Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo. Do...
Envuelto en una preciosa cubierta de color verde jade con detalles imperiales rojos, Pies de loto te entra inmediatamente por los ojos. Y es que esta novela de Jane Yang, seleccionada como una de las mejores novelas históricas en invierno de 2025 por Bookbub y Reader's Digest, es una aproximación desde una perspectiva occidental a una práctica y tradición que aplastó los pies de las mujeres chinas durante más de 1.000 años: los pies de loto.
A través de una novela coral a dos voces en primera persona, conoceremos la historia de Pequeña Flor, una niña vendida como esclava con un increíble talento para bordar, y de Lingji, la hija mayor de una familia de la nobleza bien posicionada. A través de sus historias, la novela nos traslada la precaria situación de las mujeres del s. XIX, no importa cuál sea su origen y cuna, y nos muestra cómo, a veces, la tenacidad y el ingenio son las únicas armas que tienen para poder sobrevivir.
Argumento de Pies de loto: la historia de dos mujeres marcadas por las restricciones femeninas chinas del s.XIX
Pequeña Flor se ha esforzado toda su vida por ser obediente y buena como su madre le ha pedido. No se queja incluso cuando esta envuelve sus pies en azufre y luego se los venda con fuerza para que pueda mantener unos pies diminutos cuando crezca y acceder así a un buen matrimonio. Desgraciadamente, tras la inesperada muerte de su padre, la mujer solo encuentra una solución que le permita ganar suficiente dinero como para sobrevivir al invierno y pagar la entrada en un taller para su hijo varón: vender a su niña como esclava a una gran casa.
Así es como Pequeña Flor acabará de muizai, o esclava personal, de la señorita Linjing: una hija de la nobleza con los pies grandes, mal genio y una envidia lacerante contra su propia esclava, que marcará su vida y sus esperanzas de poder escapar de su destino y casarse, en algún momento, con alguien que llegue a apreciarla por lo que realmente es.
Contexto histórico de Pies de loto: la introducción de los occidentales en un país gobernado por la tradición
Pies de loto está ambientada en la última etapa de la dinastía Qing (1644–1911), momento en el que China empezaba a resquebrajarse bajo la presión internacional, la tensión interna, los problemas sociales, el descontrolado crecimiento demográfico y el impacto que tenía el comercio en sus costas meridionales.
Al fin y al cabo, hemos de tener en cuenta que hasta mediados del siglo XIX China limitaba el acceso comercial a los extranjeros a una única puerta de entrada fuertemente vigilada: Cantón (Guangzhou). Sin embargo, las consecuencias de las Guerras del Opio y del desmantelamiento del Sistema de Cantón provocaron que una nación orgullosa de su tradición se viera obligada a afrontar cambios profundos, tanto estructurales como sociales, que Jane Yang refleja con enorme acierto en la novela.
Cantón y la llegada de los occidentales
Nos encontramos con una sociedad que intenta modernizarse a marchas forzadas, donde la educación en lenguas occidentales —especialmente el inglés— se convierte en un valor añadido para las jóvenes casaderas, y donde la presencia de misioneros cristianos, tanto católicos como protestantes, implica la apertura de escuelas, hospitales, orfanatos y una intensa labor evangelizadora. Muchos de estos misioneros se posicionan abiertamente contra prácticas tradicionales como el vendado de pies, cuestionando valores profundamente arraigados y provocando, en no pocas ocasiones, reacciones de rechazo, resistencia e incluso violencia por parte de sectores de la población.
Este es el país en el que crecen Pequeña Flor y Linjing: una China en transición, atrapada entre la modernidad que empuja desde fuera y unas costumbres que definen su identidad desde hace siglos.
Ser mujer en la China del siglo XIX
Y, dentro de este mundo en transformación, nacer mujer tenía poco —o prácticamente nada— de ventajoso. Las mujeres vivían bajo el principio confuciano de "las tres obediencias": primero al padre, después al marido y finalmente al hijo. Sin la protección masculina, una mujer quedaba socialmente desamparada, sin posibilidades reales de seguridad económica ni de ascenso social.
En este contexto, el vendado de pies no era solo una cuestión estética, sino una auténtica moneda social. Tener unos "pies de loto" significaba belleza, prestigio y mayores opciones de matrimonio; no tenerlos podía condenar a una vida de servidumbre o pobreza. El dolor físico, la limitación de movimiento y la dependencia constante formaban parte del precio que muchas niñas pagaban para asegurar su futuro.
Así, mientras China se abre lentamente al mundo exterior y absorbe nuevas ideas sobre educación, salud y derechos, millones de mujeres siguen atrapadas en estructuras que controlan sus cuerpos y sus destinos.
Ser mujer es sacrificio: la falta de sororidad presente en las dinámicas chinas del s.XIX
Una de las cosas más evidentes que intenta realizar Jane Yang en Pies de loto, es demostrarnos que la vida no era justa para ninguna mujer, no importaba cuán "honorable" fuera su cuna.
Aquellas como Pequeña Flor, al ser degradadas al puesto de muizai, solo podían aspirar a obtener un poco provechoso matrimonio donde no importaba que el tamaño y vendado de sus pies les impidiese caminar sin dolor, estaban obligadas a realizar las tareas más pesadas del campo para la familia que la aceptara como esposa. La frontera por tanto entre mujer libre casada y esclava solo llega a desdibujarse ligeramente cuando la primera consigue darle un heredero varón a su marido.
A lo largo de la negociación con la casamentera y Pequeña Flor, veremos cómo hablan de ella en su presencia y negocian sus atributos como si no fuera más que un producto o mercancía que poder intercambiar, y tal es su desesperación que esta aceptaría hasta el puesto más vejatorio con tal de recuperar su bien más preciado: su libertad.
La vida de las mujeres nobles tampoco es algo que desear: casadas en contra de su voluntad con hombres que dictan su futuro, encerradas en vida en palacios de los que no pueden salir y confinadas en habitaciones de seda donde sus horas transcurren entre las aleatorias visitas del padre, el cuidado de los hijos que le den y el bordado, actividad que se considera el epítome de las virtudes de una dama con pies de loto.
Lo que está claro es que, al más puro modelo confuciano, las mujeres se vigilan entre ellas y no dudan a la hora de ponerse la zancadilla, movidas por la envidia de evitar que otra obtenga un trato de favor o una oportunidad que tú no. Sucede con Pequeña Flor, que destapa las envidias de las otras esclavas cuando ven que esta tiene los pies vendados desde pequeña; pero también dentro de la estricta y enfermiza jerarquía de las mujeres de la casa. Así, normalizan el hecho de que la "suegra" o Primera Dama, por haber sufrido lo indecible durante sus años como esposa, se convierta en una auténtica tirana con competencias para avasallar, humillar, poner en peligro la salud y la vida de las esposas y hasta mutilar a las esclavas de la casa.
No existe sororidad alguna en la novela, y aunque la autora busca retratar la rivalidad de Linjing y de Pequeña Flor como un desequilibrio fruto de la injusticia de las oportunidades y del miedo de la primera ante su matrimonio concertado, está claro que en la cabeza de las mujeres de todo el libro, no hay ni una sola que ayude desinteresadamente a otra (a excepción de Lluvia de Primavera que representa la resistencia subversiva de las muizai). La rabia y la frustración que estas sienten acaba transformándose siempre en una forma de maltrato a otras mujeres, buscando causar el máximo dolor permitido, ya que la esfera masculina, es decir, aquellos verdaderamente responsables de todo su dolor, están completamente fuera de su alcance.
Religión, superstición y creencias personales
Pies de loto está aderezado en la forma del comportamiento de los personajes de la superstición y la forma de vivir la religión de la China del s.XIX. De esta forma, se nos presenta una fuerte contraposición entre el dios cristiano que conocen tanto Linjing como Pequeña Flor a través de la tutora de la primera, y los dioses que pueblan los templos y las estatuas de China. Uno habla de amor, redención y matrimonio entre iguales, mientras que los otros exigen, al igual que los dioses paganos hace años, un sacrificio de sangre.
Y es que frente a un Dios occidental que entrega sin dar nada a cambio, los dioses chinos siempre exigen un regalo o un sacrificio que facilite que entreguen sus dones. Ellos son los causantes de las enfermedades, de la falta de herederos varones en la casa de Linjing y portadores de fantasmas y maldiciones si no se los aplaca correctamente.
Son representación simbólica y materializada de la esperanza de las mujeres, las cuales, sometidas a vidas de penurias, sacrificio y dolor, ven en sus ofrendas una posible vía de escape divina (ya que no existe una terrenal).
Y este escape encarga, inevitablemente, más sacrificio y dolor, que es el único lenguaje que ellas conocen y que queda perfectamente manifiesta en la declaración de la madre de Pequeña Flor cuando la insta al comienzo de la novela a "callar y obedecer para tener un día la posibilidad de ser libre".
Los pies de loto como conducto narrativo y la documentación de la obra
Es Los pies de loto una novela histórica hecha para leer rápido y preparada para el público moderno, pero no por ello denosta o descuida la parte de la documentación. Jane Yang ha confirmado en varias entrevistas realizadas que se documentó profundamente sobre el s.XIX en China y que incluyó algunas organizaciones menos conocidas como las hermandades femeninas o espacios de mujeres (por ejemplo, la sor hei) que existieron en algunas zonas del sur de China como alternativa a un matrimonio tradicional.
Asimismo, integra conceptos chinos reales (como llamar a las señoras de la casa Tai Tai o 太太, que significa señora en chino o 妈妈 para la Primera Dama) a lo largo de todo el texto, así como rituales, comida y tradiciones propias de la época. Es capaz de trasladarnos con bastante fiabilidad el sistema jerárquico que asfixiaba a las mujeres del momento y donde se dan situaciones tan poco explicables en la mente de un occidental como que la Primera Esposa sea castigada porque la segunda no puede concebir un hijo varón. Y, al mismo tiempo, nos muestra cómo la elección de no tener los pies vendados dificulta enormemente la vida de las dos muchachas en una China que valora a una mujer en función de la longitud de su empeine.
A pesar de ello, hemos de recordar que se trata de una novela de ficción histórica más que una novela histórica de per se y que, por tanto, puede haber pequeños "saltos de raccord" en el texto que, como lectores de género, no podemos más que perdonarle.
Entonces ¿merece la pena leer Pies de loto?
Pies de loto es una entrada a la novela histórica ambientada en China mucho más amable que, quizás, Viento del este, viento del oeste de Pearl S. Buck. La obra, escrita a partir de las historias con las que creció la vietnamita-australiana Jane Yang, tiene un ritmo rápido de capítulos, un carácter de evidente tono dramático y resignado y una construcción de personajes femeninos opuestos en dos esferas diferentes que nos hablan (al menos una de ellas) de la resiliencia femenina.
Es, como dijo mi querido Pedro Pablo Uceda en el podcast en el que participé con él comentando este libro, una obra de gusto anglosajón, donde las emociones y los sucesos son bastante menos enrevesados que en la literatura china tradicional y que claramente busca ensalzar la figura de los misioneros cristianos y del perdón de dios en este momento de fuerte cambio social en China.
Una historia ligera, totalmente disfrutable y que serviría de entrada a los foráneos al género para comprender un poco más sobre el pasado de este gigante apasionante en el que se ha convertido China.



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