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Temas y subtemas de Hamlet

Hamlet es, sin lugar a dudas, una de las obras más famosas de William Shakespeare y, al mismo tiempo, uno de los clásicos de la literatura más analizados, estudiados y diseccionados por los alumnos de todos los países. Precisamente por eso, poder entender los temas y subtemas con los que se ha construido la obra es de tal importancia, ya que concretan los ejes y motores de la acción narrativa en esta apasionante obra de teatro. 

En este artículo encontrarás un análisis y breve explicación sobre cada uno de los temas. Espero que te ayude a comprender con más profundidad la que es una de mis obras favoritas. 

Temas principales en Hamlet 

La muerte, el suicidio y lo que sucede después

Uno de los temas más evidentes en Hamlet es la muerte y la gran incógnita sobre qué ocurre después de haber partido de este mundo. Desde el asesinato del padre y la aparición de su espectro para acusar a su hermano de traición, Hamlet se obsesiona con la idea de la muerte y le da vueltas desde todas las perspectivas posibles: desde el aspecto espiritual, que provoca que un hombre pueda volver del infierno / purgatorio convertido en un fantasma; hasta los restos mortales que quedan atrás.  

De esta forma, la obra se impregna de una terrible sensación de incertidumbre motivado por un Hamlet que vagabundea de un lado a otro, preguntándose si realmente morir es como caer dormido y lamentándose, en pleno cementerio, de cómo las personas que tanta alegría y cariño generaron en vida se pudren olvidados, convertidos en poco más que huesos. Todo esto tiene un fin todavía más trascendental ya que Hamlet busca vengarse contra su tío, que asesinó a su padre, pero sin saber si la muerte realmente es algo negativo y doloroso ¿cómo saber si quitándole la vida es suficiente? 

La vida del príncipe Hamlet se convierte de esa forma en algo tan insoportablemente doloroso que fantasea continuamente con el suicidio. Sin embargo, teme que entonces su alma se quede atrapada para siempre en un horrible infierno, tal y como afirma la religión cristiana. De hecho, en su maravilloso y famoso soliloquio «ser o no ser (III.i), Hamlet afirma que nadie soportaría el dolor que supone la vida si no tuviéramos miedo a lo que viene después. 

Al abismo supremo. A desaparecer. A ser olvidados. O incluso a vivir condenados.

 La incertidumbre y la traición. 

El tío de Hamlet asesina a su padre, y poco después su madre se casa con él. Para el príncipe de Dinamarca, esta serie de eventos golpean todos sus pilares de certeza y confianza. Ya que, al fin y al cabo, el que le revela la verdad sobre la muerte del rey no es otra cosa que un fantasma, algo en lo que no podemos creer. Esto hará que el protagonista de la obra se plantee a menudo si realmente está cuerdo y si se puede fiar de un espectro. 

Porque, de ser verdad, entonces toda la vida de Hamlet dejaría de tener sentido. Al fin y al cabo, todos intentan fingir que nada ha ocurrido mientras orquestan un matrimonio con Ofelia y participan en bailes y ridículos entretenimientos. La traición no está clara, o al menos, Hamlet no se siente lo suficientemente seguro como para poder actuar en consecuencia. A menudo Hamlet ha sido percibida como una obra sobre la indecisión, ya que es precisamente la incertidumbre la que sume a Hamlet en un estado de perpetua ansiedad y depresión. 

Podemos concretar por tanto que Hamlet nos muestra la enorme cantidad de incertidumbres sobre las que se construyen nuestras vidas y cómo el resto dan por sentado nuestras acciones y pensamientos cuando evalúan la forma de comportarse de los demás. 

Las consecuencias morales de la acción 

Como consecuencia directa de la indecisión y la incertidumbre que golpean y paralizan a Hamlet, veremos cómo la complejidad de tomar acciones libres de consecuencias y justas se convierten en una de las obsesiones del príncipe. Este busca justicia, pero al ser incapaz de demostrar que lo que vio no forma parte de un sueño, sabiéndose completamente solo en su conocimiento de la verdad y obsesionado por no comprender qué ocurre tras la muerte, Hamlet se plantea cuál es la línea de acción más conveniente en este caso.

Obsesionado por la idea de que las acciones traen consecuencias y por intentar ser moralmente lo menos censurable posible, Hamlet intenta siempre actuar “a ciegas”, de forma impulsiva, violenta y aleatoria, de forma que no se le pueda reprochar haber tomado curso en un plan malvado meditado y cruel. 

El resto de los personajes, sin embargo, actúan movidos en función de sus propias convicciones pero son estas, precisamente, las que se vuelven contra ellos y acaban asesinándolos: tanto a Claudio debido a su cargo de conciencia como a Laertes, envenenado con su propio estoque. 

La duda 

Toda la obras se imbuye de la incertidumbre, la indecisión y la duda: desde la veracidad de la traición del tío de Hamlet hasta si es lógico creer en fantasmas que se aparecen por la noche. De esta forma, no solo Hamlet duda entre si tomar acción contra Claudio o no, sino también si marcharse o no de Dinamarca como le piden o si incluso debería suicidarse para poner fin a una vida de tormento. 

Al mismo tiempo, el propio espectador de la obra se verá arrastrado por los soliloquios y la actuación aparentemente enajenada de Hamlet, preguntándose cuáles son los verdaderos sentimientos de Hamlet hacia Ophelia (ya que le dice que la quiere para luego espetarle que nunca tenía que haberle creído). No sabemos tampoco si Gertrude, la madre del príncipe, sabía de la traición del tío y del asesinato de su marido, o cuáles eran sus verdaderos sentimientos hacia el póstumo rey. La obra gira alrededor de esta paralizante indecisión, mostrándonos la verdadera complejidad detrás de las pasiones humanas. 

Subtemas de Hamlet: análisis y explicación 

La falsedad y las “actuaciones”

A menudo Hamlet incluye varias referencias a las maneras de actuar de las personas, realizando una comparativa entre los actores que se encuentran en un escenario y los miembros de la corte que esconden sus verdaderos pensamientos y deseos tras una máscara. De esta forma, la obra gira alrededor de la falsedad de las personas y de su capacidad para esconder sus emociones y sentimientos. 

También es importante destacar que conforme Hamlet se va enredando más y más en sus sentimientos, menos llegamos a entrever al verdadero príncipe o comprender sus emociones. En el Acto I Hamlet afirma que a partir de ese momento pretendería ante todo el mundo estar completamente loco; y en el acto dos, Ofelia describe su comportamiento como una “actuación realmente cómica”. 

Poco a poco, Hamlet se va perdiendo a sí mismo, de forma que al final de la obra se pregunta cuánto de la locura fingida es real y si ha perdido, tal y como hacía creer al resto, definitivamente la cabeza. 

La locura 

La decisión de Hamlet de fingir su propia locura al comienzo de la obra acaba poco a poco calando en el propio príncipe hasta que este se llega a plantear realmente su propia salud mental. Pero es que esto no acaba ahí, ya que la obra consigue que el propio espectador se plantee también cuán responsable es de su propia locura. Al fin y al cabo, Hamlet le confiesa a Rosencratz y Guildenstern que solo está loco cuando el viento sopla “norte-norte-oeste”, o lo que es lo mismo, que puede activar y desactivar su locura a placer; pero también confiesa que hirió a Laertes en un estado de demencia transitoria.  

La locura de Hamlet le exime de las responsabilidades morales de los asesinatos que ha cometido así que ¿cuán loco estaba este en realidad? 

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