¿Por qué te extrañas de ello, Menelao? ¡Tú te marchabas solo, y bajo el mismo techo se quedaban tu huésped y tu esposa! Confías, loco de ti, las tímidas palomas al gavilán, confías el redil lleno al lobo de las montañas. Ninguna culpa tiene Helena, ninguna falta comete este adúltero: él hace lo que tú y cualquier haría. Favoreces el adulterio si das ocasión y lugar a ello.
— Publio Ovidio Nason
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