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NOTA: 7.5

Poemas en el caos, de Milegny Castro: poesía sobre autoexigencia, amor y esperanza

La Insomne
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Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo. Do...


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Imágen destacada - Poemas en el caos, de Milegny Castro: poesía sobre autoexigencia, amor y esperanza

Hay poemarios que no nacen solo de una vocación literaria, sino de una urgencia. Poemas en el caos, de Milegny Castro, pertenece a esa estirpe de libros que cuentan la historia de una vida desde dentro. Y es que en este precioso librito con ilustraciones hechas a pluma al comienzo y al final de la obra, la autora nos invita a acompañarla por un sus luchas internas, su desesperada necesidad de vivir y ser feliz y las dificultades para conseguirlo.

Así nace Poemas en el caos: una obra con la que no me ha costado nada identificarme y que he subrayado una y otra vez, obsesionada con algunos de los poemas que más me han llegado. No tanto por lo que cuentan, sino por cómo lo hacen: desde un lugar cansado de explicarse, de justificarse ante el mundo, pero todavía aferrado a la idea —a veces mínima, a veces casi terca— de que vivir merece la pena incluso cuando todo alrededor parece desordenado.

TODO
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De dónde nace Poemas en el caos

Poemas en el caos, según confiesa la autora en el epílogo de la obra de forma breve, nace de un momento vital concreto y reconocible: un periodo de inestabilidad material, de incertidumbre y de cansancio acumulado, en el que escribir más que una elección deliberada y activa se había convertido en el ancla que le permitía sobrevivir.

Este momento vital de Milegny Castro que dio origen a los poemas marca profundamente el tono del libro y nos muestra a una joven abandonada por sí misma y por el resto que se esfuerza por salir adelante, por perdonarse a sí misma, por encarar una adultez que la aterra y un amor que, a veces parece pleno y otras veces la deja totalmente de lado. Y es que se puede sentir y experimentar el contenido como una suerte de cuaderno emocional: honesto, vulnerable, tierno y cándido, que nos habla con el mismo cariño que el de una amiga cercana cuando te escribe para decirte «no estoy bien»

TODO
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Autoexigencia, amor y vacío existencial: los temas que atraviesan Poemas en el caos.

Hay algo en Poemas en el caos que impide leerlo como una simple colección de textos breves sobre el dolor, el amor o la tristeza. Y es que, a medida que una avanza por sus páginas, lo que empieza a emerger no son solo temas, sino una forma muy concreta de estar en el mundo: agotada, hiperlúcida, permanentemente atravesada por la sensación de no estar llegando nunca a ninguna parte. Milegny Castro escribe desde ese lugar tan reconocible en el que la vida no se derrumba de golpe, sino que se desgasta poco a poco a fuerza de exigirse demasiado, de sentirse demasiado y de esperar del amor algún tipo de refugio que casi nunca termina de materializarse. Y es que se ve que vive sometida a un ritmo incesante, casi compulsivo, como una forma de no detenerse a pensar ni a sentir, algo que queda muy claro en esos poemas donde confiesa que odia los fines de semana porque el tiempo libre la obliga a enfrentarse a sus propias emociones. Detrás de esa huida constante se percibe además una clara estela de autodestrucción y perfeccionismo, la de alguien obsesionada con entenderlo todo mejor y, al mismo tiempo, con encontrarse a sí misma.

La autoexigencia es, probablemente, una de las temáticas más persistentes de todo el poemario. No aparece siempre de forma frontal, como tampoco lo hacen las grandes heridas cuando una ya ha aprendido a convivir con ellas, pero sí se filtra en esa voz que se observa sin descanso, que se enumera defectos, que se reprocha, que se analiza con una dureza que a veces parece casi insoportable. Hay en muchos de estos poemas una conciencia muy afilada de una misma, una necesidad de entenderse y de corregirse que nace de una fatiga antigua, de esa clase de cansancio que te lleva a pensar que, si fueras un poco mejor, un poco más fuerte, un poco más fácil de querer, quizá todo dolería menos. Por eso el libro conmueve tanto: porque sabe nombrar muy bien esa violencia silenciosa que a menudo ejercemos contra nosotras mismas en nombre de la mejora, de la madurez o de la supervivencia.

Pero en Poemas en el caos esa exigencia no se limita al yo aislado, sino que se enreda constantemente con la manera en que la autora vive el amor. Y aquí el amor no aparece como una experiencia ordenadora ni como una promesa de plenitud, sino como un territorio profundamente ambivalente donde el amor te trae consuelo y a la vez herida, dependencia, espera y desajuste.

Hay poemas en los que el vínculo amoroso se recuerda desde la falta (desde lo que ya no está, desde lo que pudo haber sido y no fue) y otros en los que lo amoroso adopta una forma más amplia, más difusa, casi como una necesidad desesperada de intimidad, de compañía, de complicidad cotidiana. No se echa de menos solo a una persona, sino también lo que esa persona encarnaba: la costumbre, el lenguaje compartido, la sensación de hogar, incluso la posibilidad de reconocerse a una misma en la mirada de otro.

De esta forma, Poemas en el caos termina construyendo algo más que una cartografía del dolor para ir abriendo camino. Uno que empieza en la herida, en la autoexigencia, en la tristeza y en la sensación de vacío, pero que poco a poco se desplaza hacia otro lugar, más suave, más compasivo y sobre todo, más habitable. La autora escribe sobre el amor como quien busca refugio, sobre sí misma como quien tarda mucho en aprender a tratarse con cuidado, y sobre la vida como quien, incluso en sus momentos más oscuros, no termina de renunciar a ella. Quizá por eso el poemario resulta tan bonito: porque, sin dejar de mirar de frente el cansancio, acaba abriendo espacio para la ternura, para la prioridad de una misma y para esa forma pequeña pero decisiva de esperanza que consiste, simplemente, en volver a sonreír.

TODO
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Una voz que se desdobla: la forma en que habla Poemas en el caos

Uno de los aspectos más interesantes de Poemas en el caos es la sensación de que muchos de sus textos no funcionan como piezas completamente aisladas, sino como fragmentos de una misma conversación interior. Algunos poemas parecen continuarse unos a otros, como si en realidad estuviéramos leyendo un poema mucho más largo que se ha ido quebrando, deteniendo y retomando en distintos momentos de la herida, del cansancio o de la recuperación.

De esta forma, la voz del poemario se desdobla constantemente: a veces habla desde la caída, otras desde una versión de sí misma más serena, más sabia o más compasiva. Y es precisamente ahí donde el libro encuentra una de sus formas más bonitas de decirse: no como una voz fija, sino como un yo que se rompe, se interpela y trata, poco a poco, de acompañarse a sí mismo.

Cinco partes, un solo camino: la estructura de Poemas en el caos

Aunque Poemas en el caos está dividido en cinco partes, la verdad es que la lectura del libro se percibe más bien como un único trayecto emocional que avanza poco a poco desde la herida hasta una forma más compasiva de mirarse.

Así, cada bloque se introduce con citas de películas, canciones u otros autores y funciona como una estación dentro de ese recorrido interior donde la autora va trazando a corazón abierto sus pensamientos a través de versos breves, sin rima y con una honestidad que sorprende por su desnudez emocional.

Así, la primera parte del poemario que arranca con una estrofa de la canción de «chipirón» nos habla del vacío existencial y la hiperproductividad, mientras que la segunda que toma como punto de partida una frase de la obra Las ventajas de ser un marginado de Stephen Chbosky, está más centrado en el desamor.

La tercera parte, inaugurada con una cita de Simone de Beauvoir, habla precisamente de la libertad, de la sociedad y del peso que tiene la forma en que nos perciben los demás. Así, Milegny Castro reflexiona en estos poemas sobre la importancia de mantenerse independiente, de ser honesta, de sostener la transparencia incluso cuando decir la verdad resulta incómodo, agotador o directamente doloroso, sobre todo en un mundo que ha vaciado de sentido conceptos tan grandes como el amor. La cuarta parte, abierta con la cita “soy quien soy, y eso es suficiente”, es sin duda la más introspectiva de toda la obra: en ella la autora habla de su necesidad de salvar a otros, de las muchas veces que amó y fue dejada sola, de su propia vulnerabilidad y de esa forma tan particular de conectar con otras personas rotas, como si en la herida compartida pudiera encontrarse también una forma de reconocimiento.

Y por último, la quinta parte, introducida por una cita de Barbie Premio Nobel, se centra ya de forma más clara en su propio proceso de reconstrucción, en el esfuerzo que implica seguir adelante y en esa recuperación lenta, imperfecta, de las batallas internas que han atravesado todo el poemario. Es, en cierto modo, el tramo en el que la voz deja de hablar solo desde la herida para empezar también a hacerlo desde la conciencia de lo recorrido, desde una forma de esperanza todavía frágil, pero mucho más firme.

Mi opinión de Poemas en el caos

He disfrutado mucho de este poemario, quizá porque hay algo en su manera de hablar del cansancio, del amor, de la tristeza y de la recuperación que resuena enormemente conmigo. Poemas en el caos no intenta embellecer el dolor ni convertirlo en una pose, sino que lo muestra desde un lugar frágil, directo y muy humano, y eso hace que muchos de sus poemas se queden contigo bastante tiempo después de cerrar el libro.

En mi caso, además, ha sido una lectura de esas que invitan a subrayar y a volver atrás, porque hay versos y fragmentos que te encuentran justo donde más duele. He terminado seleccionando un montón de poemas con washi tape y he destrozado el libro subrayando pasajes. Milegny, espero que no te importe, porque tu obra me ha encantado.

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