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Un Viaje a la China Unificada a través de Jirones de Seda

La historia de China es una de las más fascinantes y complejas del mundo, llena de momentos decisivos que han moldeado su cultura y sociedad y, sin embargo, no hay demasiadas novelas históricas escritas y publicadas en España alrededor del tema. A diferencia de su vecina, Corea del Sur, cuyo éxito televisivo y musical han popularizado sus autores de novela y manhwa, China todavía está emergiendo como una fuente narrativa dentro de nuestras fronteras.

Por suerte, autores como Fabián Plaza, apasionado de la Dinastía Qi, han empezado a escribir y publicar obras inspirádose en su vasto periodo histórico. Su última obra, Jirones de Seda, nos traslada precisamente al año 220 a.C., una época crucial marcada por la unificación de los reinos combatientes bajo el primer emperador, Qin Shi Huang.

A través de este post, vamos a sumergirnos en el contexto de esta novela histórica, ampliando el escenario en el que se desarrolla.

La Unificación bajo los Qin: El Mandato del Cielo

Jirones de Seda comienza en el año 221 a.C., justo tras la finalización de la llamada Guerra de los Reinos Combatientes. En este contexto conoceremos a tres protagonistas: Zheng Gao, un campesino que consigue medrar y ascender en una sociedad profundamente jerarquizada gracias a las políticas de los Qin; y Li Ping, un médico taoísta y su hija Daiyu procedentes de Chu que tienen que abandonar su territorio y que han perdido a su familia en la guerra.

La trama se ubica en este momento de transición, pero ¿qué pasó ocurrió antes? Conocer el contexto es esencial para entender por qué Li Ping y Daiyu se encuentran en una situación que les obliga a buscar el amparo de unos familiares y por qué existe tanto rencor subyacente al Emperador del Cielo.

Antes de la unificación bajo los Qin, China estaba dividida en numerosos estados feudales que competían entre sí por el poder y la influencia. Este período, conocido como los Reinos Combatientes (475-221 a.C.), siguió a la era de la Dinastía Zhou, que había establecido una estructura feudal descentralizada. La Dinastía Zhou, que duró de 1.046- 256 a.C.) mantenía un gobierno basado en una monarquía con diferentes estados feudales que les debían pleitesía. Sin embargo, a medida que el poder de los reyes se debilitaba, producto de su política basada en comprar la lealtad y el apoyo militar de los nobles con tierras hasta que estos se volvieron demasiado conflictivos y poderosos para ser controlados, el conflicto fue escalando.

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Finalmente estalló una enorme guerra que duró aproximadamente 254 años, desde el 475 a.C. hasta el 221 a.C. Este período siguió al período de Primavera y Otoño (770-476 a.C.) y fue una época de intensa rivalidad y conflicto entre varios estados chinos que luchaban por la supremacía en la región.

El hogar de Li Ping y Daiyu: el estado de Chu

Durante los Reinos Combatientes, siete estados principales emergieron como los más poderosos: Qin, Chu, Qi, Yan, Han, Zhao y Wei. Cada uno de estos estados buscaba consolidar su dominio mediante alianzas estratégicas, innovaciones militares y una modificación radical de la administración existente.

Chu fue uno de los estados más grandes y poderosos durante el período de los Reinos Combatientes (475-221 a.C.). Ubicado en el sur de China, su territorio abarcaba gran parte de lo que hoy son las provincias de Hubei, Hunan, Jiangxi y partes de Anhui y Jiangsu. Este vasto territorio proporcionó a Chu una abundancia de recursos naturales, incluidos ricos suelos agrícolas, bosques extensos y minerales, lo que contribuyó a su prosperidad y capacidad militar.

Chu se destacó por su cultura distintiva, que difería notablemente de los estados del norte debido a sus raíces en el sur. La influencia del chamanismo, que puede verse en los que acuden a la consulta de Li Ping en Jirones de Seda, y las creencias locales se mezclaron con el confucianismo y otras filosofías más comunes en el norte, creando una cultura rica y única. Chu era además conocido por su arte, música y poesía, con obras famosas como las "Canciones de Chu" (Chu Ci), una colección de poemas líricos que reflejan la vida y el pensamiento de esa región.

El estado de Chu también era notable por su estructura política y administrativa. Gobernado por una serie de reyes poderosos, Chu adoptó muchas reformas para fortalecer su control central y administrar eficientemente su vasto territorio. La nobleza local desempeñaba roles importantes y había un sistema de feudos que ayudaba a mantener el orden y la lealtad al rey. Asimismo, era un estado con una potenia militar formidable. Su ejército estaba bien entrenado y equipado, y la topografía del sur proporcionaba ventajas defensivas naturales y su capacidad para proyectar poder y mantener su independencia durante gran parte del período de los Reinos Combatientes fue un testimonio de su fuerza y habilidad estratégica.

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Sin embargo, a pesar de su poder y riqueza, Chu se enfrentó a desafíos internos y externos. La fragmentación interna y las luchas por el poder dentro de la nobleza debilitaron su cohesión. Además, las incursiones y las campañas militares de los estados rivales, especialmente Qin, pusieron a prueba la resiliencia de Chu. A finales del período de los Reinos Combatientes, Chu fue uno de los últimos estados en caer ante Qin. En 223 a.C., después de intensas campañas militares, Qin conquistó Chu, marcando el fin de un estado que había sido un pilar del sur de China.

La unificación de los Reinos Combatientes

En el año 221 a.C., Qin Shi Huang logró unificar los siete reinos combatientes de China, proclamándose el primer emperador de una China unificada. Este evento marcó el inicio de la dinastía Qin, una era de cambios significativos y avances en la administración y la infraestructura. La unificación trajo consigo la estandarización de leyes, idioma, pesos y medidas, lo que facilitó el control y la cohesión del vasto imperio. A lo largo de la novela Jirones de seda vemos cómo la estricta burocracia de Qin afectaba no solamente al mercado y comercio, sino también a los documentos de identidad que permitían entrar y salir por las ciudades, la forma de plantar los árboles alrededor del camino y el famoso castigo extendido en el que no solamente el culpable de un delito era sancionado, sino también su familia o todo aquel que hubiera tenido la más mínima sombra de responsabilidad compartida.

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Qin Shi Huang es conocido por sus ambiciosos proyectos de ingeniería, incluyendo la construcción de la Gran Muralla y su mausoleo custodiado por los famosos soldados de terracota. Estos logros, sin embargo, se lograron a costa de grandes sacrificios humanos y económicos, y su reinado es a menudo recordado tanto por su brutalidad como por sus innovaciones.

La Guerra y sus Consecuencias

La guerra entre los reinos antes de la unificación fue implacable y devastadora. La novela refleja este periodo a través de los personajes de Li Ping y Daiyu, quienes han perdido todo debido a los conflictos. Las constantes luchas por el poder dejaron a su paso un paisaje lleno de destrucción y sufrimiento. Al mismo tiempo, la unificación también trajo consigo una mayor interacción entre diferentes grupos étnicos y culturales dentro del vasto imperio. Esta diversidad a menudo resultaba en conflictos y discriminación. El concepto del "Mandato del Cielo" justificaba el poder absoluto del emperador, pero también implicaba una jerarquía estricta que marginaba a aquellos considerados "inferiores". Estos temas son importantes de considerar al leer la novela, ya que proporcionan un trasfondo de tensión y conflicto social que afecta a los personajes.

Esto queda claro desde las primeras páginas cuando Daiyu acompaña a su tío al mercado y ve cómo los aristócratas Qin se niegan a hacer negocios con los Chu, pero también en la interacción entre los diferentes personajes cuyos diálogos nos dejan ver la rígida estructura social que conformó la sociedad de la Dinastía Qin.

Daiyu y el papel de las mujeres en la Dinastía Qin.

Durante la dinastía Qin, el papel de la mujer estaba fuertemente influenciado por las normas y valores confucianos, que enfatizaban la jerarquía, la obediencia y la estructura familiar patriarcal. Las mujeres eran principalmente responsables de las tareas domésticas y el cuidado de la familia, mientras que los hombres dominaban la vida pública y política. A pesar de esta estructura rígida, las mujeres desempeñaban roles esenciales dentro de sus hogares y tenían una influencia significativa en la vida familiar y comunitaria.

La sociedad Qin valoraba la lealtad y la piedad filial, y las mujeres eran educadas para ser obedientes a sus padres, maridos y, en última instancia, a sus hijos varones. Las esposas tenían el deber de apoyar a sus esposos en sus carreras y responsabilidades públicas, encargarse del cuidado del hogar de manera eficiente y criar a sus hijos según los valores confucianos.

Sin embargo, no todas las mujeres de la dinastía Qin estaban confinadas a roles domésticos. Algunas mujeres lograron alcanzar posiciones de influencia en la corte, especialmente las consortes y concubinas del emperador, que a menudo ejercían poder detrás de las escenas. Estas mujeres podían influir en las decisiones políticas y administrativas a través de su proximidad al emperador. Además, las madres y abuelas imperiales también podían tener un impacto significativo en la formación y educación de los futuros gobernantes.

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Un ejemplo notable es la Emperatriz Viuda Xuan, la madre de Qin Shi Huang, también mencionada en Jirones de seda, quien tuvo una gran influencia en la corte. Aunque su papel exacto y sus acciones específicas están sujetos a interpretaciones históricas y mitológicas, su posición como madre del primer emperador unificador de China le otorgó un lugar de importancia en la historia de la dinastía Qin. Su relación con personajes poderosos de la corte, como el canciller Lü Buwei, muestra cómo las mujeres podían involucrarse en intrigas políticas y ejercer una forma de poder indirecto.

En la sociedad más amplia, las mujeres comunes también jugaban roles vitales en la economía y la vida diaria. Trabajaban en la agricultura, la artesanía y el comercio, contribuyendo significativamente a la prosperidad del estado. Aunque estas actividades no les proporcionaban el mismo estatus o reconocimiento que los roles públicos de los hombres, eran fundamentales para la sostenibilidad y el desarrollo de la sociedad Qin. Este es el papel que activamente desea tomar Daiyu en la novela: uno cargado de dificultades y pesares al carecer de la protección de un varón en el futuro y explica, asimismo, por qué temen que esta idea acabe echando raíces también en la mente de su propia hija.

Jirones de seda, una novela ambientada en un contexto rico en matices.

Jirones de seda, de esta manera, se ambienta en un contexto complicado de retratar y no está de más saber algo más del estado de Chu, la guerra los Reinos Combatientes y lo que significó para los conquistados que se instaurara el régimen de los Qin para comprender los matices que Fabián Plaza se ha esforzado en retratar en la novela.

Ahora que sabes un poco más de los Chu y de las mujeres en la dinastía Qin, espero que disfrutes de Jirones de seda.

1 comentarios en este post

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Fabián04 Junio 2024Responde
¡Muchas gracias por ese trabajazo de documentación! ¡No se te ha escapado ni una de las referencias que he puesto en la novela! :D

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