—Sí, pero eso son solo palabras, señor Further —dijo acercándose aún más a su supervisor—. Si hubiese algo que yo pudiese hacer para que usted me hiciese un contrato fijo... —Bueno, yo... En aquel instante, Susan se puso de rodillas, desabrochó los pantalones del señor Further y… Salió del despacho con un contrato fijo recién firmado.
— Sergo García Esteban
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