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Baek Sehee (Corea del Sur, 1990-2025) fue una escritora surcoreana conocida internacionalmente por Quiero morir, pero también quiero comer tteokbokki, un libro a medio camino entre la memoria personal, el ensayo íntimo y el registro terapéutico. Formada en escritura creativa y vinculada durante años al mundo editorial, convirtió su experiencia con la distimia en una obra que conectó con toda una generación de lectoras y lectores por su forma honesta, cotidiana y nada grandilocuente de hablar del malestar emocional.
Baek Sehee (Corea del Sur, 1990-2025) fue una escritora surcoreana que alcanzó proyección internacional gracias a Quiero morir, pero también quiero comer tteokbokki, una de las obras coreanas de no ficción íntima más influyentes de los últimos años. Estudió escritura creativa y trabajó durante unos cinco años en una editorial, experiencia que la situó muy cerca del mundo del libro antes de convertirse ella misma en autora.
Su escritura nace de una experiencia profundamente personal: durante aproximadamente una década recibió tratamiento psiquiátrico por distimia, también conocida como trastorno depresivo persistente. Lejos de construir un relato sensacionalista o melodramático, Baek Sehee convirtió ese proceso en el núcleo de una obra marcada por la honestidad, la vulnerabilidad y la observación minuciosa de la vida cotidiana. En Quiero morir, pero también quiero comer tteokbokki, articuló una voz capaz de hablar del sufrimiento emocional desde un lugar extraño y muy reconocible a la vez: el de quien sigue funcionando por fuera mientras por dentro lidia con el cansancio, la culpa, la ansiedad y una tristeza difícil de nombrar.
El libro, construido a partir de conversaciones con su psiquiatra y reflexiones personales, se convirtió primero en un fenómeno en Corea del Sur y después en un éxito internacional. Su recepción se explica en buena medida por la manera en que Baek Sehee consiguió poner palabras a una forma de malestar muy contemporánea: menos espectacular que la depresión representada de forma extrema, pero igualmente dolorosa y persistente. Esa combinación de fragilidad, lucidez y cercanía hizo que su obra conectara especialmente con lectoras y lectores jóvenes, que encontraron en ella una forma nueva de reconocerse.
Tras el impacto del primer libro, Baek Sehee continuó explorando este territorio en una segunda entrega, Quiero morir pero sigo queriendo comer tteokbokki, donde siguió profundizando en las contradicciones del proceso terapéutico y en la complejidad de convivir con una depresión persistente. Su obra, traducida a numerosos idiomas, consolidó su nombre como una de las voces surcoreanas contemporáneas más leídas fuera de su país dentro del ámbito de la no ficción confesional y el ensayo autobiográfico. En 2024 se informó de que el primer volumen ya se había publicado en 25 países y había superado el millón de ejemplares vendidos en todo el mundo.
A lo largo de su trayectoria, Baek Sehee destacó por un estilo sobrio, directo y profundamente humano, capaz de hablar de salud mental, autoimagen, relaciones, trabajo y soledad sin solemnidad excesiva. Su escritura no buscaba ofrecer respuestas cerradas ni fórmulas de superación, sino mostrar con una sinceridad poco frecuente cómo se vive cuando una parte de una misma quiere rendirse y otra, al mismo tiempo, todavía desea aferrarse a pequeños placeres, como un plato de tteokbokki. Su fallecimiento en octubre de 2025, a los 35 años, cerró una trayectoria breve pero muy influyente, que dejó una huella duradera en la conversación literaria y emocional de miles de lectores.
Baek Sehee (Corea del Sur, 1990-2025) fue una escritora surcoreana que alcanzó proyección internacional gracias a Quiero morir, pero también quiero comer tteokbokki, una de las obras coreanas de no ficción íntima más influyentes de los últimos años. Estudió escritura creativa y trabajó durante unos cinco años en una editorial, experiencia que la situó muy cerca del mundo del libro antes de convertirse ella misma en autora.
Su escritura nace de una experiencia profundamente personal: durante aproximadamente una década recibió tratamiento psiquiátrico por distimia, también conocida como trastorno depresivo persistente. Lejos de construir un relato sensacionalista o melodramático, Baek Sehee convirtió ese proceso en el núcleo de una obra marcada por la honestidad, la vulnerabilidad y la observación minuciosa de la vida cotidiana. En Quiero morir, pero también quiero comer tteokbokki, articuló una voz capaz de hablar del sufrimiento emocional desde un lugar extraño y muy reconocible a la vez: el de quien sigue funcionando por fuera mientras por dentro lidia con el cansancio, la culpa, la ansiedad y una tristeza difícil de nombrar.
El libro, construido a partir de conversaciones con su psiquiatra y reflexiones personales, se convirtió primero en un fenómeno en Corea del Sur y después en un éxito internacional. Su recepción se explica en buena medida por la manera en que Baek Sehee consiguió poner palabras a una forma de malestar muy contemporánea: menos espectacular que la depresión representada de forma extrema, pero igualmente dolorosa y persistente. Esa combinación de fragilidad, lucidez y cercanía hizo que su obra conectara especialmente con lectoras y lectores jóvenes, que encontraron en ella una forma nueva de reconocerse.
Tras el impacto del primer libro, Baek Sehee continuó explorando este territorio en una segunda entrega, Quiero morir pero sigo queriendo comer tteokbokki, donde siguió profundizando en las contradicciones del proceso terapéutico y en la complejidad de convivir con una depresión persistente. Su obra, traducida a numerosos idiomas, consolidó su nombre como una de las voces surcoreanas contemporáneas más leídas fuera de su país dentro del ámbito de la no ficción confesional y el ensayo autobiográfico. En 2024 se informó de que el primer volumen ya se había publicado en 25 países y había superado el millón de ejemplares vendidos en todo el mundo.
A lo largo de su trayectoria, Baek Sehee destacó por un estilo sobrio, directo y profundamente humano, capaz de hablar de salud mental, autoimagen, relaciones, trabajo y soledad sin solemnidad excesiva. Su escritura no buscaba ofrecer respuestas cerradas ni fórmulas de superación, sino mostrar con una sinceridad poco frecuente cómo se vive cuando una parte de una misma quiere rendirse y otra, al mismo tiempo, todavía desea aferrarse a pequeños placeres, como un plato de tteokbokki. Su fallecimiento en octubre de 2025, a los 35 años, cerró una trayectoria breve pero muy influyente, que dejó una huella duradera en la conversación literaria y emocional de miles de lectores.