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La centrocampista murió al amanecer

Editorial: Libros Cúpula
5.5

Una llamada anónima advierte de que hay un cadáver en una de las torres de iluminación del estadio Vicente Calderón, que se encuentra en pleno proceso de demolición. El cuerpo sin vida corresponde a Nadia Coronado, una jugadora de veintidós años y estrella de un equipo modesto de la primera división de fútbol femenino. Todo apunta a que Nadia ha sido asesinada. La inspectora de homicidios Sol Trocás será la encargada de resolver el caso junto a la subinspectora Gemma Silom. Ambas policías no solo tendrán que averiguar quién mató a Nadia; también deberán enfrentarse a otro problema: el machismo aún existente en una parte de la sociedad.

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Daba gusto verla conducir el balón siempre con la cabeza en alto para, en el momento idóneo, no perder la ocasión de servir un pase en profundidad. Era el eje de nuestro equipo y de paso la mejor mediocentro de la Liga, pero había rechazado ofertas para fichar por clubes con más presupuesto. De haber nacido hombre, el Real Madrid o el Barcelona habrían pagado una fortuna por contar con su extraordinaria visión de juego. Pero militaba en un equipo de fútbol femenino [...]

—Ya se lo dije yo, que iba a acabar como su madre, que irse sola a Madrid sería su perdición. Aunque estaba perdida desde que comenzó a jugar al fútbol. ¿Dónde se ha visto que las mujeres correteen en pantalones cortos enseñando las piernas ante miles de personas? No me irán a decir ustedes que eso está bonito.

—En nuestro contrato no se contemplan, por ejemplo, vacaciones o la posibilidad de ser madre. No es que estemos discriminadas con respecto a los hombres y ellos ganen mucho más dinero que nosotras, es que no tenemos reconocidos derechos laborales básicos. Por no tener no tenemos ni convenio. Lo que sufrió Nadia es lo normal en el fútbol femenino.

Se dirige a la sección dedicada a ropa femenina y necesita abrirse paso entre otras mujeres para coger una rebeca de punto cuyo amplio patrón le permitirá disimular la celulitis bajo sus brazos. No tiene tiempo de buscar un pantalón que haga lo mismo con sus cartucheras[...]

—Desde que llegué a casa, tengo el culo aplastado en el sillón y no parece la mejor forma de reducir la celulitis de mis cartucheras. Así que dame un buen motivo para moverme.

Antonio Castro-Guerrero