda Lee declaró que Cómo convertirse en el señor oscuro y morir en el intento es «escandalosamente divertida, llena de humor y de acción», pero desafortunadamente no todo el mundo la percibirá de esta manera y hay algunos que hasta se atreverían a etiquetarla como obra pulp (gente a la que le deseo desde aquí todo el amor que un jabalí pedregoso pueda darle).

Déjame que te explique el por qué de esta serie de opiniones firmemente polarizadas.

Por un lado, está el tema de lo explícita que es. Desde el primer capitulo, antecedido por una advertencia de contenido, nos encontraremos con escenas donde Davi busca maneras de acabar con su vida para poder reiniciar la partida. Y es que la muerte, al menos las que le atañen a ella, se describen con todo lujo de detalles: desde los segundos que pasa su cabeza consciente tras una decapitación, hasta cómo arrastra el colmillo viperino de una serpentoide por la cara interna de su brazo, desgarrando hasta que todo se oscurezca.

La idea del suicidio se trata de forma abierta y con la naturalidad de la típica conversación privada entre amigos donde cada uno suelta una burrada mayor que al anterior en lo que podría ser un campeonato de humor negro elevado al extremo. Pero por si esto fuera poco, resulta que Davi es un personaje de mucho cuidado.

Es una mujer bisexual, liberada totalmente de la imposición de la sociedad por mostrar su mejor cara y por proyectar una feminidad que no cultiva ni siente y que va más caliente que las ascuas de un farero. En este maravilloso contexto nietzscheriano donde nada importa y prácticamente cualquier decisión que tomes no tiene consecuencias reales porque siempre puedes volver a reiniciar la partida, Davi va acostándose con cuanto pilla: orcos, vulpoides, príncipes y granjeros. A nada le hace ascos mientras transita por las tierras del reino soltando chistes malos, demostrando el carisma de una algarroba flotando en un cubo de fregar y haciendo referencias continuas a la cultura pop que quedan, como poco, algo rarunas en un contexto de fantasía.

Por supuesto, por si el conjunto se te ha quedado incompleto, déjame añadir que Davi rompe la cuarta pared una y otra vez y habla con nosotros, los lectores, en un tono que en mucho se parece a la tradición oral de los cuentacuentos y los juglares.

"

Serpentoides, orcos, vulpoides, rocoides, etcétera, etcétera; salvajes todos, o así los llamamos por aquí. El querido lector los irá descubriendo a su debido tiempo.

Para ello, y para hacernos llegar sus pensamientos, se sirve además de la primera persona como voz narrativa, de numerosas notas a pie de página que con tanto acierto ha traducido Gemma Benavent Galbis y que ha adaptado a referencias españolas para pillar toda la magnitud de los chistes (referencias a Milli Vanilli incluidas).

TODO
TODO

Para estar inspirado en un RPG… el worldbuilding es increíblemente rico.

Cómo convertirse en el señor oscuro no se toma en serio el mundo que ha creado. O, al menos, eso es lo que nos traslada Davi al comienzo de la obra: el Reino se llama Reino, la mitad del mapa no está explorado y se avecina el clásico conflicto entre la horda y la alianza (¿ves, Davi? Yo también puedo meter referencias a World of Warcraft).

Sin embargo, conforme avanzamos con la lectura de la obra, vamos descubriendo que nada es tan sencillo y que el mundo aparentemente blanco (humano) y negro (salvajes), es en realidad parte del conflicto más viejo de la historia: la búsqueda del monopolio del poder (que aquí se materializa en piedras mágicas llamadas taumita).

"

Tserigen es un mago muy viejo y muy famoso. Todo el mundo afirma que es el mago más poderoso del Reino, pero si te soy sincera, jamás lo he visto hacer magia, solo pasearse con una antorcha or una cueva y descifrar mensajes encriptados. Vamos, que con una linterna y un walkie-talkie podrías prescindir de él, pero al menos tiene la pinta adecuada para su papel: es un venerable viejales, delgado como un esqueleto y con una barba en la que se te perdería una oveja. Parece Papá Noel con un pie en el otro barrio.

Nos encontraremos con animales antropomorfizados que pertenecen a los salvajes, como los vulpoides (con sus suaves orejitas y su pinta de taimados…), los cervoides (y sus cuernos peligrosos), los ratonoides o los serpentoides, todos ellos integrados dentro de un tapiz de razas integrados dentro de los salvajes. Y todos y cada uno de ellos cuentan con sus personajes destacados, como Euria, Amitsugu, Marie o el monísimo ratón Fierro que es en realidad un explorador.

A estas razas Django Wexler le suma a los orcos, con sus conflictos internos, bandas, ciudadelas (como los Dientes Rojos) y sistemas políticos propios; los Devoradores de Piedras, increíblemente tranquilos e inteligentes que además despliegan clarísimos rasgos autistas en toda la obra; los yetis, casi bestias de lo violentas que son, o incluso una derivación de los enanos llamados los pyrvir y los sveayir que son, literalmente, alérgicos al agua.

Lo que hace realmente tan mágico este mundo es la forma en la que se relacionan estas razas, cuyas ciudades y reinos cuentan siempre con un potente backstory, unas relaciones de poder tanto entre sus miembros como con el exterior y unas inquietudes grupales que hacen que leer Cómo convertirse en el señor oscuro y morir en el intento se convierta en un auténtico disfrute de varias capas de profundidad y que le da una verdadera lección a los que se quedan solo en el estrato superior del humor.

TODO
TODO

Y extrañamente, las batallas son geniales: estrategia, traiciones y política disfrazada de cuento

Una de las cosas que más me ha sorprendido de Cómo convertirse en el señor oscuro y morir en el intento es que, por debajo de toda esa capa de humor, chistes malos y referencias a Milli Vanilli y Mago de Oz, hay una estructura narrativa muchísimo más sólida de lo que la portada, la premisa y las primeras páginas te hacen creer.

Porque las batallas no son, ni por asomo, un mero adorno entre chascarrillo y chascarrillo.

Wexler plantea los enfrentamientos como si estuviera diseñando las misiones de un juego de estrategia de recursos, y Davi mueve las piezas con la meticulosidad de quien lleva siglos aprendiendo a base de hostias: coloca a los Devoradores de Piedras en un flanco porque son tranquilos, pacientes y cuesta una barbaridad tumbarles; a los orcos los manda al frente porque su cultura guerrera prácticamente lo exige; a los pyrvir y sveayir los mantiene lejos del agua, no sea que se le muera medio ejército por un descuido logístico. Cada raza, cada facción y cada ciudadela tiene sus propias lógicas internas, sus rencillas y sus intereses, y Davi tiene que encajarlas como si estuviera resolviendo un puzzle en el que las piezas, además, tienen opinión propia y más de una está dispuesta a traicionarte a la primera de cambio.

Y aquí es donde la novela levanta la ceja y se quita la máscara de comedia un segundo: lo que en realidad te está contando Wexler es un tratado sobre política travestido de fantasía gamberra. Cómo manipular a las masas, cómo ganarte a aliados que no te conviene perder, cómo identificar quién te apuñalaría por la espalda y quién se dejaría desollar por ti, cómo construir un aparato de poder desde cero con materiales tan poco prometedores como orcos cabreados, yetis semibestias y ratones exploradores con nombre de diminutivo.

Que todo esto esté envuelto en una capa de cuento de hadas (con vulpoides achuchables, cervoides elegantes y criaturas que parecen salidas de un peluche de feria) hace que la jugada sea todavía mejor. Porque cuando te das cuenta de que detrás de Fierro, Amitsugu o Euria hay dinámicas de poder reales, alianzas tribales, rencillas ancestrales y lealtades que se agrietan con el viento, entiendes que te han vendido un libro de fantasía gamberra cuando en realidad te estaban colando un manual sobre cómo montar un imperio desde el lado perdedor del tablero.

Y el detalle que más me fascina de todo este tinglado: a pesar de haber acumulado cientos de vidas, cientos de intentos y cientos de humillaciones, Davi sigue teniendo la mismo carisma de algarroba flotante con el que arrancó la historia. Y esa es precisamente la gracia. No vence porque se haya convertido con el tiempo en una líder inspiradora ni porque haya descubierto, entre muerte y muerte, un don oculto para arrastrar masas. Vence (cuando vence) porque ha aprendido a leer el tablero, a colocar los recursos correctos en los lugares correctos y a calcular qué pieza mover en qué momento. Un triunfo puramente estratégico, casi matemático, que le da a la obra una textura muchísimo más interesante que la del clásico héroe predestinado que, a base de discursitos en el momento justo, termina conquistando el corazón de sus súbditos.

TODO
TODO

El trauma de lo vivido: Davi es más de lo que aparenta en un primer momento

A pesar del tono humorístico, las ingentes referencias sexuales, las imágenes de las pelotas de Amitsurugi (es un vulpoide, lo que te convierte, como lectora de esta novela, en oficialmente una furro) y otra serie de momentos que te hacen estallar más de una carcajada, es evidente que Davi usa el humor como mecanismo de distracción para evitar procesar el trauma y el dolor.

Porque si eliminamos las frasecitas y salidas de tono la joven con un corte rubio a lo pixie, Davi lo pasa francamente mal. Es torturada, golpeada y asesinada una y otra vez. Nos habla de pasada de momentos de extrema humillación mientras la acompañamos a lo largo de montañas heladas o desiertos donde sabe que la gente a su cargo va muriendo y nos queda claro, al mismo tiempo, el enorme peso que tiene esto sobre su conciencia. Y sin embargo, lo más revelador no está en esas escenas de dolor explícito, sino en la arquitectura filosófica que Wexler construye bajo la obra.

Porque Cómo convertirse en el señor oscuro y morir en el intento es, si rascas un poco, una novela profundamente nietzscheriana y absurdista. Davi habita un universo donde la muerte no es un final sino una pausa molesta, donde los actos no dejan ninguna cicatriz porque la partida siempre se reinicia, y donde la idea misma de consecuencia queda suspendida como una piñata a la que nadie le da con el palo. En semejante escenario, el suicidio deja de ser tragedia para convertirse en atajo logístico, y la moral tradicional se te resbala entre los dedos como gelatina mal cuajada. ¿Para qué ser buena si ser buena no cambia nada? ¿Para qué ser mala si ser mala tampoco lo hace? Davi es, a su manera, una Sísifa con acceso a un botón de reinicio: empuja la piedra, la piedra rueda, y habrá que imaginarla dichosa porque, francamente, no le queda otra.

De ahí el humor. Porque si la risa no fuera su refugio, Davi sería directamente un caso clínico de estrés postraumático envuelto en la piel de la supuesta elegida. El cinismo, los chascarrillos al lector, los chistes sobre orgías con orcos y las descripciones entusiastas de la anatomía vulpoide no son frivolidad gratuita: son las cuerdas con las que Davi se mantiene sujeta a la cordura en un mundo donde nada tiene peso porque nada permanece.

Y Wexler lo sabe. Por eso pasea al lector por detalles que, una vez los has visto, ya no puedes dejar de ver. Uno de los que más me ha sacudido es un momento aparentemente inocuo en el que Davi observa que uno pensaría que al menos algunos salvajes serían herbívoros, pero que en realidad no da la impresión de que les importe demasiado zamparse a un animal que se les parezca: ver a un cervoide devorar un trozo de venado es, apunta ella, un poco preocupante desde el punto de vista existencialista. Y lo es. Es exactamente el mismo escalofrío de bajo voltaje que te recorre cuando entras en una carnicería de barrio y te encuentras con uno de esos carteles del cerdito sonriente sirviéndose a sí mismo en bandeja con delantal y pañuelo al cuello, o con la vaca animada que te invita a probar sus propios filetes con el entusiasmo de quien te recomienda un plan de fin de semana (Han Kang ha entrado en el chat).

En ese contexto, la decisión de Davi de pasarse al bando supuestamente equivocado deja de ser una travesura y se convierte en algo mucho más interesante: un gesto casi camusiano de rebelión contra el absurdo. No va a salvar el mundo (ya lo ha intentado cientos de veces y el mundo no se deja) pero sí va a negarse a seguir interpretando un papel que otro le ha escrito sin consultarla. Y si para ello tiene que reírse de todo, acostarse con todo y morirse con todo, al menos lo hará en sus propios términos.

TODO
TODO

Entonces ¿merece la pena leer Cómo convertirse en el señor oscuro y morir en el intento?

Habiendo llegado hasta aquí, querido lector que has aguantado estoicamente mis digresiones sobre vulpoides, Nietzsche, supongo que ya te habrás hecho una idea de por dónde van los tiros: me ha encantado. Sin matices que afecten a la valoración, sin medias tintas y sin esos matices que dicen que "me gustó, peeeeero" con las que una suele cubrirse las espaldas críticas. Es, sin exagerar ni un pelín, una de las mejores lecturas que he tenido entre manos este año.

Pero (y aquí viene el pero importante, el único que pienso concederle a esta reseña) Cómo convertirse en el señor oscuro y morir en el intento no es, bajo ningún concepto, un libro para todo el mundo. Y conviene dejarlo dicho con todas las letras antes de que alguien salga corriendo a la librería fiándose de mi entusiasmo y acabe tirándomelo a la cabeza dos semanas después.

Porque el humor de esta novela es muy específico, muy polarizante y no apto para paladares delicados. Si las descripciones detalladas de suicidios creativos te incomodan, si el humor negro te parece mal gusto, si te rechinan los dientes cuando una protagonista se acuesta con media fauna fantástica sin mayor dilema moral, si prefieres que tus heroínas inspiren en lugar de dar grimilla, o si sencillamente te tomas la fantasía épica con la reverencia de quien entra en una catedral… este libro va a ser, con casi toda probabilidad, una experiencia negativa para ti.

Dicho esto, y asumiendo que sigues aquí porque nada de lo anterior te ha hecho salir huyendo, déjame hacerte el favor de empujarte al otro lado del precipicio: lánzate. Lánzate especialmente si te gustan los isekai pero estás harta de protagonistas insípidas con vocación de ángel caído, si disfrutas la fantasía pero te da cierta pereza la solemnidad del género, si te crías bien con el humor negro elevado al ácido úrico, o si, simplemente, eres de las que necesitan que sus heroínas sean un poco insoportables para creérselas.

En definitiva: si no puedes vencerlos, únete a ellos. Y si no puedes unirte a ellos, al menos léete este libro (siempre que, eso sí, sepas a lo que vienes). Davi estaría orgullosa de ti, o no, la verdad es que nunca ha tenido pinta de pararse mucho a pensar en qué siente.

Deja un comentario

Kinishinaide! No publicaremos tu email ni te spamearemos sin tu permiso