El joven Hyperion crece según los ideales griegos de la paideia griega: el individo se considera parte de la totalidad y unido a ella en armonía.
En sus andanzas encuentra a Alabanda, un patriota revolucionario, un hombre de acción que quiere liberar a Grecia del yugo turco (en este personaje Hölderlin encarna la filosofía de Fichte, cuyas clases había oído en Jena, del Yo que se elabora a sí mismo). Pero aunque Hyperion comparte el credo republicano de Alabanda, condena su uso de la violencia. Después se enamora de Diotima, símbolo de su unión armonizadora con la Naturaleza.