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Temporada de melocotones, análisis del III Premio Valencia Novela Gráfica

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Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo. Do...


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Imágen destacada - Temporada de melocotones, análisis del III Premio Valencia Novela Gráfica

Temporada de melocotones es un canto a las mujeres trabajadoras, a la faena del campo y la labor completamente invisibilizada detrás de las cestas de frutas, botellas de zumo y envases de mermelada que compramos en los supermercados. A través de esta novela gráfica, Ángel Abellán y Alba Flores abren una ventana al día a día de tres generaciones de trabajadoras, mostrándonos sus miedos, luchas y problemas en forma de unas viñetas que cuentan con una simplicidad pero al mismo tiempo una fuerza apabullante. 

Y es que Temporada de melocotones no solo forma parte de la nueva colección de novelas gráficas que Andana Gráfica ha lanzado al mercado, sino que además ha ganado el III Premio Valencia Novela Gráfica. La obra, de fuerte componente autobiográfico, se basa en las vivencias de Ángel Abellán trabajando en una conservera de melocotones un verano mientras estudiaba la carrera para poder esbozar la historia de Juli, Rita y Paquita, las tres heroínas de la novela. 

Un poco más sobre la historia y el cómic de Temporada de melocotones 

Temporada de melocotones es mucho más que una novela gráfica que luche por la sororidad y el feminismo: es una obra compleja, de la que puede extraerse pequeños detalles nuevos con las sucesivas lecturas. Enclavada en un verano del 2009, la historia se aferra a la vida de tres mujeres de diferentes generaciones: Juli, Rita y  Paquita en su trabajo en una fábrica de melocotones. En un primer momento las historias de estas tres mujeres parecen completamente diferentes, pero todas guardan elementos comunes: la insatisfacción ante una vida que prometía mucho pero que las ha dejado en una posición de indefensión, la misoginia que sufren en una profesión en la que la autoridad siempre tiene un pronombre masculino o los sueños perdidos. 

De esta forma, Ángel Abellán ha empleado retazos de conversaciones y testimonios de las mujeres con las que trabajó aquel verano, así como personajes y elementos comunes (el capataz gritando a través de un megáfono para meterle prisa a la gente) para poder reconstruir la escena de la fábrica. Así, gracias a los dibujos de Alba Flores se han decidido a publicar una historia de compañerismo y sororidad cargada de claroscuros. 

Juli es una joven de la generación Z que representa lo desubicados y perdidos que se sienten los jóvenes hoy en día: después de estudiar y seguir el “camino establecido para el triunfo”, se encuentra sin fuerzas, desmotivada y aquejada por una depresión que la vuelve inactiva y le impide encontrar valor para terminar la carrera. Desesperada por hacer algo en su vida y tras varios fracasos a la hora de obtener un trabajo en cualquier parte, Juli conseguirá una plaza en una fábrica de melocotones de su pueblo. 

Allí conocerá a Rita: una de las organizadoras de planta que la pone bajo su cuidado. Rita es una mujer decidida y fuerte que a veces peca de ser demasiado cruel con todo el mundo. También se hará amiga de Paquita: una anciana con un matrimonio cruel y anticuado que no encuentra demasiada felicidad en su día a día. 

Las tres se harán amigas y se apoyarán en lo más duro de su trabajo mientras intentan encontrar un motivo cada mañana para poder levantarse y enfrentarse a su vida.  

Tres generaciones de mujeres aplastadas por la vida 

Juli, Rita y Paquita pertenecen a tres generaciones muy separadas entre sí, y la obra explota continuamente este concepto para mostrar que, a pesar de sus diferencias, las mujeres son capaces de entenderse entre ellas. Así podemos ver la diferencia en el concepto del matrimonio entre Paquita (Paquita prepara la comida y limpia la casa antes de irse a trabajar para que su marido no tenga nada que hacer y este se lo toma como algo tan natural que no se lo agradece en ni un solo momento de la obra) y Rita (esta tiene un matrimonio lleno de amor con un hombre que la quiere y le apoya). 

Asimismo, cada una de ellas se enfrenta a la vida de una forma completamente diferente: frente a la resignación con la que Paquita encara su destino (una vida sin amor, los hijos lejos y un trabajo desagradecido), Rita se enfrenta a ella con decisión y Juli con una completa desesperanza. Se puede entrever la influencia de los movimientos feministas en cada una de las mujeres y en su toma de decisiones. 

La diferencia generacional se percibe también de una forma mucho más directa, como a través de los diálogos. Una de las escenas más ilustrativas es el momento en el que Juli, Rita y Paquita discuten sobre sus series de televisión favoritas y la más joven de ellas les habla de Bojack Horseman: las otras dos mujeres no comprenden que Juli escoja como forma de evasión y entretenimiento un show de animación en el que un caballo habla de su angustia existencial. A diferencia de Rita y de Paquita, la centenial busca series con las que pueda sentirse identificada y que le aporten algo de valor intelectual a su vida, mientras que Rita o Paquita buscan puro entretenimiento o romance. 

Es fascinante cómo precisamente se muestra la angustia existencial de la generación Z a través de Juli. La chica se encuentra absolutamente desmotivada y cuenta con una autoestima por los suelos que la hace creer ser incapaz de hacer nada en la vida. Así, la obra explora en sus comienzos cómo Juli siente que no encaja en ninguna parte (ni en su casa ni en la facultad de biología) y cómo encuentra un propósito a la hora de realizar una tarea mecánica tan sencilla como el trabajo en una cinta de procesado de melocotones. Es  especialmente interesante también ver cómo Juli cuenta con una tolerancia realmente baja al fracaso y a los errores como la mayoría de la gente en su generación (se pasa la vida soñando que es una ganadora, pero carece de las fuerzas suficientes para luchar para llegar a cumplir sus sueños y luego no se responsabiliza de su propia culpa). 

Un dibujo y una colorimetría con un propósito muy claro 

No puedo decir que me apasione el dibujo de Temporada de melocotones, pero está claro que hay cierta intencionalidad detrás del mismo. Así, Alba Flores retrata la fábrica de melocotones como un enorme rectángulo de hormigón perdido en mitad de un desierto de sol abrasador, sin ni un solo elemento biológico o vivo que tranquilice al ojo. Jugando con la sinestesia que genera el color de los melocotones, el cómic transmite un calor insoportable, quizás también en parte debido al uso de una línea de contorno de poca opacidad y en ocasiones difusa. Asimismo, los tonos negros, grises, marrones y naranjas aplicados a mano alzada contribuyen a darle poca solidez a un cómic que pretende hacerte sentir tan insegura como sus protagonistas. 

Es cierto que en la primera mitad de mi lectura me costaba diferenciar a Rita y Juli dentro de la planta ya que emplean el mismo uniforme y la gorra les tapa uno de los elementos más característicos de cada una, pero en el momento en el que te empapas con su personalidad y forma de esto se solventa. Pasa algo similar con el uso del tiempo ya que las ensoñaciones de las propias protagonistas, sus vidas, pensamientos y su pasado se van superponiendo de un personaje a otro e intercalándose con el presente de forma que a veces costaba seguir la trama. 

Asimismo, la dibujante mantiene una uniformidad en la presentación de las viñetas, quizá con la intencionalidad de transmitirnos el ritmo rutinario y monótono de la vida dentro de una fábrica de melocotones, algo que logra con manifiesta profesionalidad, otorgándole a la novela gráfica de un estilo propio y muy definido. 

No todo es una misoginia flagrante 

Temporada de melocotones no es en absoluto una novela gráfica imparcial decidida a mostrarnos una realidad sesgada del mundo de las mujeres trabajadoras. Y es que los autores se han esforzado en mostrar los claroscuros tanto de los personajes masculinos como femeninos, sin ser demasiado obvios en los micro machismos presentes en la obra. 

Así veremos cómo Salim, el técnico encargado de la pasteurización, mansplainnea y se burla de Juli cuando esta le explica que gracias a su carrera, comprende el proceso que se lleva a cabo en las fábricas con los zumos. La presencia del hombre dominador y misógino queda clarísimamente representada en la imagen del capataz, que sin embargo luego dará la cara por sus trabajadoras y se enfrentará a otros como él. Así mismo, el exceso de independencia de Rita pone en peligro un matrimonio con un hombre bueno y cargado de amor simplemente por su cabezonería y terquedad. 

La obra de esta forma da un mensaje más que claro: debemos cuidarnos entre nosotros y ser amables con el prójimo independientemente del género con el que nos identifiquemos. Y es más que necesario empezar a apreciar el trabajo invisibilizado que hay detrás de los caprichos a los que sucumbimos cada día delante del lineal de un supermercado. 

Y es que Temporada de melocotones puede que no parezca una obra de gran trascendencia, pero si lugar a dudas es ese tipo de novelas gráficas que logran mostrarte una realidad que desconocías, con el poder suficiente para enseñarle algo a cualquiera. Es el típico cómic que no me extrañaría nada ver como lectura recomendada en cualquier biblioteca pública. 

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