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Camisa de fuerza, reseña del cómic de El Torres y Guillemo Sanna que te harán preguntarte el origen de la locura

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Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo....


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Imágen destacada - Camisa de fuerza, reseña del cómic de El Torres y Guillemo Sanna que te harán preguntarte el origen de la locura

¿Qué es real y qué es producto de nuestros miedos y fantasías? 

Camisa de fuerza es una novela gráfica de profunda y terrorífica maestría que juega alrededor de la idea de cuánto hay de real en el delirio psicótico o esquizofrénico de un paciente. Al igual que hizo Torcuato Luca di Tena en Los renglones torcidos de Dios, la obra sienta continuamente la pregunta en la mente del lector sobre la existencia de unos horribles monstruos que solamente una paciente esquizofrénica es capaz de ver.  

El cómic es prácticamente un corto cinematográfico, tan duro y desgarrador como potente. Publicado originalmente en forma de cuatro grapas en los EEUU bajo el nombre de Straitjacket y luego reeditado primero por Dibbuks y luego por Karras Cómics, la obra representa el cúlmen del trabajo bien hecho de un guionista del calado de El Torres y de un dibujante que, más que retratar con sus viñetas, directamente te golpea con ellas. 

Y es que Camisa de fuerza es sin duda una de las mejores obras gráficas que vais a tener el placer de olfatear, disfrutar y ver este 2021. Eso sí, os aviso: huele a insectos, goma quemada, azúcar e insanidad. Dejadme entrar por un momento en vuestro día y contaros por qué es tan espectacular.

De qué trata el cómic Camisa de fuerza 

Alexandra Wagner es una joven con un diagnóstico peculiar: su psiquiatra cree que la mujer sufre de un rarísimo trastorno llamado Síndrome de la Luna: una rara variación de la esquizofrenia que se caracteriza porque las alucinaciones son monotemáticas y siempre giran alrededor de la creencia de poder ver o hablar con seres de otras dimensiones. 

Sin embargo, el nuevo psiquiatra del hospital Mclaine no lo tiene tan claro. Para empezar, está claro que Alexandra es una joven extremadamente culta e inteligente a la que hay que sedar continuamente para mantener a raya. Además, sus delirios son siempre los mismos: ella no mató con sus propias manos a su hermano, sino que lo liberó para poder combatir a los monstruos de El Otro Lado con ella. 

Poco a poco, las ideas de Alexandra empiezan a calar en el hospital. Al fin y al cabo, Alexandra está convencida de que hay una plaga de seres invisibles que se están alimentándose de la cordura de los pacientes y sin embargo, a menudo serán los propios locos los que parecen del todo cuerdos. 

Y está claro que no le da miedo hacer sacrificios para demostrarlo. 

Es inquietante, es terrorífico, y además es perfecto

Camisa de fuerza arranca con un magnífico prólogo de Miguel Ángel Vivas (director y guionista sevillano detrás de creaciones como Vis a Vis: El Oasis, La casa de papel y Desaparecidas). Este, a diferencia de los textos que introducen otras novelas gráficas, es capaz de condensar perfectamente la esencia de Camisa de fuerza en sus preguntas retóricas, su forma de dirigirse al lector con avidez y la forma en la que pregunta, de manera descarada, por la diferencia entre el miedo y el horror. Miguel Ángel Vivas explica de una forma brillante es apenas una página por qué la novela gráfica funciona tan bien para el género de terror y recoge las primeras palabras de Alexandra Wagner en la obra para ejemplificar la diferencia tan obvia que él ve entre el miedo, el terror y el horror. Camisa de fuerza gira y pivota alrededor de los dos últimos conceptos: el pánico a lo desconocido, a ser controlados y parasitados por montruos horrendos y a no poder aferrarnos a la sólida concepción de realidad que tenemos. El miedo al cambio. 

Pero ¿cómo consigues que una novela gráfica, un cómic al fin y al cabo, sea capaz de exudar horror? La respuesta, prácticamente imposible de ejecutar, se abre ante nosotros con claridad en cuanto pasamos la primera página y nos encontramos con Alexandra Wagner, con las manos empapadas en sangre, saltándose la cuarta pared y hablando directamente al lector mientras descuartiza a su hermano. 

Y es que hay algo maníaco, intranquilizador y al mismo tiempo morboso en la protagonista. Guillermo Sanna, el espectacular dibujante detrás de esta obra, ha sabido recoger los temas que El Torres como guionista quería mostrar y les ha dado tal aspecto de palpable realidad que la lectura de la novela gráfica parece más bien un storyboard bien trabajado que un cómic. Así, genera rostros reales y profundamente expresivos que se mueven con la naturalidad de una actriz altamente cualificada. Saltan fuera de las viñetas, se acercan y te observan con una sonrisa, se muerden las uñas, se aburren y se estiran y rascan como un interlocutor real. El espectacular trabajo de dibujo de rostros de Guillermo Sanna consigue que Alexandra se convierta en alguien palpable y real para el lector, de forma que cuando esta se vuelve a la cámara, con una sonrisa de oreja a oreja y el distintivo sanpaku inferior, un escalofrío te recorre como lector. Y es que hay malicia en este cómic, al igual que en la famosa escena de la muerte de Masami en El bosque de los suicidas, ya que cada vez que Alexandra se ve abocada a matar, descuartizar o hablar de su misión y de Los que se alimentan, mira directamente a cámara. De alguna forma, se salta la cuarta pared y conecta con el lector, el cual, en lo que yo denomino la “paradoja de la paloma muerta”, se siente repugnado por lo que ve, pero no puede apartar la mirada. 

A todo esto hay que sumarle el magnífico juego cinematográfico que hace el cómic al cambiar el punto de vista a una primera persona. Y es que toda la obra está dibujado en un blanco y negro aséptico y de líneas limpias y claras que representan magníficamente bien la institución mental en la que está recluida Alexandra; pero en cuanto vemos las cosas desde la óptica de la protagonista todo el cuadro cambia: se plaga de rojos virulentos, garabatos y borrones y sobre todo una amalgama de figuras que se agolpan en el espacio y que generan claustrofobia en el que lo lee. 

Guillermo Sannas no ha dejado nada al azar. Al igual que hizo Francis Ford Coppola en la primera película de El Padrino para restar humanidad a su personaje principal, Guillermo no desaprovecha los momentos en los que estamos dentro de la óptica de Alexandra para oscurecer y emborronar los ojos de las personas a las que está mirando (siempre y cuando estas no estén en pleno ataque de euforia). Esto contribuye sin duda a dotar la obra de una inquietante sensación de desequilibrio que alimenta las dudas sobre qué es real y qué parte del trastorno de la propia Alexandra. 

Como el cómic está dibujado en blanco y negro y es fácil perderse en los detalles, Guillermo Sannas se especializa en el trabajo de las siluetas a contraluz, generando personajes increíblemente flexibles y muy bien silueteados que nos permite reconocer su agresividad desde el otro lado de la página. Algo similar realiza en las escenas de acción, en las que destroza el tamaño estándar de las viñetas para hacer que los personajes se salgan de los límites, desordenen el plano y generen, de esta forma, un dinamismo envidiable para cualquier autor de cómic de acción. 

Bienvenido a la manifestación de tu depresión

Alexandra está convencida de que las personas que le rodean son entes parasitados por unos monstruos que funcionan con mente colmena y que se alimentan de tu cordura. Y de alguna forma retorcida, esto, en la realidad, es así. De esta forma, El Torres ha optado por representar las enfermedades y trastornos mentales más habituales que viven a costa de la salud mental de sus portadores, en forma de unos monstruos horrorosos y larvarios que viven en El Otro Lado. De una forma que representa muy bien estas afecciones, los monstruos aparecen como seres deformes y maquiavélicos, y cada uno de ellos aparece revestido con los miedos / fobias / motivo del trastorno que porta en secreto la persona. 

Al mismo tiempo, Camisa de fuerza recupera el planteamiento cartesiano sobre la duda innata en nuestra propia percepción de la realidad y nos plantea continuamente la misma pregunta: ¿está realmente loca Alexandra Wagner? ¿o tiene razón en lo que hace y dice? A pesar que todas las dudas apuntan a la segunda hipótesis, es difícil para el lector aceptar ponerse del lado de una joven que descuartizó a su propio hermano y que es propensa a una violencia desmedida. Así, los médicos que la rodean representan a la sociedad ante personajes e individuos que se salen de lo normal: están frustrados porque no encuentran un diagnóstico convincente para ella, y si no son capaces de etiquetarla rápidamente dentro de uno de sus trastornos mentales de manual, entonces solo les quedaría la opción menos deseable y placentera: preguntarse si Alexandra tiene razón. De esta forma, El Torres emplea a uno de los doctores para hacer un pequeño guiño a una de sus obras anteriores, El velo, en el cual diagnosticaban a una joven con un síndrome inventado solo para no enfrentarse al hecho de que podía estar diciendo la verdad. 

La joven loca que no deja de mirarte tampoco es que se haga de querer. Frente al ostracismo y la desesperada necesidad de los doctores (la sociedad personificada) por encasillarla, encontramos el mismo ímpetu por parte de Alexandra de que alguien, aunque solo sea una persona, llegue a comprenderla.  

Así, es extraña la forma con la que ambos autores hacen que tus emociones como lector confluyan en las de Alexandra y llegues a empatizar con ella. En cierto momento de la obra, cuando empiezan a drogarla tanto que es incapaz de mantenerse lúcida, los planos se suceden en una simetría blanca y aséptica que genera inevitablemente una paralizante sensación de aburrimiento, rutina y tristeza. Igualmente ilustrativo es cómo representan la crisis mental de la propia Alexandra, la cual cuando busca un nuevo comienzo decide raparse la mitad de la cabeza (esto se apoya en diferentes estudios que demuestran que muchas mujeres ven un cambio de peinado radical como una forma de representar su ruptura con algo de su pasado). 

Lo que está claro es que la obra está cargada de pequeñas referencias y de detalles que, aunque en un primer momento puedan parecer accidentales, no lo son en absoluto. Por ejemplo, cómo Alexandra cita al comienzo de la obra Alguien voló sobre el nido del cuco; el hecho de que los autores escogieran a mellizos para esta obra (desde la Grecia clásica ha existido el mito de que los hermanos gemelos y los mellizos tienen poderes sobrenaturales) y un sinfín de pequeños juegos de palabras que tendréis que ir descubriendo vosotros mismos.

Por si fuera poco, la obra cierra con un maravilloso texto de El Torres en el que, al igual que hizo en el primer volumen de Bribones, explica las dificultades y penurias por las que tuvieron que pasar tanto Guillermo como él para que el cómic viera la luz.  

Mi experiencia leyendo Camisa de Fuerza 

La primera vez que leí Camisa de Fuerza fue con la edición de Dibbuks. Mi pareja tenía que entrar en un local y yo decidí quedarme atrás en el coche esperándole. En mitad de la noche en una calle extraña y de mala reputación, con la lamparita titilante del interior del coche ofreciéndome poca o ninguna seguridad, decidí coger Camisa de fuerza de mi bolso y ponerme a leerlo. 

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