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Los años de peregrinación del chico sin color

Editorial: Tusquets
8.5
Cuando Tsukuru Tazaki era adolescente, le gustaba sentarse en las estaciones a ver pasar los trenes. Ahora, con treinta y seis años, es un ingeniero que diseña y construye estaciones de tren, pero en el fondo no ha dejado de ver pasar los trenes. Lleva una vida holgada, tranquila, tal vez demasiado solitaria. Cuando conoce a Sara, algo se remueve en lo más profundo de su ser. Y revive, en particular, un episodio de su juventud: dieciséis años atrás, cuando iba a la universidad, el que había sido su grupo de amigos desde la adolescencia cortó, sin dar explicaciones, toda relación con él. Así empezó la peor época de su vida, hasta el punto de que acarició la idea del suicidio. ¿Ha acabado esa época? ¿Es posible que aquello le marcara más de lo que él cree? Tsukuru decide entonces ir en busca de cada uno de los miembros del grupo para averiguar la verdad. Con la pieza de Liszt titulada Los años de peregrinación como leit-motif, comenzará esa búsqueda, que le llevará a lugares tan dispares como la ciudad de Nagoya o Finlandia, o tan recónditos como algunos sentimientos. Decididamente, a Tsukuru le ha llegado la hora de subirse a un tren.

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Los años de peregrinación del chico sin color, crítica de una obra increíble
Los años de peregrinación del chico sin color, crítica de una obra increíble
Tal era la sensación de armonía. Se asemejaba a una venturosa fusión química que se hubiera producido por pura casualidad. Aunque se hubiesen reunido y preparado con sumo cuidado los mismos ingredientes, seguramente jamás habría vuelto a obtenerse el mismo resultado.

En este mundo existen colores buenos, deseables, y colores que transmiten malas vibraciones. Colores alegres y colores tristes. Hay personas con un halo intenso y otras con un halo difuso.

Mientras cavilaba sobre eso y oía el tamborileo de la lluvia en la ventana, la habitación pareció transformarse. No era el dormitorio de siempre, y parecía dotado de vida propia. En esa habitación, poco a poco, Tsukuru dejó de distinguir lo que era real de lo que no lo era. En una realidad, no le había tocado ni un pelo a Shiro. Pero en otra realidad la había violado de manera infame. Y, por más vueltas que le daba, Tsukuru no sabía en qué realidad se hallaba en ese momento.

Haruki Murakami