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No te vayas (Keeping Two) de Jordan Crane: reseña y análisis profundo de la novela gráfica4

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A veces nuestra mente nos juega terribles pasadas. A veces, aunque fuera haga un sol de escándalo y la vida progrese con una calma y tranquilidad que nos induce cierto falso estado de inmortalidad, nuestras experiencias pasadas se cuelan para infundirnos todo tipo de temores y a veces, solo a veces, acabamos ocasionándonos una ansiedad sin fundamento.

Ese es el experimento que Jordan Crane (galardonado con múltiples Premios Ignatz por su serie Uptight y un Premio Xeric por Col-Dee) pone a prueba en No te vayas, una novela gráfica experimental, de dibujo sencillísimo y narativa verde e hiper compleja cuya versión preliminar de la historia, publicada originalmente de forma digital, fue nominada como Mejor Cómic Online. A través de una serie de sencillas viñetas nos cuenta la historia del miedo a perder a tu pareja mientras introduce de forma subversiva una historia paralela.

Argumento de No te vayas

Todo empieza una noche cualquiera en la que Will y Connie vuelven después de haberse pasado las últimas horas discutiendo atrapados en un terrible atasco. Cuando llegan a casa, deciden sembrar el olivo de la paz y Will le propone a Connie que vaya al supermercado a comprar algo de cena rica y a alquilar una película para ver juntos mientras él friega los platos.

Sin embargo, Connie empieza a retrasarse más de la cuenta y la imaginación apocalíptica de Will se dispara. ¿Y si le ha pasado algo?. Tampoco ayuda en absoluto que las tiendas a las que llama por teléfono no la hayan visto o que el libro que está leyendo trate sobre la separación emocional que se da entre una pareja al perder a su bebé en el parto.

Conforme pasan las horas, Will va perdiendo cada vez más la paciencia, convencido de que de alguna manera, Connie se ha marchado para siempre de su lado. Porque, si no fuera así… ¿por qué nadie sabe nada de ella?

TODO
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Un estilo visual engañosamente sencillo

Quizás lo primero que llama tu atención al ver No te vayas es su paleta visual dominada por un verde lima intenso que se contrapone al blanco de los fondos y el negro que funciona como señal inequívoca de que nos encontramos leyendo la historia del libro con la que se entretiene Will.

Este verde que inunda escenas aparentemente desapasionadas y cotidianas, está tan saturado que en lugar de transmitirte paz o esperanza (como ocurre con otros cómics que lo emplean como recurso narrativo principal, como en *La casa de las magnolias),* que acaba transmitiéndote una urgencia y una prisa que casa muy bien con los pensamientos del protagonista.

De la misma manera, Jordan Crane distribuye la acción en una serie de viñetas fijas en forma de cuadrículas donde la “realidad” vivida se enmarca en recuadros sólidos y la parte imaginada se vuelve totalmente irregular. De esta forma, el autor va saltando entre los momentos que conforman el día de Will (fregando los platos, secando la vajilla, fumando…), su pasado para que puedas comprender de dónde viene el brote de ansiedad y la discusión inicial, la historia paralela que lee en el cómic y los escenarios imaginados hasta conseguir transmitir ese flujo imparable de pensamientos autodestructivos que, sin duda, tiene el protagonista de la forma.

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Es posible que las primeras veinte páginas esto resulte confuso y te surjan preguntas evidentes como ¿son los personajes que pierden al bebé los mismos que discuten en el coche, solo que estamos siendo testigos de su pasado? ¿Por qué va saltando de pasado a presente de una forma tan errática? Sin embargo, en cuanto comprendes lo que el autor pretendía y la manera en la que nos traslada su narrativa interna (sus miedos a que Connie no vuelva) y la narrativa externa (sus intentos por distraerse que a veces, como con la lectura del libro, resultan ser improductivos). Esto condiciona, inevitablemente, a que No te vayas favorezca abordarse en una única lectura continuada o, como mucho, en dos tandas para no perder el hilo.

Nuestro ambiente nos condiciona: la tensión del día a día se suma a lo que leemos

Una de las partes más confusas y al mismo tiempo fascinantes del cómic es cómo al atasco inicial en el coche y a la discusión se le suma la dramática historia de la pareja que pierde al bebé en el parto y cómo se culpan el uno al otro. Y no es de extrañar que la lectura de la novela le afecte; al fin y al cabo, un estudio clásico liderado por el neurocientífico Gregory Berns y publicado en la revista Brain Connectivity demostró que leer una novela intensa provoca cambios medibles en la conectividad del cerebro que duran varios días.

La historia de la novela que lee Will es suficientemente compleja como para merecer incluso su propio análisis y trata temas como la falta de comunicación en la pareja, el desamor, el duelo, la pérdida y cómo las relaciones se rompen por falta de empatía. En esta novela, tras aceptar irse de viaje de negocios por una gran oportunidad que le surge durante el último trimestre del embarazo de su mujer, el hombre vuelve lo antes posible a su casa al enterarse de que ella ha dado a luz a un infante muerto.

TODO
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A partir de ahí la relación entre ambos se desmorona y, en lugar de apoyarse mutuamente, empiezan a derrumbarse de forma individual, acusándose el uno al otro, convirtiendo en responsable al contrario por su dolor y priorizando su sufrimiento por encima del de su pareja como una pareja de perfectos sociópatas.

El libro dentro del cómic acaba funcionando como un catalizador e impulsor de los miedos de Will, ya que conforme va leyéndolo acaba desencadenando sus miedos sobre las terribles catástrofes que han alejado para siempre a Connie de su vida. En No te vayas estas proyecciones mentales no son simplemente decorativas, sino que funcionan como motor de la historia y demuestran cómo nuestros miedos pueden llevarnos a distorsionar totalmente la realidad que vivimos.

A todo esto se le suman los anuncios recibidos por teléfono de la muerte del perro de la madre de Will o del hermano de Otto, demostrándonos de alguna forma que, cuando tenemos ansiedad, nuestros pensamientos buscan señales que convertir en una profecía de desgracias inminentes.

Entonces ¿de qué trata No te vayas en realidad?

No te vayas toca varios temas universales de una forma diferente y atípica. Por un lado, el más evidente es el miedo a la pérdida, pero lo hace, en mi opinión, con una perspectiva muy esclarecedora.

Primero porque te invita a reflexionar sobre lo que te dan tus seres queridos y cómo deberías valorar su presencia y atesorar cada momento que pasas con ellos en lugar de discutir por tonterías (como el tráfico) y darte cuenta, demasiado tarde, que has perdido los mejores días a su lado con momentos negativos y regañinas que nada te han aportado.

Pero al mismo tiempo nos muestra que el duelo y la pérdida es algo profundamente íntimo y privado que nadie, ni siquiera tus allegados más cercanos, alcanzarán a comprender. Para ello nos muestra cómo la muerte del hermano de Otto por culpa de una terrible enfermedad, pasa como una anécdota a contar entre Will y Connie (incluso dándole una manera de procesarlo totalmente egoísta cuando Will, en lugar de empatizar con su amigo, se preocupa por si le ocurrirá algo grave a alguien cercano debido a la “regla del tres”).

Más ilustrativa es incluso la forma en la que se toman la muerte de la mascota de su madre. A pesar de que Will habla con ella y escucha lo tremendamente devastada que está, lo mucho que luchó por salvarlo y el vacío que siente, Connie minimiza el impacto alegando que «es solo un perro», intentando descargar el drama de un momento de pérdida demoledor para su suegra.

Está claro que el anuncio de estos dos fallecimientos detona y alimenta la paranoia de Will pero ¿acaso su miedo no es algo profundamente egoísta?

TODO
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En conclusión ¿merece la pena leer No te vayas?

No te vayas es un ejercicio narrativo y visual que sin duda no deberías pasar por alto, especialmente por la manera que tiene de contar los miedos internos, los detonantes que afectan a nuestra resiliencia emocional y la manera que tenemos de tratar a nuestra pareja. Es un recordatorio de trazo sencillo y verde flúor de cómo la impermanencia del presente debería estar más presente en nuestro día a día.

Especial mención tiene el final de la novela gráfica que, sin destriparte nada ni hacerte un spoiler, te deja los pelos de punta, la respiración entrecortada y esa sensación de vacío de necesitar comparar impresiones con alguien más a tu alrededor cuando sabes que eres la única de tu entorno que se lo ha leído. Más que una historia sobre perder a alguien, es una historia sobre cómo nos perdemos a nosotros mismos cuando dejamos que la ansiedad mande.

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