Se veían a diario. Se contaban qué habían averiguado y trazaban planes de actuación. Krups carecía de nombre, de una fecha de nacimiento, de un historial médico. Recorrieron sistemáticamente todos los barrios de la ciudad, pero ningún lugar le resultaba conocido. Visitaron universidades. Introdujeron la foto de Krups en un programa de reconocimiento facial. Buscaron en “Personas desaparecidas”. Hablaron con una amiga de Mara que era policía. Les dijo lo que Krups ya sabía: no era nadie, no había registros ni huellas familiares.