Una llamada anónima advierte de que hay un cadáver en una de las torres de iluminación del estadio Vicente Calderón, que se encuentra en pleno proceso de demolición. El cuerpo sin vida corresponde a Nadia Coronado, una jugadora de veintidós años y estrella de un equipo modesto de la primera división de fútbol femenino. Todo apunta a que Nadia ha sido asesinada. La inspectora de homicidios Sol Trocás será la encargada de resolver el caso junto a la subinspectora Gemma Silom. Ambas policías no solo tendrán que averiguar quién mató a Nadia; también deberán enfrentarse a otro problema: el machismo aún existente en una parte de la sociedad.
Esto, sumado a los interrogatorios no oficiales y los hackers sacados de la manga en el último momento hicieron que toda la parte detectivesca de la novela se tambaleara un poco. Sin embargo, está claro que La centrocampista murió al amanecer ha sido capaz de abrirme los ojos a un mundo de desigualdades e injusticias como es el fútbol femenino al que sin duda le vendría muy bien que la gente fuese consciente de la precaria situación en la que se encuentran estas mujeres.
El libro de Antonio Castro-Guerrero es una forma estupenda de introducirse en la lectura, especialmente si te gusta el fútbol, estás interesado en el panorama de la desigualdad del fútbol femenino o disfrutas de las historias clásicas de detectives. Tras leerlo y valorarlo con sus virtudes y defectos, la sensación general que te deja en el cuerpo es positiva. Y está claro que, tras haber conocido el horror de la situación del fútbol femenino, gracias a este libro nunca lo volveré a ver con los mismos ojos.