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Una flor

Editorial: Satori
7.5
De entre todos los escritores japoneses que alzaron sus voces contra las atrocidades de la guerra y la barbarie de la bomba atómica destaca con letras de oro el nombre de una mujer: Miyamoto Yuriko. Escritora comprometida, Yuriko describió la terrible situación de la clase trabajadora durante el periodo de capitalismo imperialista y militarismo desbocado en los años 30 del pasado siglo. Su obra es un canto a la vida y la lucha de las mujeres japonesas en el turbulento Japón de primera mitad del siglo XX, reflejando sin rencor la realidad de un país devastado que daba sus primeros pasos desde la desesperación hacia la esperanza, de la oscuridad hacia la luz. Presentamos tres relatos autobiográficos que dibujan un descarnado retrato del Japón de posguerra.

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Una flor: opinion de un libro al que hay que aproximarse con humildad para entender su belleza
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-Entonces, según tu teoría, el trabajo de nosotros los empleados de una empresa es, en una palabra, como hacer girar la rueda de un molino para que salga nuestro salario.

Ella se tomó en serio las palabras un tanto sarcásticas de él y de una manera muy sencillo contestó:

-Probablemente así es.

Un poco después retomó su expresión vivaz por naturaleza.

-Yo trabajo y me gano la vida, en realidad me sentía algo orgullosa de esto, pero empecé a sentirme insegura hace poco. Si algún día cercano publicara mi propia revista, me gustaría que tú la leyeras - dijo dirigiéndose a Oohira.

Hay gente que en el plano individual sufre una especie de desgaste al sentirse un tanto alienada en la sociedad y lo manifiesta ya sea con aspavientos o con amargura. Este desgaste se transmite de persona a persona y en la actualidad se ha generalizado hasta cierto punto. Sin duda también habrá gente a la que ese desgaste le afecte tanto que le parezca insoportable, y sienta la necesidad de descubrir algo nuevo y determinante en la vida.

En ese momento, Hiroko se sorprendió de la desolación en que se habían sumido los alrededores. El aire quemaba con el intenso calor del mediodía de agosto, los campos de cultivo y las montañas estaban envueltos en una atmósfera insoportablemente caliente. Pero en todo el pueblo no se oía un solo ruido. No había ni una sola voz que rompiera la quietud. Hiroko sintió la misma desolación en todo su cuerpo. El 15 de agosto, desde el mediodía hasta la una de la tarde, todo Japón se había quedado sin voz y en todo el país reinaba un profundo silencio.

La espantosa guerra había terminado. Toda la aldea parecía descorazonada. ¿Pero, después, cuál sería el primer pensamiento que vendría a la cabeza de los campesinos? Hiroko no pudo refrenar su interés.

- Pero tal vez tú lo sentías así en el fondo de tu corazón… Aunque en el mundo ha de haber esposas que con gusto hagan todo para sus esposos… Como es razonable que uno haga sus propias cosas, yo mismo haré las mías… Es lo que hacía en la cárcel.

Hiroko sin querer lo agarró de los hombros.

- ¡Qué cosas dices! ¿En la cárcel? ¡Es absurdo!

Yuriko Miyamoto