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Las cinco espadas

7.5
Tras años de paz, nubes de tormenta se ciernen sobre Veranion. El viejo emperador de Sharpast ha muerto y su ambicioso hijo prepara sus huestes para la guerra. Sólo el último reino libre de Veranion, el pequeño estado de Sinarold, resiste al norte del Gran Muro las embestidas del poderoso ejército imperial, pero tras siglos de conflictos, Sinarold está exhausta, sola y sin recursos.

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Las cinco espadas, crítica de una novela de fantasía bélica increíble
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Lo tuvo claro desde que se cambió de ropa y no les preguntó a sus sirvientes qué era lo que ocurría; ya lo sabía él, su padre llamaba a sus hijos para que estuvieran con él en su final. ‹‹Al viejo le queda poco››.

Uno a uno, todos los defensores iban cayendo sin remedio. Los atacantes comenzaron el saqueo de la ciudad y se olvidaron de los que intentaban resistir; ahora lo único que les importaba era conseguir el mayor botín posible. Las mujeres eran violadas nada más ser atrapadas, en medio de las calles, sin pudor; las casas eran saqueadas y algunas quemadas, los hombres eran asesinados, los niños eran atrapados para luego venderlos como esclavos. Los soldados, insaciables, buscaban conseguir el mayor botín posible, llegando a pelearse a veces entre ellos, hasta el punto de acabar con la vida de algún compañero. La codicia les podía a muchos.

La táctica de los ejército de Vanion no había cambiado desde los tiempos de Ulrod: la infantería lucharía con los escudos juntos y las lanzas en ristre, hombro con hombro, formando una mole impenetrable de escudos y lanzas que serían apoyados por algunos cuerpos de arqueros, y los flancos estarían cubiertos por la caballería pesada y ligera.

La Torre de Oncrust fue construida con piedras de las canteras del Pedregal y de Heraclion en un momento en el que la Orden de Oncrust era poderosa e influyente, pero en los tiempos que corrían, la Orden había perdido gran parte de su antiguo poder.

Javier Duce Ursa

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