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Cuándo se escribió El Lazarillo de Tormes: el fascinante debate detrás de su escritura.

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Imágen destacada - Cuándo se escribió El Lazarillo de Tormes: el fascinante debate detrás de su escritura.

Hoy en día existe un amplio consenso alrededor del hecho de que el El Lazarillo de Tormes se publicó en 1554. Sin embargo, aunque los expertos se han puesto de acuerdo en situar su escritura entre 1551 y 1553, a lo largo de la historia esto no fue siempre así.

El Lazarillo de Tormes, escrito por una figura anónima todavía no exenta de cierto misterio, es uno de los pilares de la literatura castellana y está considerada como una de las primeras novelas modernas de todos los tiempos. Reproducida, imitada y homenajeada hasta la extenuación, la obra fue un auténtico éxito desde el primer día, generando tal riqueza e interés en sus lectores que hasta alguien se atrevió a continuarla con la idea conseguir con ello más ganancias. 

Sin embargo, la obra en sí está cargada de una astucia ratera y pícara que se desvelan tras muchos años de estudio y contrastación de fuentes para conseguir separar los hechos reales (o al menos, que cuadran dentro de una cronología razonable) de las puras mentiras que sueltan por su boca personajes astutos y maliciosos cargados de embustes. Y es que cuando los analistas literarios se han puesto a desgranar la obra para conseguir ubicar correctamente el año de su escritura o al menos averiguar con cuántos años Lázaro es entregado al ciego, se han encontrado con que no se pueden fiar de los diálogos de los personajes, porque como estos mienten de una forma flagrante, la obra está plagada de anacronismos. 

Pero contextualicemos un poco la historia del joven lazarillo. El lazarillo de Tormes es una obra de picaresca, precursora del realismo literario, en la que un joven cuenta su desgraciada pero divertida vida desde que es un muchacho al servicio de un ciego malintencionado, hasta el día de su boda. Los ejemplares más antiguos que se han  recuperado son cuatro, procedentes de Burgos, Amberes, Alcalá de Henares y Medina del Campo. Sin embargo, ninguno de ellos sirve realmente para contextualizar ni datar correctamente el año en el que se escribió la obra ya que la edición de Alcalá, Burgos y Amberes proceden de ediciones perdidas y no de manuscritos; además, las ediciones de Alcalá y Amberes cuentan con la famosa segunda parte añadida a El Lazarillo de Tormes que está demostrado, no procede del autor original. 

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La complutense contiene una importante advertencia: “nuevamente impresa, corregida y de nuevo añadida en esta segunda impresión”; y, en efecto, presenta seis breves adiciones (en total unas dos mil palabras), sin duda ajenas al primer autor [...]

Los grandes analistas de literatura hispánica han realizado todo tipo de pesquisas para conseguir fechar el año de escritura de la obra basándose en hipótesis, arrancando comentarios del propio Lázaro y de los personajes y contrastándolos con hechos históricos y demográficos conocidos. 

En los 70 en España se creía que la obra había sido escrita entre 1525 y 1530. Sin embargo, muy acertadamente, autores como Francisco Rico se plantean la siguiente pregunta: ¿cómo es posible que un libro que en 1554 los editores se peleasen por publicar estuviera casi 20 años en barbecho antes de salir a la luz? 

Bajo esta premisa, se ponen a indagar. Su método es aparentemente sencillo: extraer diálogos de la obra que Lázaro o los personajes comunican como si sucediera en el presente para saber exactamente a qué presente pertenece el autor. 

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es la cronología de la propia obra. Lázaro fue a vivir con el ciego “de buen mozuelo”, cuando su hermanastro “se acabó de criar” y “supo andar”, es decir, alrededor de doce o trece años. Con el ciego pudo pasar fácilmente un año, con el mendigo 6 meses (así expresados en la obra), menos de dos con el escudero, ocho días con el fraile de la merced, cuatro meses con el buldero y cuatro años con el capellán, de quien se despediría con alrededor de los 19 años. 

Sive muy poco al alguacil, se relaciona  con una criada y se casa “el mesmo año que nuestro victorioso Emperador en esta insigne ciudad de Toledo entró y tuvo en ella Cortes y se hicieron grandes regocijos”. Es decir, con veintiuno o veintidós años. 

Esto quiere decir que durante la obra transcurren 9 años 

Lo primero que les valió como pista para fecharlo fue el comentario de la madre de Lázaro: Antona Pérez, la cual con todo el desparpajo le asegura al ciego que el padre del muchacho murió en “la de Gelves”. Ahora, mucho podría discutirse sobre a qué batalla de Gelves se refiere la señora pero con casi toda seguridad se refiere a LA expedición de don García de Toledo en 1510 donde España perdió una auténtica barbaridad de hombres (entre ellos al hijo del Duque de Alba y un tercio de las tropas cristianas). Sin embargo, tras estudiarlo con detalle queda más que claro que doña Antona Pérez, la señora, estaba muy probablemente lanzando un embuste para quedar “a bien con su honra”, ya que las fechas y los datos, simplemente no cuadran. 

Y es que Lázaro habla al final de la obra de las “cortes”. Muchos autores creen que se trata de las cortes que Carlos V llevó a cabo en 1538-39 (y no de las de 1525). Sin embargo, en la segunda parte de El Lazarillo de Tormes publicada, no lo olvidemos, también en 1554, se especifica que Lázaro se embarca en la guerra de Argel en busca de prosperidad, guerra que se llevó a cabo en 1541. Esto quiere decir que los propios coetáneos del autor situaban su “prosperidad” en 1540. 

Para que el padre de Lázaro hubiera muerto en la guerra de Gelvés, Lázaro tendría que tener al menos 31 años al final de la obra, y sabemos que lamentablemente, no es así. Así que o una de dos: o el padre de Lázaro no era tal, o no murió en la guerra de Gelvés. 

Sea como sea, es evidente que Antona Pérez, miente como una canalla. Y la obra no nos da demasiadas pistas de que está faltando a la verdad. Si partimos de la base de que los personajes pueden estar mintiendo ¿cómo podremos fechar la obra correctamente?

Ah, porque hay varias pistas que se le escaparon a este escurridizo autor. 

La primera de todas ellas es el capítulo en el que Lázaro y el escudero ven ejecutar la ley contra mendigos y vagabundos. Esta ley, que cobra vigor en 1540, no se aplica hasta 1546 en Toledo, donde supuestamente está el protagonista. Lo realmente interesante de todo ello es que Lázaro se escandaliza cuando ve cómo se aplica la ley, por lo que podemos extrapolar de ello que es uno de los primeros en presenciarla y que se trataba de un hecho inusual para el momento. Es posible por tanto que el autor haya cometido un anacronismo sobre el tema de las Cortes, pero este detalle es demasiado sutil para no ser un extraído de la realidad del momento a la hora de componer esta obra de corte realista. 

Sin embargo encontraremos un pista definitiva al principio de la obra con una de las declaraciones más famosas y populares dentro de la historia del lazarillo: el momento en el que tima al ciego. 

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“Ya iba de mi cambio aniquilada en la mitad del precio justo”, 

Aquí Lázaro emplea una expresión llena de malicia: “cambio”. El cambio nació como una forma de realizar préstamos en las ferias, pero en cuanto se popularizó esta medida la ley intervino al momento, ya que los préstamos conllevaban un beneficio para una de las partes: es decir, que cometían un pecado de usura. Tras analizarlo en 1551 salió una ley que regulaba estos cambios, prohibiendo que ninguna de las dos partes se llevase ningún provecho. Así la expresión de Lázaro conlleva una profunda retranca y es un chiste muy actual para sus coetáneos ya que si al quedarse con media blanca aniquila la moneda en la mitad del justo precio, es porque incluso en un cambio el justo precio de una blanca es simplemente una blanca: es decir, que no hay ningún provecho para el que la presta, que es el ciego.

Esto nos permite acotar mucho mejor la escritura de la obra al menos entre 1551 (cuando se popularizó el término) y 1553 (un año antes de su publicación). 

Esta hipótesis la refuerza también las lamentaciones del escudero, que a pesar de no tener dinero, afirma que cuenta con una casa en tierras poco provechosas. Sus palabras son: 

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No soy tan pobre que no tengo en mi tierra un solar de casas, que, a estar ellas en pie y bien labradas, valen dieciséis leguas de donde nací, en aquella Costanilla de Valladolid, valdrían más de doscientas veces mil maravedís, según se podrían hacer grandes y buenas. 

Sabemos que la corte del rey se trasladó de 1543 a 1559 definitivamente a Valladolid pero no fue hasta 1551 cuando surge un boom de la construcción en la zona: todos quieren vivir cerca de Su Majestad, y están dispuestos a pagar más por ello. Como curiosidad, el autor B. Benassar en su obra Valladolid au siecle d’or da testimonio que un contemporáneo del supuesto escudero pidió en total 262.500 maravedís para reformar su casa en Valladolid, por lo que los cálculos del escudero no iban tan desatinados. 

Las fechas son claras y Antona Pérez miente: el Lazarillo de Tormes no se escribió en 1529 ni mucho menos en 1533 como decían algunos autores. Sin duda el libro pasó poco tiempo en un cajón antes de ser publicado. Y por muchas mentiras, quiebros y anacronismos que introdujera el autor para despistar, creo que por fin han conseguido arrojar algo de luz a esta obra pícara, bribona, pero profundamente relevante. 

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