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Las princesas olvidadas

Editorial: Caligrama
6
Las princesas olvidadas es una novela fuerte, directa y arrolladora que nos muestra la vida de siete mujeres a las que les prometieron que un príncipe azul cumpliría todos sus deseos. Lamentablemente, la vida les tenía reservada otra sorpresa y las mujeres que se autodenominan “princesas” pronto descubrirán que solo pueden contar con sus amigas para salir adelante.

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Las princesas olvidadas, reseña de un libro sobre mujeres desengañadas
Las princesas olvidadas, reseña de un libro sobre mujeres desengañadas
José salió de la ducha y entró en la habitación, desnudo y chorreando agua. Agarraba su miembro con una mano y lo frotaba con fuerza. La grotesca barriga que ahora lucía le había arrebatado el atractivo de hacía unos años, cuando ella se sentía inclinada a quererlo. La llamó sin ningún miramiento. Casi le gritó. Amparo no tuvo más remedio que darse la vuelta para mirarlo.

– Te vas a hacer una paja – dijo, todavía somnolienta, cuando contempló la escena.

– Ven – ordenó – ¡Chúpamela!

[…]

– Voy a terminar sobre ti – dijo con un rastro de resentimiento en la voz -. Esa es la mejor ducha que nunca habrás tenido.

– Retomemos, ¿dónde estábamos? ¡Ah!, sí, ya me acuerdo.- Y volvió a repetir la última pregunta antes de que saliera Amparo.

Ahora se sentía más confiada, pero no por ello bajó la guardia. Seguía atenta y segura de lo que contestaba. Fueron unas preguntas más. En algunas ocasiones, se detenía para pensar y estructurar sus respuestas para no dejar nada en el aire y evitar malas interpretaciones.

– Una última pregunta – dijo el abogado – y con ello terminados.

Su respuesta fue en sí la más larga que había dado y tuvo que detenerse varias veces para poder organizarla y que fuera completa.

Era alta, espigada, de piernas largas y bien formadas. Eran tan largas que algunos maledicentes aseguraban que empezaban en sus hombros, aunque en realidad terminaban en un sólido y escultural trasero. Sus espectaculares senos armonizaban con los restos de su atlética apariencia, de dimensiones generosas, tersos y altos. Los que la conocían bromeaban que cuando ingresaba en una habitación, lo primero eran sus senos y después de unos minutos entraba ella.

Sobre Sabrina.

Antonio Tomasio