Sabe cómo miramos a los chicos que se ponen enfermos: curiosos, expectantes, victoriosos. No quiere sentir que le miran así, y yo tampoco. Mi corazón se dispara como si el tiempo estuviera acelerándose dentro de mí. Respiro profundamente. Quiero que baje su ritmo. No estoy preparado para esto. No creo que nadie lo esté nunca.