
Es ésta una leyenda, un romance, una historia legada por el tiempo. Zamora, la bien cercada, entonarán los juglares. Pues ya sitian la ciudad el rey Sancho y sus mesnadas, prestos para la cabalgada. Y con él, sus mejores hombres; entre ellos el Campeador y un joven Álvar Fáñez que busca aún su destino. Intramuros de esa fortaleza bañada por el Duero, la decisión está tomada: no cabe la rendición. Así lo manda la infanta Urraca, siempre fiel a su hermano Alfonso.
El destino de Zamora y sus habitantes se forja, así, día a día, bajo el constante aleteo de los monstruos que sobrevuelan los bosques y se esconden tras las piedras. Pronto, el hambre, el miedo y la enfermedad se hacen más fuertes. Sin embargo, y pese a todo, queda la fortaleza de espíritu, el honor, el amor y la esperanza. Y a todo ello se aferra la galena judía Judit, siempre atenta con los pacientes, aun cuando pueda despertar la ira del Señor; Midueña, criazona de la infanta obligada a desposarse con Petro; también Elka, joven juglar sin voz que habla con el viento, y Marina, la niña de enmarañados rizos oscuros que no se doblega por nada. Ellos y muchos más serán las letras en esta historia.
Todo empieza un día de justicia… y entonces nacerá la leyenda.
Dicho esto, y porque una reseña honesta lo pide, hay un elemento que a mí personalmente me ha chirriado: la presencia de lo sobrenatural (el «Bú» que rodea a Elka y a Marina) para mí no siempre termina de encajar con el tono de rigor histórico que domina el resto de la novela. Es una decisión de la autora que entiendo y que tiene su lógica dentro del universo de la obra, pero confieso que a ratos me sacaba de la inmersión en la Semura más terrenal, la del hambre y la piedra. Soy consciente de que esto es más manía mía que defecto del libro, y habrá lectores a los que esa grieta de lo fantástico les funcione mejor que a mí.
Pero eso no empaña lo fundamental: es una novela que engancha, que entretiene y que, sobre todo, te hace mirar el romancero medieval con otros ojos. Si os interesa la novela histórica peninsular, si queréis una Urraca que no sea ni santa ni arpía, si os apetece leer sobre las mujeres y los criazones que nunca tuvieron juglar que cantara su historia, Cantigas de sangre es una apuesta segura.