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Varados en el silencio

5
Tesa, fotógrafa, independiente, atractiva, rebelde, madre de dos hijas, divorciada, idea un audaz plan para desvelar los sentimientos encerrados en el silencio de los corazones de sus amantes pasados. Necesita escuchar las palabras no dichas, las dificultades no reconocidas para almacenar y confirmar su sabiduría y respirar victoriosa unos instantes que le permitan trasformar esa energía en un vuelo ajeno a cualquier conducta establecida, ser libre. Ella está segura de que los hombres se topan con techos de cristal que empequeñecen sus respuestas en la aventura de vivir y que las mujeres no tienen espejos donde mirarse para definir su ser. Ciegos, locos, cojos, mudos… todos, ellos y ellas, atrapados en un sinsentido voraz, frustrante que compone una Humanidad absurda y ajada. “Varados en el silencio” combina la historia de seis hombres que se han cruzado con Tesa en diferentes momentos de su vida. Un joven sensible, Daniel, será el cómplice de nuestra protagonista, el hilo conductor, un truco: asumirá la personalidad de otro, un hijo abandonado, para poder entrevistar y desnudar las dificultades de la masculinidad en los hombres que conforman el pasado de Tesa: ira, dolor, emociones estancadas y no enfrentadas. En el fondo, entre ellos, surge el autorretrato privado de nuestra protagonista. Una historia circular, situada en lugares que habitó en su infancia, (Biarritz, Sierra pobre de Madrid, Madrid…), individuos equivalentes que ofrecen un comportamiento aprendido, casi grabado en los genes, y una mujer que se niega a cumplir el papel de personaje secundario que se amolda a una sociedad llena de trampas emocionales que aniquilan la vida, la personalidad, convirtiendo a los vivos en muertos vivientes, ajenos a ellos mismos.

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Varados en el silencio, o cuando las sirenas arden, una reseña por Rosa Blas Traisac
Varados en el silencio, de Rosa Blas Traisac se presentará el jueves 2 de marzo
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Son, desde luego, extraños pero no infrecuentes

estos suicidios colectivos.

Los biólogos, oceanógrafos, ecologistas

nada pueden hacer por reintegrar a los cetáceos

a su hábitat, a su medio natural;

no sólo por su peso y su volumen, sino

porque están decididas —resignadas—

a morir. (Se barajan hipótesis

diferentes y contradictorias: alguna,

tal vez, resolverá el enigma).

Hay quienes atribuyen el suceso

a una avería, una desconexión

—por el momento indemostrable—

en el sofisticado sistema de radar

que utilizan en sus desplazamientos.

¡Quién sabe cuál será la causa

de esta agonía a la que yo asistí

en las arenas de Long Island!

Yo sí lo sé. Yo he descifrado

el, para los demás, indescifrable código,

—¡oh mi piedra Rosetta de estrellas y de olas!—

La Arnía

(Garcilasismo cántabro)

Al fin a vuestras manos he venido:

la luz te recortaba entre las rocas

?no quiero hablar de amor, pero en tu rostro

invoco a los dioses olvidados?.

No quiero hablar de amor, pero qué frágil

parece la memoria de este mundo

si te veo temblar en contrapposto

para mirar mejor el horizonte.

El sol alborotaba sus ígneos cristales

antes de apagar las ascuas de su ardor

en el mar humeante de su fragua.

Y no quiero hablar de amor,

pero atardece

y la luz de un faro te orla,

y es la noche

y el clamor de todas las sirenas

me arrastra a las paredes de la Arnía,

muralla que te abriga, puerto mío

frontera de tu cuerpo, bahía estrecha

do sé que he de morir tan apretado.

Varados en el silencio

Para Rosa Blas Traisac

Has lamentado la luz de los portales,

el humo, el caos, los juegos peligrosos,

las figuras de cristal

las porcelanas,

la contorsión sin tregua de cuerpos

y

cuerpos,

un fugaz sinnúmero de rostros olvidados.

Has perdido la cuenta, la razón,

la lista de propósitos de enmienda,

la leve culpa,

el grave subterfugio de la pena,

y has perdido las palabras

los papeles

la dirección

la cifra

el rumbo.

Así creció la arena a tus espaldas,

se hizo legión, desierto, océano brillante

de rocas trituradas.

Quedaste aquí, varado en el silencio de una noche

vacía de tritones y sirenas,

sin cantos de luz en los que crezcan alas,

derrotado por fin, como la vida:

ángel de baja mar y cielos anchos

sin estrellas.

Varados en el silencio, de Rosa Blas Traisac se presentará el jueves 2 de marzo

Rosa María Blas Traisac