
Los ogros son más grandes que tú. Los ogros son más fuertes que tú. Los ogros dominan el mundo. La vida es idílica en la aldea hasta que viene de visita el señor. Porque el señor es un ogro, y los ogros dominan el mundo con su tamaño, con su fuerza, con sus apetitos. Siempre ha sido así. Es el orden natural del mundo. Y solo se come a alguien de vez en cuando. Pero Torquell, el hijo del jefe de la aldea, tiene la osadía de alzar la mano contra el hijo del señor, y así emprende un camino que lo llevará a descubrir la espantosa verdad sobre los ogros y las ciencias oscuras que les dieron el poder. Ogros es la nueva novela publicada en nuestro país de Adrian Tchaikovsky, uno de los escritores más premiados de los últimos años (con galardones como el Hugo, el British Fantasy Award o el Arthur C. Clarke, entre otros) y en uno de los favoritos de los aficionados.
Tendría que haber estado prevenida. Al fin y al cabo, Linaje ancestral me voló la cabeza hasta el punto de retenerme en las escaleras de mi gimnasio, ignorando las clases planificadas, mientras desaparecía en su magnífica narración. Y Ogros es exactamente igual.
En poco más de 160 páginas, Tchaikovsky hace lo que muchas novelas de seiscientas no logran: levantar un mundo entero, derribarlo y obligarte a mirar los restos humeantes que quedan debajo (y que provocan en ti, al terminarlo, una suerte de sensación de total impotencia que es difícil de superar). No es fantasía de evasión, no hay un villano cruel al que vencer y volver a casa con tus amigos. Es una obra incómoda, con una metáfora transparente y dolorosa que te obliga, durante esas dos horitas que le dedicas, a mirar lo que por lo general no quieres contemplar. Es ciencia ficción con dientes, distopía de fábula política que te cambiará, para siempre, una vez lo acabes.