
Todos los que hemos leído Gantz, seguro que nos hemos quedado a cuadros al ver a ese “ser” al cual casi al final de la obra le da a la humanidad a modo de “Deus Ex Machina” una respuesta a muchas de las tramas que seguían abiertas en la historia. Pero seguro que eso no es nada comparado con ver cómo ese “ser” adopta diferentes formas en su rostro, pasando desde tener la cara de Gandhi hasta la de el mismísimo Hitler. Este “ser” o deidad nos da a los lectores un mensaje muy potente el cual en la obra podemos apreciar miles de escenas en las que el mensaje se ve reforzado. No somos nadie, ni mejores ni peores, simplemente somos hasta que dejamos de ser.
Y así, envueltos en un halo metafísico y con el final feliz de turno en el que Kurono y Tae se salvan de una muerte casi segura (al igual que la humanidad) acaba uno de los mangas más influyentes de la primera década del siglo XXI. Un mensaje de lleno incertidumbre, vacío y fugaz que engarza a la perfección en la obra que es Gantz. Recordad, si escucháis “Atarashii asa ga kita...” corred y ponéos el traje, que el que avisa no es traidor.