Border top left cut image
Border middle left cut image
Border bottom left cut image
Border middle right cut image
Border bottom left cut image
Logotipo de momoko.es

Buscar en Momoko

Book cover

El sueño de Newton

Editorial: Seleer
7.5
Mara es una joven investigadora que no levanta cabeza después de la muerte de su madre. Sin embargo, su vida cambiará de la noche a la mañana cuando le piden que investigue una fotografía en la que aparece una mujer con una peculiar mancha en la cara que ha sido retratada varias veces a lo largo de la historia...

Lo más leído del libro

Reseña de El sueño de Newton, el libro de Carolina Redondo
Reseña de El sueño de Newton, el libro de Carolina Redondo
Se veían a diario. Se contaban qué habían averiguado y trazaban planes de actuación. Krups carecía de nombre, de una fecha de nacimiento, de un historial médico. Recorrieron sistemáticamente todos los barrios de la ciudad, pero ningún lugar le resultaba conocido. Visitaron universidades. Introdujeron la foto de Krups en un programa de reconocimiento facial. Buscaron en “Personas desaparecidas”. Hablaron con una amiga de Mara que era policía. Les dijo lo que Krups ya sabía: no era nadie, no había registros ni huellas familiares.

-Muy bien, vamos allá, utulivu msihana, utulivu - el doctor le hizo un orte limpio y metió la mano.

La mujer gritaba y decía palabras incomprensibles.

- ¡Que no empuje! - gritó el doctor -. ¡Si kushinikiza bado!

Unas volutas de denso humo se arremolinaron alrededor de las piernas de una de las cariátides que sujetaban el segundo piso. Fuera, el viento soplaba furioso, agitando las copas de los árboles

¿De qué le servía ese don? No lo quería, así como tampoco quería los enjambres. ¿Qué eran, visiones, recuerdos? Eran imprevisibles. Lo aterraban. Lo hacían sentir vulnerable. Como si algún ser superior estuviese jugando con él. Le recordaban que en realidad no era más que un desconocido para sí mismo.

Ni las matemáticas, ni la biología servían de nada frente a su necesidad: la necesidad de olerla, de tocarla, de oír su voz. Una angustiosa obsesión por saber dónde estaba se fue apoderando de él. La ciencia ya no era capaz de responder a sus preguntas. Cuando fue consciente de ello algo acabó de romperse en su interior, como si su cordura estuviese hecha de cristal.

Carolina Redondo