“«Mucho ha hecho usted por su patria», dije, sintiendo respeto y compasión a la vez. «Ni una pizca más de lo debido, señora. Iría yo mismo si sirviera para algo, pero como no sirvo, ofrezco a mis hijos, y lo hago libremente.» Hablaba con tanta alegría y parecía tan sincero, tan contento de ofrecer todo lo que tenía, que me sentí avergonzada de mí misma. Yo había ofrecido un hombre y pensaba que era demasiado, mientras él había ofrecido cuatro sin protesta alguna”.