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La insoportable levedad del ser

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La insoportable levedad del ser es un libro magníficamente escrito, un libro existencialista (aunque su propio autor dude si clasificarlo de esta manera). Un conjunto de historias situadas en una época convulsa de la historia checa, con una serie de personajes memorables. Kundera profundiza en la personalidad de sus personajes, de manera que es imposible no empatizar con alguno de ellos.

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La insoportable levedad del ser, Análisis
La insoportable levedad del ser, Análisis
Los personajes son mis propias posibilidades que no se realizaron. Por eso les quiero por igual a todos y todos me producen el mismo pánico: cada uno de ellos ha atravesado una frontera por cuyas proximidades no hice más que pasar. Es precisamente esa frontera (la frontera tras la cual termina mi yo), la que me atrae.

Sólo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje. Lo que ocurre necesariamente, lo esperado, lo que se repite todos los días, es mudo. Sólo la casualidad nos habla. Tratamos de leer en ella como leen las gitanas las figuras formadas por el poso del café en el fondo de la taza.

- ¿Qué te pasa?

- Nada.

- ¿Qué quieres que haga por ti?

- Quiero que seas viejo. Diez años mayor. ¡Veinte años mayor!

Quería decir: Quiero que seas débil. Quiero que seas tan débil como yo.

Tenía ganas de hacer algo para que ya no le quedara escapatoria. Tenía ganas de destruir brutalmente todo el pasado de sus últimos siete años. Era el vértigo. El embriagador, el insuperable deseo de caer.

También podríamos llamarlo la borrachera de la debilidad. Uno se percata de su debilidad y no quiere luchar contra ella, sino entregarse. Está borracho de su debilidad, quiere ser aún más débil, quiere caer en medio de la plaza, ante los ojos de todos, quiere estar abajo y más abajo que abajo.

[...] Como sabemos, prefería cerrar los ojos cuando hacía el amor.

Y debido precisamente a aquellos ojos cerrados, Sabina apagó la lamparita. Ya no quería ver aquellos párpados ni un segundo más. Los ojos, como dice el proverbio, son la ventana del alma. El cuerpo de Franz, que se movía siempre encima de ella con los ojos cerrados, era para ella un cuerpo sin alma.

Milan Kundera